
Manuela Hernández trabaja limpiando edificios, una tarea que desarrolla cada día “con mucho dolor”. Entre otras dolencias, sufre tendinitis y rizartrosis, el desgaste de un cartílago de la mano. “Me duele mucho con casi todos los movimientos de mi trabajo, hasta para coger la fregona. También tengo problemas en el hombro. He llegado a ir con el brazo en cabestrillo y quitármelo para trabajar”, cuenta esta vallisoletana, que atiende a EL PAÍS junto a su marido, trabajador de la construcción. “Tiene 63 años, vértigos, problemas de cadera y le están pidiendo que suba al andamio”. Cuando se pregunta a Manuela por qué no está de baja para recuperarse, contesta: “Tengo 60 años. Imagínate que me echan a la calle, ¿qué hago? Me enfada y me frustra trabajar con dolor, pero me da miedo el despido“.

Un tercio de los empleados europeos acude enfermo a trabajar, el reverso del fenómeno sobre el que el PP ha puesto el foco esta semana, las bajas fraudulentas. Los médicos se quejan de escasez de medios para enfrentarse a ellas 
Manuela Hernández trabaja limpiando edificios, una tarea que desarrolla cada día “con mucho dolor”. Entre otras dolencias, sufre tendinitis y rizartrosis, el desgaste de un cartílago de la mano. “Me duele mucho con casi todos los movimientos de mi trabajo, hasta para coger la fregona. También tengo problemas en el hombro. He llegado a ir con el brazo en cabestrillo y quitármelo para trabajar”, cuenta esta vallisoletana, que atiende a EL PAÍS junto a su marido, trabajador de la construcción. “Tiene 63 años, vértigos, problemas de cadera y le están pidiendo que suba al andamio”. Cuando se pregunta a Manuela por qué no está de baja para recuperarse, contesta: “Tengo 60 años. Imagínate que me echan a la calle, ¿qué hago? Me enfada y me frustra trabajar con dolor, pero me da miedo el despido“.

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