Si para muchos españoles tener una piscina en casa ya es un lujo, a los ricos parece que les sabe a poco. Dentro de las comodidades que ofrecen los nuevos edificios de ultralujo en Madrid, las piletas han pasado a un segundo plano, son un elemento que se da por hecho o, incluso, se prescinde de ellas para dejar espacio a otros amenities, término que se usa en el sector inmobiliario para referirse a los servicios comunes de un edificio. En unos años en los que ya no es descabellado hablar de 20.000 euros por metro cuadrado, e incluso 30.000 euros en ciertos proyectos singulares, en las zonas más prémium de la ciudad, los productos a la venta se han ido refinando y adecuándose a los gustos de los compradores extranjeros que han puesto sus ojos en la capital.
De la pinacoteca a la cámara de crioterapia en las mansiones
El equipamiento de las mansiones en España cambia según la edad de quien las habite, recoge un informe de la aseguradora Hiscox. Mientras los boomers buscan hueco para sus colecciones de arte y un lugar para guardar las joyas de la familia, las generaciones más jóvenes transforman sus casas en centros de bienestar, con cámara de crioterapia incluida. “Hoy en día, es extraña la vivienda que no tiene una habitación dedicada al gimnasio con máquinas de última generación”, asegura Eva Peribáñez, directora de arte y clientes privados de Hiscox España. “Se ha pasado a que lucir lo que se tiene sea lo que da la posición social”, sostiene. Y pone como ejemplo los ascensores que permiten presumir de coche en el salón de la vivienda.
La llegada a Madrid de clientes internacionales impulsa la creación de más servicios en las viviendas. Los espacios
de bienestar, entre las ‘amenities’ más populares
Si para muchos españoles tener una piscina en casa ya es un lujo, a los ricos parece que les sabe a poco. Dentro de las comodidades que ofrecen los nuevos edificios de ultralujo en Madrid, las piletas han pasado a un segundo plano, son un elemento que se da por hecho o, incluso, se prescinde de ellas para dejar espacio a otros amenities, término que se usa en el sector inmobiliario para referirse a los servicios comunes de un edificio. En unos años en los que ya no es descabellado hablar de 20.000 euros por metro cuadrado, e incluso 30.000 euros en ciertos proyectos singulares, en las zonas más prémium de la ciudad, los productos a la venta se han ido refinando y adecuándose a los gustos de los compradores extranjeros que han puesto sus ojos en la capital.
En esa evolución de la oferta se enmarca la tendencia por tener cada vez más amenities a disposición del dueño de un piso. Sin embargo, también hay quien considera que no es más que otra estrategia de venta que ayuda a elevar, aún más, unos precios que no paran de subir, aunque empiezan a mostrar síntomas de moderación.
Natalia Pérez, consultora sénior de Knight Frank, explica que es una tendencia que ha llegado en los últimos años de la mano principalmente de compradores latinoamericanos y, en menor medida, estadounidenses, “que demandan las mismas comodidades que tienen en sus países”.
Una visión que comparte Álvaro González, consejero delegado de Spain Sotheby’s International Realty, cuando señala que el 90% de los compradores de este tipo de producto inmobiliario son extranjeros. “Y, a veces, algunos empresarios nacionales con mucho éxito, o de provincias”, pero aún no “el madrileño de toda la vida”. Sin embargo, Pérez cifra en “un 50% internacional, 50% nacional” al referirse al perfil del comprador. “El español se ha sofisticado muchísimo en los últimos años y lo demanda también. En un proyecto high end (gama alta) cuyo metro cuadrado tenga un precio elevado, pregunta por las amenities. Si no hay, no paga esas cantidades”. Poder incrementar el precio y mejorar sus expectativas de ventas son dos de las razones que, según González, han llevado a que los promotores “metan estas amenities a la hora de rehabilitar edificios clásicos de Madrid”.
Por su parte, Beltrán Soto, director de Messer Living, comenta que los primeros promotores que “se atrevieron” a enfocarse en este producto fueron los internacionales. “Los españoles tenían un poco de miedo, porque no estaban acostumbrados a tanto peso de estos espacios comunes. No es solo lo que tenían que invertir para construirlos, también los metros cuadrados que debían sacrificar de los destinados a vivienda”. Dicho sacrificio conllevaba “menos pisos, pero de mayor calidad y con un incremento del precio por metro cuadrado”.
Evolución
El sector ha ido evolucionando, sostiene Soto, y hoy en día no hay ningún proyecto de obra nueva de cierto nivel que no venga con amenities. “Y no estamos hablando de los de ultralujo, también hay edificios que rondan los 14.000 euros por metro cuadrado en zonas del centro que tienen espacios comunes”. Los primeros, describe el director de Messer Living, fueron la piscina interior y una sala de gimnasio con varias máquinas. “Conforme ha ido evolucionando el modelo, ahora eso se ha convertido en un estándar. Comercialmente tienen cada vez más peso, por lo que los promotores se han tenido que poner más creativos con estos espacios”.

Ahora, en los catálogos de venta de los edificios se ven recreaciones de bodegas, coctelerías, salones para comidas privadas, salas para hacer yoga o pilates, soláriums en azoteas con barras de bar, bibliotecas y salones de peluquería. Y no suele faltar una zona de spa que, dependiendo del espacio, puede albergar baño turco, jacuzzi, piscinas de inmersión y salas de masajes. “Me he dado cuenta de que el lujo antes era llevar un bolso de una marca cara y hoy en día es el bienestar. Ahora la piscina, que no utilizaba nadie, se ha convertido en una zona wellness con todo tipo de servicios para el descanso y la relajación. Hay proyectos en los que veo plantas enteras dedicadas solo a esto. Es lo que más se demanda”, relata Natalia Pérez, responsable de la comercialización de un edificio con amenities en la calle Santa Catalina, 5, de Madrid.
Una demanda que concuerda con las conclusiones de un reciente informe de Sotheby’s International Realty, en el que se destacaba la creciente influencia de la longevidad y el bienestar en las decisiones de compra de los grandes patrimonios. Sin embargo, el consejero delegado de la consultora inmobiliaria en España muestra cierto escepticismo sobre los amenities, a los que califica como “elementos comerciales, para vestir el inmueble”, pero de los que se hace un uso limitado. “En América están acostumbrados a hacer vida dentro de un condominio o de un edificio por temas de seguridad. Cuando los latinos llegan aquí, se compran una casa en Lagasca, ven que tienen el parque del Retiro al lado y que pueden salir y hacer ejercicio allí, en lugar de en un gimnasio sin ventanas, porque el edificio no da más posibilidades”.
Servicios a la carta
En estos proyectos inmobiliarios con tanto peso de zonas comunes, el reto principal, según Beltrán Soto, es una “gestión residencial” que vaya más allá de la que hace un “administrador de fincas habitual”. “Se requiere más sofisticación para dar el servicio y que se puedan aprovechar esos espacios”. Una “necesidad” que está detrás del nacimiento de la rama living de Messer, firma que llevaba años trabajando en la conceptualización, posicionamiento y desarrollo de marcas para activos residenciales. Soto compara al residencial manager con la figura de un director de un hotel boutique, que esté pendiente de todos los detalles, desde el uniforme del portero hasta avisar si se estropea la sauna. La empresa ofrece, además, un catálogo de servicios a la carta que el dueño de la vivienda puede contratar, desde un corte de pelo o un masaje sin salir del edificio hasta que le tengan la nevera llena cuando llegue a casa.
Para los ricos internacionales que compran casa en Madrid, este tipo de facilidades y de amenities suelen ser algo común en su día a día en otros países, por lo que también están acostumbrados al desembolso mensual de unos gastos de comunidad que pueden llegar a ser de varios miles de euros. No obstante, aseguran fuentes del sector, al español aún le cuesta hacerse a la idea. “Es lo primero que preguntan cuando se interesan por un edificio de este tipo”, expone Soto. Mientras que Pérez afirma que “hasta el español es consciente de que no va a pagar menos de 1.000 euros al mes”. Y que mientras que a aquellos que adquieren un inmueble por un precio que ronda el millón de euros “les cuesta muchísimo”, los que desembolsan “de tres millones de euros para arriba lo dan por hecho”.
González, por su parte, argumenta que, “cuando se pasa un tique, como puede ser una casa de cinco millones de euros, preocuparse por los gastos de comunidad es como comprarse un Ferrari y preguntar cuánto gasta”.
De la pinacoteca a la cámara de crioterapia en las mansiones
El equipamiento de las mansiones en España cambia según la edad de quien las habite, recoge un informe de la aseguradora Hiscox. Mientras los boomers buscan hueco para sus colecciones de arte y un lugar para guardar las joyas de la familia, las generaciones más jóvenes transforman sus casas en centros de bienestar, con cámara de crioterapia incluida. “Hoy en día, es extraña la vivienda que no tiene una habitación dedicada al gimnasio con máquinas de última generación”, asegura Eva Peribáñez, directora de arte y clientes privados de Hiscox España. “Se ha pasado a que lucir lo que se tiene sea lo que da la posición social”, sostiene. Y pone como ejemplo los ascensores que permiten presumir de coche en el salón de la vivienda.
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