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  Economía  La guerra de Irán, un cambio irreversible en el engranaje energético que mueve el mundo
Economía

La guerra de Irán, un cambio irreversible en el engranaje energético que mueve el mundo

12 de abril de 2026
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El grifo del petróleo del golfo Pérsico se cerró el 28 de febrero con el inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán, pero tampoco se reabrió después del anuncio de esta semana de un alto el fuego. Teherán ha demostrado al mundo que su control efectivo sobre una franja de agua de apenas 34 kilómetros de ancho puede, incluso con el país sujeto a un control aéreo total y a devastadores ataques, abrir la caja de Pandora de las crisis energéticas y económicas globales, un peligro que ha resultado ser lo bastante disuasorio como para detener de momento la arrolladora maquinaria militar de EE UU e Israel.

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 El cierre del paso de Ormuz, el segundo ‘shock’ en cuatro años tras la guerra de Ucrania, dejará secuelas a medio plazo, como un petróleo más caro, búsqueda de suministros alternativos y más electrificación  

El grifo del petróleo del golfo Pérsico se cerró el 28 de febrero con el inicio de los ataques de Estados Unidos e Israel sobre Irán, pero tampoco se reabrió después del anuncio de esta semana de un alto el fuego. Teherán ha demostrado al mundo que su control efectivo sobre una franja de agua de apenas 34 kilómetros de ancho puede, incluso con el país sujeto a un control aéreo total y a devastadores ataques, abrir la caja de Pandora de las crisis energéticas y económicas globales, un peligro que ha resultado ser lo bastante disuasorio como para detener de momento la arrolladora maquinaria militar de EE UU e Israel.

Incluso si la compleja negociación diplomática que queda por delante tiene éxito, recomponer el mapa energético mundial no será fácil. El cierre de Ormuz va a dejar profundas cicatrices en el régimen de suministro de energía de las últimas décadas: un escenario de petróleo y gas natural más caros, incluso cuando llegue la eventual paz, y la necesidad de búsqueda de nuevas fuentes de suministro para no volver a quedar al capricho de devastadores riesgos geopolíticos. Es, en este sentido, el segundo gran toque de atención en menos de un lustro. La guerra en Ucrania desencadenó la urgencia en Europa de desprenderse de la elevada dependencia del gas ruso, y la de Irán ha desvelado ahora que el mundo tampoco puede confiar en un suministro seguro de petróleo y gas desde el golfo Pérsico. Ya lo advirtió el lunes pasado la Guardia Revolucionaria iraní: “Ormuz nunca volverá a ser lo que era”. El alto el fuego implica ahora que Teherán deberá reabrir este paso marítimo, decisión necesaria para la paz. Sin embargo, su decisión previa y, sobre todo, su capacidad de cerrarlo van a dejar secuelas no solo a corto sino a medio plazo.

“Irán ha demostrado que no necesita una guerra abierta ni un cierre total y prolongado de Ormuz para generar una crisis; eso cambia de forma permanente el cálculo de riesgo del sistema energético mundial”, explica Eduardo García Castro, economista experto de Mapfre Economics. El cierre del estrecho por el que transita en torno al 20% del petróleo y el gas que se consumen en el mundo era hasta el 28 de febrero una hipotética posibilidad, y un temor atávico en los mercados de materias primas, que el ataque lanzado por EE UU e Israel convirtió en certeza.

Para García Castro, el efecto estructural más duradero del conflicto es “la normalización del uso del suministro energético como instrumento geopolítico creíble, no solo como amenaza retórica“. Y eso implica cruzar una línea capaz de desatar efectos macroeconómicos globales casi instantáneos, que se han reflejado ya en aumentos de la inflación y en problemas de abastecimiento energético en las economías asiáticas, las más dependientes de las ventas de los países del golfo Pérsico. El petróleo brent pasó de los 70 dólares a dispararse casi hasta los 120 dólares, en una escalada que habría continuado de no haber sido por el alto el fuego. “Más que ‘desatar’ una crisis energética en el sentido clásico, el conflicto ha revelado lo poco que hace falta hoy para activar una dinámica de crisis. Además, parece claro que este fenómeno puede ser fácilmente repetible, lo que es preocupante ya que cuando un sistema aprende que puede entrar en crisis con tan poco, deja de necesitar grandes shocks para volverse inestable”, añade García Castro.

Un petróleo más caro

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La guerra en Irán, unida al cierre de Ormuz, ha dinamitado las previsiones que se manejaban a principios de año de un abaratamiento del barril. El exceso de oferta era el marco en que se movía el mercado petrolero, lo que permitía esperar niveles de precios de entre 60 y 70 dólares el barril brent para este año y el próximo. Pero en el último mes y medio, el mundo se ha visto privado de un suministro de unos 20 millones de barriles diarios de petróleo y derivados. Las previsiones de los analistas, contando con que la guerra pueda concluir en unas semanas, son ahora de un crudo más caro que el previo al conflicto. La esperada reapertura de Ormuz no traerá de forma inmediata la reanudación del suministro porque será necesario reactivar la producción que se ha visto forzada a parar, reparar las instalaciones dañadas y resolver el actual embotellamiento de buques atrapados en el golfo Pérsico. “Incluso en el mejor escenario, estamos hablando de al menos otro mes de flujo muy reducido por Ormuz“, advierte Jorge Molinero, analista de Sparta.

Valla publicitaria con carteles en farsi que dicen: «El estrecho de Ormuz permanecerá cerrado. Todo el golfo Pérsico es nuestro terreno de caza», en el centro de Teherán . Vahid Salemi (AP)

Bank of America calcula que, contando con que la guerra termine a finales de abril, seguirá habiendo un déficit considerable de cuatro millones de barriles diarios en el segundo trimestre, seguido de un déficit medio de 2,5 millones de barriles al día en la segunda mitad de 2026, lo que leva su estimación media del brent para el año a los 92,5 dólares. Muy lejos de los 70 dólares previos al conflicto.

La gestora suiza J. Safra Sarasin Sustainable AM estima que el brent debería estabilizarse entre los 80 y 90 dólares hacia final de año, en un escenario base de acuerdo entre EE UU e Irán. “Incluso así, la economía global estará peor que si el conflicto no se hubiera producido. Los mercados energéticos y de materias primas sufrirán disrupciones durante meses“, explica la firma. A un escenario de capitulación del régimen iraní y de restitución al completo del tránsito por Ormuz, que supondría devolver al brent a los 65 dólares a final de año, solo le concede un 10% de probabilidades. Al escenario más extremo, de una escalada bélica, continuidad del cierre de Ormuz y daños permanentes en las infraestructuras energéticas, da un 20% de probabilidades. En tal caso, el petróleo llegaría a dispararse a los 150 dólares, estabilizándose en los 100 dólares el barril. El director ejecutivo de la Agencia Internacional de la Energía, Fatih Birol, aseguró a este periódico esta semana que el bloqueo del Estrecho es un shock energético y económico sin precedentes.

Segunda crisis energética en cuatro años

Más allá de la evolución en los próximos meses, en el medio plazo el petróleo y el gas van a incorporar una prima añadida a su precio, la correspondiente a las secuelas de un cierre de Ormuz traumático para el mercado energético. “El mercado incorpora expectativas, y este episodio eleva la probabilidad percibida de interrupciones. Eso se traduce en una prima geopolítica más alta, especialmente en el corto y medio plazo”, explica Olivia Álvarez, analista de AFI. En su opinión, y aunque el mercado pueda normalizarse si la tensión se reduce, es muy posible que el umbral de riesgo que perciben los inversores quede a un nivel más alto que antes, a lo que habrá que añadir no solo un coste más elevado para la materia prima sino también para los seguros marítimos y los fletes en la zona. “Con pocos visos de una solución definitiva al conflicto en la región que garantice una normalización de los flujos a largo plazo, probablemente este episodio va a acelerar una transición hacia nuevas rutas de suministro. Los costes de esa rediversificación introducen una prima estructural a los precios de la energía”, concluye Álvarez. Y una energía más costosa implica, como ya se ha visto tantas veces en el pasado, más inflación, menos crecimiento y, en el peor de los casos, recesión económica.

Importaciones de petróleo y gas en la eurozona (Columnas apiladas)

La escalada de precios de la energía que ha provocado el estrecho de Ormuz ha devuelto a la memoria el shock del estallido de la guerra de Ucrania en 2022. Europa rompió entonces de forma drástica con el vital suministro del gas natural ruso, iniciando un proceso que dura todavía en el que reducir su dependencia energética de Moscú. La guerra en Irán ha puesto de nuevo en evidencia cómo la geopolítica llega a convertirse en el eje sobre el que gravita la economía, aunque la dependencia energética de Europa respecto a Oriente Próximo sea mucho menor que la que había con Rusia en 2022. “El conflicto en Ormuz muestra el coste de depender de un corredor geográfico crítico, incluso cuando existen múltiples proveedores. Para la Unión Europea, refuerza la necesidad de seguir diversificando fuentes, rutas y tipos de energía, pero siendo consciente de que el riesgo ya no es solo ruso o gasista, sino sistémico y global“, añade García Castro.

Cadenas de suministro comprometidas

El Oriente Próximo de 2026 no es el mismo que el de los años setenta, se ha convertido en una fuente de suministro de materias primas a nivel global más allá del petróleo y el gas. Arabia Saudí, Catar o Emiratos Árabes Unidos son también destacados exportadores de productos del sector químico y de los metales. Es el caso de la urea, necesaria para la elaboración de fertilizantes y cuya producción en el conjunto de la región suma cerca de un tercio de las exportaciones mundiales. Oriente Próximo también es un proveedor clave de helio —un gas noble esencial para la poderosa industria de semiconductores, con Taiwán entre los países más dependientes— y tiene una cuota de producción del 15% del total sobre el aluminio y sus aleaciones, que se destinan en gran medida a la metalurgia y la construcción en Europa.

Exportaciones de Oriente Próximo (Columnas apiladas)

La dependencia directa que tiene Europa del suministro de materias primas de Oriente Próximo es limitada y la actual disrupción afecta sobre todo a Asia, aunque la menor oferta suponga un encarecimiento generalizado de precios. Pero el conflicto revela una vez más cómo Europa sigue siendo sensible a los movimientos de los precios de la energía y continúa teniendo una elevada dependencia de los combustibles fósiles. Así, más del 70% de toda la energía que consume la UE se genera a través de fuentes no renovables. El transporte consume cerca de un tercio del consumo de energía total de la UE y se nutre casi en su totalidad de la gasolina y el diésel, que se han encarecido con fuerza en las últimas semanas.

En cuanto a la electricidad, según explican los expertos de CaixaBank Research, más del 47% se genera con renovables en la UE,frente a menos del 16% con gas, o el 10% con carbón y el 23% con energía nuclear, si bien hay importantes diferencias por países, con Polonia e Italia entre los más vulnerables. “La actual coyuntura de precios energéticos elevados pone a prueba, una vez más, la resiliencia de Europa al tiempo que nos recuerda sus puntos débiles en materia de energía”, explica CaixaBank Research. “Dos crisis energéticas en menos de cinco años pueden impulsar una transición más rápida hacia un modelo energético sostenible y seguro, con diversificación de fuentes y mayor cooperación europea”, añade la firma. Además Europa afronta este verano el reto de rellenar los almacenes estratégicos de gas natural. Aún con la lección de Ucrania reciente, a la UE le ha sorprendido la guerra en Irán con un nivel de reservas bajas, en el 30%, frente al 38% de hace un año.

Para Goldman Sachs, el mejor antídoto ante crisis futuras es “electrificarlo todo”. El banco estadounidense concluye que “tras la segunda crisis energética en menos de cinco años, creemos que un efecto duradero de esta crisis energética sería la necesidad de reforzar la seguridad energética”. Un consejo del que ya parecen haberse hecho eco los consumidores europeos: ante el alza de la gasolina se están disparando las ventas de vehículos eléctricos de segunda mano en toda Europa.

La guerra de Ucrania y la espiral inflacionista que desató en Europa aún está fresca en la memoria de los consumidores y los gobiernos europeos. El conflicto en Irán y el cierre de Ormuz dejan una lección similar. Los riesgos económicos son solamente una derivada de los geopolíticos, que a su vez son el nuevo signo de los tiempos. En un mundo en proceso de desglobalización acelerado, en el que se vulnera el derecho internacional e impera la ley del más fuerte, la independencia y seguridad energéticas son una necesidad más, como una autonomía financiera o en materia de defensa que Europa está, también, intentando construir de forma acelerada. La Unión Europea se fundó para un mundo que ha dejado de existir. En su lugar, solo hay incertidumbre; la guerra en Irán es un aviso más para sobrevivir en un mundo en continua incertidumbre.

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