El patrón es el mismo: un empresario amigo de Donald Trump (Larry Ellison o Theodore Kyriakou) toma el control de un medio de comunicación y un jeque o un fondo soberano del golfo Pérsico financia e incluso toma una participación minoritaria. Este es el esquema seguido para la toma de control de TikTok en Estados Unidos, para la vetada compra de The Telegraph en Reino Unido y para la adquisición en marcha de La Repubblica en Italia. Seguramente es su manera de colaborar con la extensión de su ideario ultraconservador, que amenaza con recortar las democracias en el mundo.

Aliados de la Casa Blanca financiados por jeques árabes compran en el sector en EE UU y lo intentan en Italia y Reino Unido
El patrón es el mismo: un empresario amigo de Donald Trump (Larry Ellison o Theodore Kyriakou) toma el control de un medio de comunicación y un jeque o un fondo soberano del golfo Pérsico financia e incluso toma una participación minoritaria. Este es el esquema seguido para la toma de control de TikTok en Estados Unidos, para la vetada compra de The Telegraph en Reino Unido y para la adquisición en marcha de La Repubblica en Italia. Seguramente es su manera de colaborar con la extensión de su ideario ultraconservador, que amenaza con recortar las democracias en el mundo.

Estados Unidos
Trump llegó a la Casa Blanca con el descarado apoyo de Fox News y los magnates de las redes sociales, encabezados por Elon Musk, pero le pareció insuficiente. Lleva un año en el poder y sus amigos han comprado la CBS y la filial de TikTok; y, si prosperan las operaciones en marcha, también se harán con la CNN. Desde hace una semana, TikTok USA está controlada por un consorcio liderado por Oracle, que posee el 80% del capital; el resto sigue en manos de la matriz china, ByteDance. Los socios de Larry Ellison, amigo de Trump y propietario de Oracle, son Michael Dell, fundador y CEO de Dell Technologies; el fondo de inversión Silver Lake, que se ha asociado con el yerno de Trump (Jared Kushner) en operaciones como la compra de la empresa de videojuegos Electronic Arts (patrocinador de LaLiga española con EA Sports), y MGX, fondo de inversión centrado en IA presidido por el jeque Tahnoon bin Zayed al-Nahyan, el poderoso asesor de seguridad nacional de Emiratos Árabes Unidos (EAU), hermano del presidente de EAU (el jeque Mohammed) y del vicepresidente (Mansour), propietario de International Media Investments (IMI).
Larry Ellison, una de las personas que más frecuenta la Casa Blanca, ya se hizo el verano pasado con el control de Paramount, empresa que adquirió a través de Skydance, sociedad propiedad de su hijo David, y que tiene marcas tan potentes con las cadenas de televisión CBS y MTV. El pez pequeño (Skydance) se comió al grande (Paramount) y ahora aspiran a tragarse a la ballena, la Warner Bros.
Los Ellison (72,5% de Skydance/Paramount) y su socio, RedBird Capital (22,5%), que volverán a salir en Reino Unido, han lanzado una opa valorada en 108.500 millones de dólares por la totalidad de Warner Bros. Esta propuesta trata de frenar a Netflix, que ofrece 84.000 millones por su marca principal de TV en streaming (HBO+) y los estudios, mientras deja fuera canales de televisión como la CNN, a la que tanto odia Trump. Es mucho dinero y todo en efectivo. Larry Ellison garantiza a título personal 40.400 millones de dólares y además le acompañan socios financieros como Affinity Partners, el fondo que preside Jared Kushner, yerno de Trump y habitual intermediario del presidente de EE UU en las conversaciones con los países árabes, y los fondos soberanos de Abu Dabi, Arabia Saudí y Qatar, las petromonarquías de la península Arábiga.
Italia
En diciembre pasado saltaron las alarmas cuando se supo que la familia Agnelli estaba negociando la venta de GEDI, su holding de medios de comunicación: La Repubblica y La Stampa, segundo y tercer periódico del país, la edición italiana del Huffington Post y tres emisoras de radio. El problema es el comprador, el magnate griego de la comunicación Theodore Kyriakou, con fuerte presencia en Grecia y en los países del Este de Europa, y su socio, el grupo saudí Middle East Broadcasting Center (MBC), que ha tomado un 30% del capital de algunos de sus medios. MBC no es un grupo de medios cualquiera. Fue creado en Londres en 1991 por Waleed bin Ibrahim Al Ibrahim, nacido en Arabia Saudí y educado en Estados Unidos, y se ha convertido en el mayor conglomerado de medios de comunicación de Oriente Próximo y el Norte de África. Posee 13 canales de televisión en abierto, 3 de radio, la plataforma de streaming Shahid y el canal de noticias 24 horas Al Arabiya, competidor de Al Yazeera, propiedad del Gobierno de Qatar.
Waleed bin Ibrahim fue una de las víctimas de la purga desatada en Arabia Saudí por Mohamed Bin Salmán en los años 2017 a 2019, que supuso un arresto masivo que afectó a 11 príncipes, 4 ministros y decenas de funcionarios y empresarios acusados de corrupción. Tras 83 días detenido, fue puesto en libertad y declarado inocente, pero perdió el control de MBC Group, aunque aún figura de presidente. El grupo pasó a manos de Public Investment Fund (PIF), fondo soberano de Arabia Saudí, algo que llevaba años intentando Bin Salmán, el mismo al que la CIA responsabilizó del asesinato del periodista de The Washington Post Jamal Khashoggi. Bin Salmán está siendo rehabilitado por Trump, que le recibió en noviembre pasado en la Casa Blanca, donde protagonizaron una dura rueda de prensa en la que el republicano llegó a justificar el asesinato de Khashoggi.
El griego Kyriakou también está en el círculo de la Administración Trump, como evidencia que en noviembre organizara una conferencia en Atenas a la que asistieron dos miembros del Gobierno: el secretario del Interior, Doug Burgum, y el de Energía, Chris Wright. Además, Kyriakou ha asistido a cenas en la Casa Blanca y estuvo entre los empresarios invitados a la cena exclusiva en Doha entre el emir de Qatar y Trump.
Esta relación entre Arabia Saudí y el griego Kyriakou ha hecho saltar las alarmas en Italia. Aunque el Gobierno esté dirigido por la ultraderechista Giorgia Meloni y el objeto de compra sea La Repubblica, el emblema de la prensa progresista, el riesgo de injerencia en la opinión pública por parte de una potencia autárquica no es menor, por mucho que el magnate de los medios griegos quiera desvincular a Bin Salmán. Por eso es previsible que Italia vete la venta de La Repubblica y, en cambio, dé el visto bueno a la venta de La Stampa al empresario italiano Alberto Lonardis, propietario de periódicos locales.
Reino Unido
Los hermanos británicos David y Frederick Barclay compraron The Telegraph Group en 2004 por algo más de mil millones de euros. Después vino la crisis de la prensa escrita y en 2023 cayeron en bancarrota. El banco financiador, Lloyds Bank, inició el proceso de venta del grupo, operación que terminó con el grupo de medios conservador en manos del consorcio formado por el fondo americano RedBird y el emiratí IMI. El primero es propiedad del exbanquero Gerry Cardinale, socio de Larry Ellison, y el segundo de Mansour Bin Zayed Abu Nahyan, empresarios propietarios de clubs de fútbol, el primero del AC Milan y el segundo, del Manchester City, el Melbourne City, el New York City y el Montevideo City. Mansour es también presidente del fondo soberano de Abu Dabi Mubadala, dueño del 60% de la española Moeve (antes Cepsa).
La operación no gustó ni a conservadores (Rishi Sunak) ni a laboristas (Keir Starmer), que dejaron descarrilar la transacción sin autorizarla, lo que llevó a que en noviembre los aspirantes renunciaran y apareciera un comprador local, el grupo de medios DMGT, cuya marca principal es The Daily Mail. La empresa se propone mantener independientes las dos marcas, el Telegraph y el Mail.
Estos movimientos ponen de manifiesto el riesgo de que los medios de comunicación y las redes sociales, esenciales para construir una sociedad informada y crítica, acaben en manos de empresarios que los usan para conseguir ventajas en otros negocios. Se ha visto muy claro en la actuación de los propietarios de las grandes tecnológicas americanas (Musk, Zuckerberg o Bezos). Los Gobiernos los pueden frenar, pero hace falta la colaboración de empresarios locales que quieran ser editores responsables y cuasifilántropos.
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