La Unión Europea y China han marcado octubre en rojo en sus calendarios. Las negociaciones están en marcha y ese mes Bruselas quiere ver “resultados tangibles” para que empiecen a resolverse los grandes desequilibrios que acumula su relación comercial con el gigante asiático. La desigualdad se observa en un solo dato: la diferencia entre las exportaciones y las importaciones es muy deficitaria, más de 370.000 millones de euros en 2025 y la certeza de que este año, al ritmo que va, todavía será mayor. La Comisión Europea viene diciendo que la negociación y el acuerdo es la prioridad: “Es la oportunidad de reforzar esta relación mediante el compromiso y el diálogo para hacerla más justa y equilibrada”, explica un portavoz. “Pero si el diálogo fracasa, actuaremos”.
La Comisión prepara un mecanismo para diversificar el origen de los proveedores en sectores críticos y un fondo de compensación para amortiguar el impacto de posibles represalias
La Unión Europea y China han marcado octubre en rojo en sus calendarios. Las negociaciones están en marcha y ese mes Bruselas quiere ver “resultados tangibles” para que empiecen a resolverse los grandes desequilibrios que acumula su relación comercial con el gigante asiático. La desigualdad se observa en un solo dato: la diferencia entre las exportaciones y las importaciones es muy deficitaria, más de 370.000 millones de euros en 2025 y la certeza de que este año, al ritmo que va, todavía será mayor. La Comisión Europea viene diciendo que la negociación y el acuerdo es la prioridad: “Es la oportunidad de reforzar esta relación mediante el compromiso y el diálogo para hacerla más justa y equilibrada”, explica un portavoz. “Pero si el diálogo fracasa, actuaremos”.
Esta última frase resume el sentir que se ha ido adueñando de Bruselas y la mayor parte de capitales durante años, a ritmo lento, como suelen suceder las cosas en la UE. “Está claro que las cosas han cambiado, ya no se aprecia tanto rechazo a tomar medidas sobre China”, analiza una fuente comunitaria. Detrás de ese cambio, hay cifras como las que daba un informe del FMI de finales de 2025, que sitúa los subsidios del gigantes asiático en el 4,5% de su PIB frente al 2,2% en la UE, o uno de junio de la OCDE, que, incluyendo subvenciones, deducciones fiscales y préstamos baratos, viene a decir que Pekín ayuda entre tres y ocho veces más según cuál sea la actividad industrial. También aparece en informes financieros, como uno de Goldman Sachs de 2025, que la moneda estaría artificialmente devaluada en torno al 25%, lo que abarata la exportación y encarece la importación.
Por eso, la Comisión anda preparando medidas para actuar si fracasan las conversaciones, medidas que, además, cuelgan del tronco común que busca asegurar la seguridad económica del continente y que ya cuenta con otras como la que plantea límites a la inversión china y exige transferencias tecnológicas, presentada en marzo, o la que lanzará en septiembre para priorizar a las empresas europeas en la contratación pública. Ya antes, en 2008, se intentó esta solución, el diálogo, que se abandonó en 2023 por falta de resultados. Ahora fuentes comunitarias admiten que desde que el Comisario de Comercio, Maros Sefcovic, se vio con el ministro del ramo, Wang Wentao, hay contactos técnicos regulares. Pero esto no ha frenado el avance del plan de contingencia. Y lo hace en una doble vía que no se excluyen entre ellas inspirándose, curiosamente, a lo que han hecho en el pasado las autoridades chinas y estadounidenses, apuntan varias fuentes de las instituciones europeas a EL PAÍS. La primera es actuar sobre herramientas legales que ya existen y encajan en las normas de la OMC: investigaciones antidumping y antisubvenciones, como la que se activó en 2023 que acabó con aranceles adicionales sobre los coches eléctricos, o activar mecanismos de salvaguarda ante incrementos grandes las importaciones de productos concretos que distorsionan el mercado interior.
En este punto hay consenso entre los socios. “Antes de activar nuevos instrumentos, deberíamos usar de manera sistemática los que ya tenemos”, apunta un veterano diplomático de la UE. Lo que sucede es que esa vía presenta obstáculos y límites. Por ejemplo, al activar los mecanismos de salvaguarda se corre el riesgo de perjudicar castigar a socios comerciales con los que se mantiene una relación equilibrada (Corea, Canadá, Japón) ya que legalmente no se puede discriminar por países. El otro está en las bases de datos de la propia Comisión Europea. Sobre China se han abierto decenas de investigaciones cada año (79 en 2022, 82 en 2023 y 85 en 2024), casi el 60% de todas las puestas en marcha.
Por eso, Bruselas también trabaja en nuevas herramientas legales, principalmente en dos. Una sigue el principio que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, lleva años repitiendo sobre China: reducir los riesgos de una dependencia alta de sus suministros, no prescindir de ellos (“Derisking, no decoupling”, resume ella en inglés). Se trataría de obligar o incentivar a empresas, sectores y países a diversificar el origen de sus proveedores en puntos críticos de las cadenas de valor. Una medida así, en teoría, no tiene objetivo explícito, pero la hegemonía china en algunos de esos puntos es tan grande que no se precisa decirlo.
La otra pasa por crear un fondo o mecanismo de compensación por si China responde y golpea a países de forma desigual o a sectores concretos, explican tres fuentes comunitarias a este diario. El objetivo es mantener la cohesión interna a través de la solidaridad entre los socios. La Comisión sabe que hay Estados miembros muy reacios a tomar medidas sobre Pekín −España es probablemente el más reticente− por miedo a las consecuencias. Por eso, está planteándose esta salida que ya operó en el pasado, en momentos difíciles, como las negociaciones del Brexit. No hay más detalles, explican esas fuentes, que también retrasan la presentación de estas nuevas herramientas legales hasta finales de año.
Desde el Ejecutivo de la UE no comentan todos estos elementos, pero recuerdan las declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, en junio al acabar el último Consejo Europeo: “Seguiremos protegiendo nuestro mercado frente a las prácticas desleales. Europa ha creado herramientas en los últimos años. Ahora debemos usarlas de manera más proactiva”. Y subrayan que la política alemana adelantó que iba a ampliar el arsenal de defensa: “La Comisión trabajará en nuevas herramientas, como un instrumento de diversificación”.
“La Comisión se ha dado de plazo hasta octubre para lograr resultados tangibles. Pero va a ser muy difícil, porque sabemos, por la confrontación comercial entre China y Estados Unidos que Pekín responderá agresivamente”, opina Jakob F. Kirkegaard, investigador de Bruegel, el principal instituto de análisis de la capital de la UE. “Tiene la capacidad de hacerlo, con minerales críticos y por otros medios. Lo vimos inmediatamente cuando la UE sancionó a esas 14 empresas chinas por sus vínculos con Rusia: tomaron represalias de inmediato. Desde el punto de vista de la UE, solo cabe esperar que, en última instancia, los chinos crean que el acceso continuo al mercado europeo es tan importante para ellos que estén dispuestos a hacer algunas concesiones”.
Desde el Centro para la Reforma Europea (CER, por sus siglas en inglés), su economista jefe, Sander Tordoir, explica que buena parte de las medidas que se plantean “son reformas sensatas, pero solo tiene sentido si se está dispuesto a utilizarlas”. El cree que Pekín, como en el pasado con las anteriores conversaciones, “está aplicando una táctica dilatoria, al tiempo que gana cuota de mercado con el fin de crear un grupo adicto a sus productos más baratos que se oponga a cualquier nueva medida, en detrimento de los productores de la UE”. Este investigador publicó en mayo un informe sobre el impacto que puede tener sobre la industria alemana el empuje actual de las exportaciones manufactureras chinas. Informes como este y las perspectivas futuras del sector del automóvil han llevado a cambios muy significativos en los últimos meses en el Gobierno de Berlín. Sin ir más lejos, el consejero delegado del grupo Volkswagen, con bastante inversiones en China, llegó a pedir aranceles para los coches híbridos enchufables procedentes del gigante exportador en lo que es un giro radical respecto de hace solo dos años cuando se impusieron tasa adicionales a los vehículos eléctricos.
Tordoir conoce algunas de las reformas que baraja Bruselas, pero él cree que sería más eficaz un instrumento como el que tiene Estados Unidos, la conocida como sección 301, “que permite a Washington investigar un amplio abanico de prácticas extranjeras consideradas discriminatorias, incluso cuando no se ajustan estrictamente a la jurisprudencia de la OMC”. No obstante, como ha quedado claro con la Administración de Donald Trump, un vehículo así puede utilizarse de forma bastante arbitraria.
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