Los perfumes están rodeados de reglas que aceptamos sin preguntarnos de dónde vienen. Que uno caro dura más, que ciertas notas pertenecen a los hombres, que el baño es un buen lugar para guardar un frasco o que, si dejamos de sentirlo, desapareció. Son ideas repetidas que parecen evidentes, pero algunas necesitan una mirada más crítica.
Los perfumes están rodeados de reglas que aceptamos sin preguntarnos de dónde vienen. Que uno caro dura más, que ciertas notas pertenecen a los hombres, que el baño es un buen lugar para guardar un frasco o que, si dejamos de sentirlo, desapareció. Son ideas repetidas que parecen evidentes, pero algunas necesitan una mirada más crítica.
Los perfumes están rodeados de reglas que aceptamos sin preguntarnos de dónde vienen. Que uno caro dura más, que ciertas notas pertenecen a los hombres, que el baño es un buen lugar para guardar un frasco o que, si dejamos de sentirlo, desapareció. Son ideas repetidas que parecen evidentes, pero algunas necesitan una mirada más crítica.
