Ni los inversores ni las firmas de análisis terminan de tenerlo claro. Apenas un día después de que la moderación de la inflación en EE UU reforzara la idea de que la Reserva Federal puede permitirse una pausa antes de decidir si vuelve a subir los tipos de interés, los mercados siguen oscilando entre las señales de alivio que envían los últimos datos y los riesgos que todavía amenazan las perspectivas económicas.
La toma de beneficios en la banca frustra el avance del selectivo español, mientras Wall Street mantiene el tono positivo ante la expectativa de que la Reserva Federal mantenga las tasas sin cambios en septiembre
Ni los inversores ni las firmas de análisis terminan de tenerlo claro. Apenas un día después de que la moderación de la inflación en EE UU reforzara la idea de que la Reserva Federal puede permitirse una pausa antes de decidir si vuelve a subir los tipos de interés, los mercados siguen oscilando entre las señales de alivio que envían los últimos datos y los riesgos que todavía amenazan las perspectivas económicas.
En un mercado en el que el peso de la banca es cada vez mayor, cualquier toma de beneficios se deja sentir con fuerza. La corrección de valores como Santander (-0,2%) ha terminado pesando sobre el Ibex 35, que llegó a superar durante la sesión la barrera de los 20.300 puntos, pero acabó cediendo un 0,18% y cerrando por debajo de los 20.200. El selectivo español vuelve así a quedarse a las puertas de unos máximos que se le siguen resistiendo.

Con agosto ya avanzado, la menor carga informativa y la caída de los volúmenes de negociación están dificultando que las Bolsas encuentren catalizadores suficientes para consolidarse en niveles récord. Las dudas se dejaron sentir también en Europa. Conforme avanzó la jornada, las ganancias fueron perdiendo intensidad y el Dax alemán (-0,15%), el FTSE británico (-0,56%) y el Cac francés (-0,28%) terminaron en negativo. Aunque logró cerrar con un avance del 0,18%, el Euro Stoxx 50 tampoco consiguió consolidarse en máximos. El balance, sin embargo, dista mucho de reflejar un cambio de tendencia: pese a los crecientes riesgos geopolíticos, la persistencia de la inflación y unas valoraciones cada vez más exigentes, los principales índices europeos continúan moviéndose en las inmediaciones de sus niveles más altos.
Al otro lado del Atlántico, en cambio, la renta variable estadounidense sigue mostrando una mayor fortaleza. El S&P 500 mantenía las ganancias a falta de media hora para su cierre y marcaba máximos históricos, mientras el Nasdaq avanzaba un 0,9% apoyado en la creciente convicción de que la Reserva Federal mantendrá los tipos sin cambios en septiembre.
Bajo la aparente calma de los mercados subyace una realidad mucho más compleja. Los focos de incertidumbre que han acompañado a los inversores en los últimos meses permanecen prácticamente intactos: la situación en Oriente Próximo está lejos de resolverse, los precios de la energía continúan muy por encima de los niveles previos al estallido de la guerra y los mercados aún no logran calibrar el efecto que las tensiones geopolíticas acabarán teniendo sobre la economía y las políticas de los bancos centrales. De momento, los inversores han optado por dejar esos riesgos en un segundo plano y aferrarse a las señales más favorables para seguir apostando por la renta variable pese a unas valoraciones cada vez más exigentes.
En un contexto en el que la inflación sigue siendo una de las principales amenazas para los mercados, cualquier dato que apunte a una moderación de las presiones sobre los precios se recibe con entusiasmo. Poco importa que la mejora se limite a unas décimas o que la inflación siga lejos del objetivo del 2% que persiguen los bancos centrales. Los inversores parecen dispuestos a pasar por alto esos matices y descuentan, ya que el listón para una nueva subida de tipos es hoy mucho más elevado.
Las expectativas de una subida de tipos en EE UU en septiembre siguen perdiendo fuerza. Después de que el IPC de julio apuntara a unas presiones inflacionistas contenidas, el índice de precios al productor (IPP) aportó este jueves nuevas evidencias de que la inflación no se está acelerando de forma generalizada. El indicador avanzó un 4,7% interanual en julio, frente al 5,5% registrado en junio. La reacción de los mercados fue inmediata: la probabilidad implícita de un nuevo endurecimiento monetario por parte de la Reserva Federal el próximo mes cayó al 34,4%, frente al 55% que se descontaba antes de la última reunión de la institución.
Eric Winograd, economista jefe para EE UU de Alliance Bernstein, intenta enfriar el optimismo y sostiene que los datos de inflación conocidos esta semana no inclinan la balanza ni a favor ni en contra de una nueva subida de tipos. “La decisión sigue completamente abierta”, señala. El experto recuerda que, antes de la próxima reunión, la Fed conocerá nuevas referencias clave sobre el estado de la economía, entre ellas el informe de empleo de agosto y otro dato de inflación. Además, los inversores estarán pendientes de la intervención de su presidente, Kevin Warsh, en el simposio de Jackson Hole. Aunque el responsable monetario ha reiterado que no es partidario de anticipar los próximos movimientos del banco central, los mercados confían en que sus palabras permitan calibrar mejor la dirección que seguirá la política monetaria.
Más escépticos se muestran en Generali Investments y Julius Baer. Paolo Zanghieri, economista jefe de la gestora italiana, cree que los mercados pueden estar precipitando el veredicto. A su juicio, el firme compromiso expresado por Kevin Warsh en la lucha contra la inflación y el hecho de que los precios acumulen ya cinco años por encima del objetivo del 2% justifican mantener sobre la mesa una nueva subida de tipos antes de final de año. “Nuestro escenario base es que esto suceda en diciembre, aunque la necesidad de restaurar la credibilidad podría inclinar la balanza hacia un movimiento ya en septiembre”, destaca.
Precisamente, la credibilidad de la Reserva Federal se ha convertido en una de las principales preocupaciones. El temor es que una pausa prolongada termine interpretándose como una relajación prematura en la lucha contra la inflación. Algunas señales ya apuntan en esa dirección. A finales de julio, el rendimiento de la deuda estadounidense a 30 años escaló a máximos desde 2007. Aunque las rentabilidades se han moderado en las últimas jornadas, se mantienen por encima del 5,2%. En contraste, los rendimientos de la deuda a corto plazo, más sensibles a las expectativas sobre los tipos de interés, continúan relajándose y caen por debajo del 4,2%. “La inflación de EE UU no es lo suficientemente baja para descartar una subida de tipos”, sostiene David Kohl, economista jefe de Julius Baer.
El otro gran foco de preocupación, los precios de la energía, está lejos de disiparse. Con las negociaciones entre EE UU e Irán en punto muerto, el barril de brent sigue sometido a fuertes oscilaciones y, aunque se ha relajado desde los máximos recientes, este jueves ha cerrado por encima de los 87 dólares. “Aunque los mercados parecen descontar una resolución rápida del conflicto y la normalización de los flujos energéticos, los riesgos apuntan a un encarecimiento más persistente de la energía y a mayores presiones inflacionistas a corto plazo”, advierte Elise Backman, gestora de carteras de materias primas en Wellington Management. Según sus estimaciones, incluso si el estrecho de Ormuz reabriera de inmediato, harían falta al menos cuatro meses para que la producción recuperara cerca del 80% de los niveles previos al estallido de la guerra.
Backman considera que, si las tensiones no se agravan, el Brent podría moverse durante las próximas seis semanas en una horquilla de entre 90 y 100 dólares por barril. En el escenario más adverso, marcado por una nueva escalada del conflicto, el crudo podría repuntar hasta los 110 dólares, “un umbral a partir del cual, históricamente, los mercados se han mostrado mucho más sensibles a la evolución del petróleo”.
Por ahora, los mercados siguen apostando por una Fed menos agresiva. Pero mientras el petróleo siga presionando al alza y la inflación continúe por encima del objetivo, la última palabra está lejos de estar dicha.
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