La política y la economía alemana abrazan la puesta en marcha de una economía de guerra. Bajo el título Under destruction, el jefe de la Conferencia de Seguridad de Múnich, Wolfgang Ischinger, presentó su informe anual esta semana advirtiendo ante “una política internacional aplicada con la bola de demolición”. Que Alemania ha entrado en una economía de guerra lo dice el primer economista alemán, Clemens Fuest, quien lo da por supuesto: “Vivimos en tiempos de amenaza bélica“ que exigen repensar la economía para “producir cosas que, en el pasado, eran indeseadas”. Y hacerlo, además, rápidamente. Mientras el país se rearma a marchas forzadas, el Gobierno debate también la protección militar nuclear de Alemania ante una eventual retirada de EE UU de la OTAN y de su paraguas nuclear.
Berlín debate una economía de guerra en una Alemania que abrazó el pacifismo como fórmula expiatoria
La política y la economía alemana abrazan la puesta en marcha de una economía de guerra. Bajo el título Under destruction, el jefe de la Conferencia de Seguridad de Múnich, Wolfgang Ischinger, presentó su informe anual esta semana advirtiendo ante “una política internacional aplicada con la bola de demolición”. Que Alemania ha entrado en una economía de guerra lo dice el primer economista alemán, Clemens Fuest, quien lo da por supuesto: “Vivimos en tiempos de amenaza bélica“ que exigen repensar la economía para “producir cosas que, en el pasado, eran indeseadas”. Y hacerlo, además, rápidamente. Mientras el país se rearma a marchas forzadas, el Gobierno debate también la protección militar nuclear de Alemania ante una eventual retirada de EE UU de la OTAN y de su paraguas nuclear.
Es la reacción de Berlín ante las actuales tensiones geopolíticas: reforzar su seguridad y su soberania militar, explorando alternativas con Francia y el Reino Unido. En el país que abrazó el pacifismo como clave expiatoria, incluso la jefa de los Verdes, el partido ecológico y pacifista alemán, defiende también “una unión de defensa europea y la necesidad de actuar con rapidez“. Franziska Brantner: “Los Verdes ya reconocimos a finales de milenio que hay situaciones en las que hay que intervenir militarmente porque no se dispone de otra alternativa para proteger a gente inocente de un agresor”. Brantner avisa: “Ahora tampoco tenemos alternativas: Europa deberá ser soberana económica y militarmente”. Mientras Alemania depende de la disuasión nuclear estadounidense para su seguridad militar, la mayoría de la población alemana mayor de 16 años (el 65%, según encuesta del Instituto Allensbach que acaba de publicar Der Spiegel) cita a EE UU como uno de los países de mayor riesgo para la paz mundial.
En un artículo publicado en noviembre por Foreign Affairs, los autores Moritz S. Graefrath y Mark A. Raymond, profesores de Políticas de la Universidad de Oklahoma recomendaron a los aliados que “America’s allies should go nuclear”: rearmarse “para fortalecer el orden global“.
¿Qué implica una economía de guerra? Clemens Fuest, jefe del prestigioso Instituto de investigación ecónomica Ifo, de Múnich, lo explica: ingentes recursos económicos para invertir en Defensa (de ahí la decisión del actual Gobierno de Merz de endeudarse por un billón de euros (500.000 millones para Defensa y otro tanto para infraestructuras)). “Sin un acuerdo en ese sentido habría sido todavía superior el riesgo de una guerra en Europa (más allá de Ucrania); lo que tendría repercusiones catastróficas para la economía”. Pero una economía de guerra implica también rapidez de reacción. El problema, afirma Fuest, es que venimos de tiempos de bienestar en los que se priorizaban otras partidas. “Ahora tenemos que producir cosas que eran indeseadas en el pasado. Tenemos que repensar y reconsiderar la economía”. Y, además, inmediatamente.
También el director de Estrategia de la academia de la Bundeswehr, Frank Pieper, defiende que, ante el riesgo de la retirada del paraguas nuclear estadounidense, Alemania necesita armas nucleares propias, armas tácticas móviles, que puedan defender el país de la amenaza final rusa. Y exige “salir de la zona de confort, porque al final estamos solos”. Alemania alberga armas nucleares estadounidenses en la base aérea de Büchel como parte de la estrategia de disuasión nuclear. En el mismo sentido se expresa el político Roderich Kiesewetter, experto en política exterior del partido democristiano CDU, quien advierte del riesgo de depender del arsenal nuclear francés. Kiesewetter: “La defensa es un asunto que se trata con mucho tacto en Alemania”. Opina que Berlín debería participar por lo menos financieramente en el desarrollo de un paraguas propio europeo. Un proyecto que llevaría entre 5 y 10 años y que Alemania no podría sacar adelante sola. Por un lado, está el acuerdo de desarme y la prohibición de rearme de 1945 y, por otro, el Tratado Dos más Cuatro de la reunificación alemana (firmado en 1990) que limitó las fuerzas armadas de la Alemania unificada y prohibió el almacenamiento de armas nucleares, biológicas o químicas en el territorio de la antigua Alemania Oriental. Kiesewetter propone que Alemania participe en una alianza con otros países europeos, sin tener necesariamente que fabricarlas o manejarlas.
Alemania aprobó en el Parlamento en 2025 una reforma histórica que rompió con la austeridad financiera para gastar más de un billón de euros en defensa, infraestructuras y medio ambiente. El objetivo: reforzar su seguridad y modernizar su economía. Según Fuest, la decisión de Berlín de invertir en defensa “tiene que ver con nuestra seguridad y con la idea de impedir una guerra, no de impulsar la coyuntura económica”. Solo si en el sector de defensa se desarrollaran productos y soluciones con aplicaciones civiles, podría tener además un efecto positivo para la economía privada.
“No obstante, si solo se contratan soldados y se compran armas, apenas habrá efectos para el crecimiento”. Lo que sí podría ayudar sería si se produjera un traslado de trabajo de la industria del automóvil (que pierde puestos laborales) a la industria de defensa. Pero el sector de la defensa es mucho más pequeño que el del automóvil, por lo que no lo podrá sustituir.
La propuesta de la verde Franziska Brantner: “Soldados europeos capaces de intervenir inmediatamente, estructuras de poder efectivas, compras conjuntas, y una agencia de defensa europea capaz de tomar decisiones”. Opina que Europa solo puede defenderse unida y con una industria europea de defensa. La alianza disuatoria estaría formada por Francia, Italia, España, Polonia, Países Bálticos, Gran Bretaña y Noruega. Y apuesta por defender con tropas, también alemanas, el territorio de Ucrania para garantizar militarmente el alto el fuego.
Claro que el rearme tendrá un precio. Invertir en defensa reducirá el pastel a repartir, avisa Fuest. ¿A costa de qué y de quiénes? Y, ¿qué partido político se beneficiaría populistamente del tijerazo social? El anterior canciller, Olaf Scholz, decía que Alemania podía permitirse más defensa sin tocar otros gastos, como los sociales. Fuest no lo ve así. “Eso es incorrecto. Si fuera posible, ya lo habríamos hecho. En Alemania existe un amplio consenso en torno a la idea de que el Estado se ocupa de todos los males; pero eso no funciona así. Tenemos que invertir en defensa; por lo que el pastel a repartir será más pequeño”. El recorte social previsto por el actual Gobierno está en esa línea.
Scholz ya predijo en la Conferencia de Seguridad de 2025 en Múnich “una nueva época”. En ese mismo sentido, Brantner ha declarado que “Europa agradece a EE UU 80 años de apoyo; pero ahora necesitamos una Unión Europea de Defensa“ y reclama que Merz y Pistorius (ministro de Defensa) actúen con rapidez. “Lo que trajo la paz a Europa fue el reconocimiento de la integridad territorial”.
Claro que en Alemania nadie querría entrar en este debate. El político socialdemócrata Rolf Muetzenich, quien se doctoró en armas nucleares, opina que esta escalada podría llevar a un rearme nuclear a decenas de países. Por razones históricas Alemania se ha distanciado siempre de estos discursos. Alemania es, obviamente, un país pacífico. “Pero solo nos podemos permitir el pacifismo si no nos ataca nadie”, concluye Fuest.
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