Encontrar una explicación racional al comportamiento de los mercados resulta cada día más complicado. La tensión se ha agudizado esta semana después de que las infraestructuras energéticas del golfo Pérsico pasen a ser objetivo militar, intensificando la volatilidad. Desde el estallido de la guerra, la Bolsa se mueve al compás del crudo: cuando el petróleo sube, las expectativas se enfrían y la renta variable cede; cuando afloja, los parqués recuperan el aliento.
Desde el inicio de la guerra, el selectivo español cede un 9%. El bono alemán a 10 años supera el 3%, máximos de 2011
Encontrar una explicación racional al comportamiento de los mercados resulta cada día más complicado. Desde que las infraestructuras energéticas pasaran esta semana a ser objetivo militar, la volatilidad se ha intensificado. Los inversores reaccionan con brusquedad a cada titular y los precios energéticos reflejan ese nerviosismo creciente. El brent, que el jueves vivió otra jornada de fuertes oscilaciones —entre los 119 y los 108 dólares— sigue sin encontrar un rumbo claro y vuelve a aproximarse a los 110 dólares.
En las últimas tres semanas, desligar la evolución bursátil de la energía se ha vuelto imposible. Cuando el crudo sube, se desinflan las expectativas de los inversores y la renta variable cede terreno. Por el contrario, cuando los precios energéticos se moderan, los parqués respiran. Después de una mañana en la que los índices europeos amagaron con la remontada, la apertura bajista de Wall Street y el alza del crudo devuelven las pérdidas a las Bolsas. El Ibex 35 no es una excepción. Aunque durante gran parte de la jornada contó con el apoyo de la banca y las utilities, el selectivo baja más de un 1% y dice adiós a los 17.000 puntos.
Mientras tanto, la escalada bélica continúa también sobre el terreno: Irán ha intensificado los ataques contra estados del Golfo y, según informaciones de la prensa estadounidense, Estados Unidos estaría estudiando ocupar la isla de Kharg, un enclave estratégico por el que circula cerca del 90% de las exportaciones de crudo iraní. “El brent podría mantenerse al alza mientras sigan vigentes los riesgos relacionados con las infraestructuras del Golfo y el estrecho de Ormuz», advierte Charu Chanana, estratega jefe de inversiones de Saxo Markets en Singapur. En términos aún más preocupantes se expresó el presidente de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, quien advirtió en una entrevista con el Financial Times que, incluso si el conflicto terminara mañana, harían falta al menos seis meses para recuperar la actividad en el estrecho.
La incertidumbre empieza a calar entre los gestores. George Cotton, gestor de carteras en J. Safra Sarasin Sustainable AM, sostiene que “la semilla del shock inflacionario ya se ha sembrado” y que el futuro del estrecho de Ormuz “ya no está en manos de Trump”. A su juicio, el abanico de posibles escenarios se ha ampliado de forma drástica. “A pesar de los intentos por contener el precio del petróleo y tranquilizar a los mercados, las liberaciones de reservas estratégicas no han logrado calmar los ánimos, y esa es una señal preocupante. Sugiere que los inversores creen que este conflicto será más prolongado de lo que inicialmente se esperaba”, remarca.
La retórica belicista mantiene la tensión en los mercados y cada comunicado oficial provoca movimientos inmediatos. Desde el inicio de la ofensiva, los inversores han relegado a un segundo plano otras preocupaciones —como las dudas sobre la capacidad de las grandes tecnológicas para rentabilizar sus recientes inversiones— y centran la atención en el impacto del encarecimiento energético sobre la inflación. Lo que inicialmente se percibió como una operación limitada empieza a adquirir una dimensión más amplia, con un efecto creciente sobre el mercado global de la energía.
A medida que la guerra sube de tono, también lo hacen las expectativas de nuevas subidas de tipos. El presidente del Bundesbank, Joachim Nagel, advirtió en declaraciones a Bloomberg que, si las presiones sobre los precios se intensifican, el Banco Central Europeo tendría que actuar. Los analistas analizan el alcance de sus palabras y su posible impacto en la hoja de ruta del BCE. Tras estas palabras, los operadores descuentan una probabilidad cercana al 70% a un recorte de las tasas en abril. Este escenario contrasta con el vivido semanas atrás. A finales de febrero, antes del inicio de la guerra, el consenso apuntaba a un año de tipos estables.
Más comedido se muestra Carsten Brzeski, director global de macroeconomía de ING, que, si bien reconoce un cambio de tono por parte de Christine Lagarde en la rueda de prensa posterior a la reunión del BCE, cree que es pronto para hablar de una subida del precio del dinero. “Una subida de tipos no es inminente, pero el giro en el lenguaje refleja una mayor incertidumbre y pretende mostrar la voluntad del BCE de actuar si fuera necesario”, señala.
No obstante, con el conflicto lejos de remitir, los inversores empiezan a asumir el peor escenario. A medida que crecen las expectativas de nuevas subidas de tipos, las pérdidas en los mercados de deuda se aceleran. Las rentabilidades de los bonos continúan al alza, especialmente en los tramos más cortos. En lo que va de mes, la deuda alemana a dos años suma 65 puntos básicos, hasta el 2,6%. La referencia a 10 años avanza algo menos —39 puntos básicos— y supera la barrera del 3%, máximos de 2011. Mientras los vencimientos cortos reaccionan con más fuerza a los cambios en la política monetaria, los plazos más largos recogen las expectativas de inflación.
La misma tendencia se repite en el mercado estadounidense, donde los inversores dan prácticamente por descartada la continuación del ciclo de bajadas de tipos por parte de la Reserva Federal. En las últimas tres semanas, la rentabilidad del bono a dos años ha repuntado cerca de 55 puntos básicos, hasta el 3,86%, mientras que el rendimiento del bono a 10 años sube 43 puntos y supera el 4,3%.
David Rees, director de economía global de Schroders, matiza que, aunque Estados Unidos podría estar parcialmente protegido de los peores efectos del encarecimiento energético por su condición de exportador neto, también es la economía con un riesgo más elevado de que la inflación arraigue. Esa vulnerabilidad, señala, limita el margen de la Fed para relajar la política monetaria.
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