Las grandes economías del mundo ya contemplan la posibilidad de liberar más barriles de sus reservas estratégicas, cuando todavía no se han desplegado los 400 millones anunciados hace apenas dos semanas. La Agencia Internacional de la Energía (AIE), el organismo que coordina la respuesta de 32 países en materia de crisis energética, está consultando con los gobiernos de Asia y Europa sobre la liberación de más petróleo almacenado después de constatar que más de 40 instalaciones energéticas han sufrido daños “graves o muy graves” en nueve países de Oriente Próximo desde el inicio del conflicto. La reparación de estas infraestructuras llevará tiempo, lo que apunta a una interrupción prolongada de los flujos energéticos.
El organismo alerta de que más de 40 instalaciones energéticas han sufrido daños graves o muy graves desde el inicio del conflicto
Las grandes economías del mundo ya contemplan la posibilidad de liberar más barriles de sus reservas estratégicas, cuando todavía no se han desplegado los 400 millones anunciados hace apenas dos semanas. La Agencia Internacional de la Energía (AIE), el organismo que coordina la respuesta de 32 países en materia de crisis energética, está consultando con los gobiernos de Asia y Europa sobre la liberación de más petróleo almacenado después de constatar que más de 40 instalaciones energéticas han sufrido daños “graves o muy graves” en nueve países de Oriente Próximo desde el inicio del conflicto. La reparación de estas infraestructuras llevará tiempo, lo que apunta a una interrupción prolongada de los flujos energéticos.
“Si es necesario, por supuesto que lo haremos. Analizamos las condiciones, evaluamos los mercados y lo discutimos con nuestros países miembros”, ha afirmado Fatih Birol, el director ejecutivo AIE, en un encuentro con la prensa en Canberra (Australia), donde el directivo ha comenzado una gira mundial.
El pasado 11 de marzo, los países miembros de la AIE acordaron liberar 400 millones de barriles de petróleo de sus reservas estratégicas, la mayor operación coordinada de este tipo en la historia del organismo. Esa cantidad equivale en torno al 20% de sus reservas de emergencia. Sin embargo, buena parte de ese volumen aún no ha llegado al mercado, ya que su despliegue se está realizando de forma gradual y coordinada entre regiones.
La posibilidad de un segundo movimiento antes incluso de que se complete el primero refleja la magnitud de la crisis energética que afronta el mundo. El bloqueo efectivo del estrecho de Ormuz, un paso clave para el comercio energético global por el que en condiciones normales circula en torno a una quinta parte del petróleo y el gas del mundo, ha hecho saltar todas las alarmas. Y aunque el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha anunciado que pospondrá cinco días los ataques a instalaciones energéticas iraníes, las dudas sobre la escasez del oro negro se mantienen, porque incluso con la reapertura de Ormuz, los flujos todavía tardarían un tiempo en recuperarse.
La AIE ya ha calificado esta situación como la mayor interrupción de suministro en la historia del mercado petrolero. Según explicó, la crisis actual ha provocado la pérdida de 11 millones de barriles diarios de petróleo, una cifra que supera el impacto combinado que ya sufrió el mercado energético en los años setenta. “En las crisis de 1973 y 1979 se perdieron en total 10 millones de barriles diarios. Hoy estamos por encima de ese nivel”, señaló Birol la semana pasada.
El deterioro no se limita al crudo. En el mercado del gas, la interrupción también es de gran escala. La AIE estima que se han perdido 140.000 millones de metros cúbicos de suministro, entre exportaciones de gas natural licuado de Qatar y Emiratos Árabes Unidos y el consumo regional. Es una caída casi el doble de la registrada tras la invasión rusa de Ucrania, que ya supuso una sacudida histórica para el sistema energético global.
El bloqueo del tránsito marítimo por el Estecho de Ormuz no solo afecta al petróleo y al gas, sino también a otros productos estratégicos. Por esa vía transita un tercio del comercio mundial de fertilizantes, cerca de una cuarta parte de los petroquímicos y aproximadamente la mitad del azufre global. Qatar, además, concentra cerca de un tercio de la producción mundial de helio, un insumo clave para la industria tecnológica y médica. La paralización de estos flujos introduce riesgos adicionales, desde el encarecimiento de los alimentos hasta tensiones en las cadenas industriales.
“Algunas de las arterias vitales de la economía global, como los productos petroquímicos, los fertilizantes, el azufre y el helio, ven interrumpido su comercio, lo que tendría graves consecuencias para la economía mundial”, ha advertido Birol.
En este contexto, la estrategia de la AIE combina medidas de oferta y de demanda. Por un lado, la liberación de reservas busca aportar liquidez al mercado y contener la escalada de precios. Por otro lado, el organismo ha instado a gobiernos, empresas y ciudadanos a reducir el consumo de petróleo mediante medidas como el teletrabajo, la reducción de los límites de velocidad o el recorte de los viajes en avión.
Sin embargo, la propia AIE reconoce los límites de estas herramientas. “Una liberación de reservas ayudará a tranquilizar a los mercados, pero esta no es la solución. Solo ayudará a mitigar el impacto en la economía”, subrayó Birol. El director del organismo insiste en que la clave sigue siendo geopolítica. La reapertura del estrecho de Ormuz es “la solución más importante” para restablecer la estabilidad de los flujos energéticos.
Mientras tanto, la presión se concentra especialmente en Asia. Birol señaló que la región de Asia-Pacífico está “en el primer lugar de la crisis”, debido a su elevada dependencia de las importaciones de petróleo y de otros productos que atraviesan el estrecho. Por ello, la AIE está intensificando sus contactos con gobiernos de la zona en busca de una respuesta coordinada. Birol llegó a afirmar que la situación actual equivale a las crisis del petróleo de los años setenta y a la crisis del gas de 2022 juntas. Un diagnóstico que resume la dimensión de un episodio que ya no se percibe como transitorio, sino como una amenaza estructural para la seguridad energética global.
En ese escenario, la posibilidad de nuevas liberaciones de crudo antes de completar reflejan que la AIE se prepara para una crisis más larga y más profunda de lo previsto inicialmente.
Feed MRSS-S Noticias
