Las stablecoins siguen estando en el foco de los reguladores europeos. La capitalización de las monedas estables supera ya los 320.000 millones de dólares, aunque los activos ligados al billete verde representan la casi totalidad del mercado, entre un 98% y un 99%. Las denominadas en euros, en cambio, tan solo un 0,2%. Pero lo que más preocupa a las máximas autoridades monetarias son las stablecoins globales, que se emiten de forma conjunta en varias jurisdicciones, como Europa y Estados Unidos. En su informe de estabilidad financiera publicado este jueves, el Banco de España (BdE) alerta de que su amplia adopción podría amplificar los riesgos sistémicos, especialmente ante una regulación fragmentada.
La entidad destaca que la fragmentación regulatoria podría limitar la eficacia de las medidas destinadas a mitigar los peligros asociados a la expansión de estos activos
Las stablecoins siguen estando en el foco de los reguladores europeos. La capitalización de las monedas estables supera ya los 320.000 millones de dólares, aunque los activos ligados al billete verde representan la casi totalidad del mercado, entre un 98% y un 99%. Las denominadas en euros, en cambio, tan solo un 0,2%. Pero lo que más preocupa a las máximas autoridades monetarias son las stablecoins globales, que se emiten de forma conjunta en varias jurisdicciones, como Europa y Estados Unidos. En su informe de estabilidad financiera publicado este jueves, el Banco de España (BdE) alerta de que su amplia adopción podría amplificar los riesgos sistémicos, especialmente ante una regulación fragmentada.
Aunque la gran banca en Europa se ha sumado a la carrera para emitir sus propias monedas estables, las autoridades europeas no han parado de alertar sobre los riesgos que conllevan. El BdE y el Banco Central Europeo (BCE) han avertido varias veces de que una amplia adopción de estos activos podría impulsar fugas de depósitos y desintermediación bancaria, hasta el punto de mermar la capacidad de crédito de las entidades financieras; empeoraría también su estructura y calidad de financiación y afectaría a la transmisión de la política monetaria. Una posible crisis de confianza o quiebra de uno de estos activos podría contagiar al resto del mercado, a la gran banca o incluso al mercado de deuda, ya que las reservas de estos activos están respaldadas en parte por letras del Tesoro o bonos.
Pero estos riesgos se agravan aún más si se habla de las stablecoins globales —como Circle o Paxos, las únicas reguladas en Europa—, según el BdE. Para la entidad, una adopción amplía de estos activos denominados en dólares podría generar perturbaciones aún más graves dada su presencia en varias jurisdicciones. “La existencia de esquemas de emisión múltiple sujetos a marcos regulatorios heterogéneos podría concentrar tensiones en algunas jurisdicciones y dificultar una gestión ordenada de estos episodios, aumentando así la probabilidad de efectos sistémicos”, explican en el informe.
La entidad pone el foco en los límites de la regulación. Aunque Europa cuenta desde finales de 2024 con MiCA y Estados Unidos con el Genius Act, el avance de las normativas en otras regiones todavía es límitado y sigue siendo desigual. A esto se añade la escasa colaboración entre jurisdicciones, que supone una fuente adicional de vulnerabilidad. “La fragmentación regulatoria podría favorecer el arbitraje regulatorio y limitar la eficacia de las medidas destinadas a mitigar los riesgos asociados a su expansión”, insiste el BdE.
Las preocupaciones de las autoridades monetarias no son baladí. Estas monedas estables, conocidas también como multiemisión, son tokens idénticos e intercambiables emitidos conjuntamente por entidades ubicadas en distintos países. Circle, por ejemplo, tiene una sede en Europa y una en EE UU, y colocan la misma stablecoin, USDC, bajo la regulación de cada jurisdicción, es decir, MiCA y elG enius Act respectivamente. En ambas regiones, el emisor mantiene reservas que respaldan el token emitido, pero al ser activos idénticos y fungibles, los usuarios pueden solicitar el reembolso a cualquiera de las dos entidades, la estadounidense o la europea.
Cuando una de las dos enfrenta una solicitud de reembolso que supera sus reservas disponibles, la otra entidad puede transferir activos para garantizar un respaldo adecuado del conjunto de tokens en circulación. El Banco Central Europeo teme que este mecanismo exponga a los tenedores europeos a riesgos de déficit, sobre todo si los supervisores extranjeros restringen o bloquean las transferencias en situaciones de tensión, desencadenando un efecto contagio o retiros masivos. Por ello, tanto el BCE como la Junta Europea de Riesgo Sistémico piden prohibir estos activos.
No obstante, el Parlamento está dividido sobre esta cuestión y la Comisión Europea, que tenía previsto pronunciarse con una orientación sobre estos activos, guarda silencio. La industria cripto pide que esta cuestión se aclare cuanto antes para garantizar seguridad regulatoria a los emisores que ya están operando en el Viejo Continente y a los nuevos posibles actores. Abogados y expertos consultados coinciden en que, aunque la postura de las entidades monetarias es legítima, esta parálisis regulatoria podría tener consecuencias en la competitividad del mercado europeo.
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