El sistema monetario global está en un punto de inflexión. Durante décadas se ha sostenido en una infraestructura sólida y eficaz. Pero los avances tecnológicos y la llegada de nuevas formas de dinero digital han puesto en entredicho la eficiencia del modelo actual tal y como se conoce. Pagos instantáneos, criptoactivos, dinero tokenizado… Las autoridades monetarias surfean la ola de nuevas soluciones y tratan de incorporarlas al sistema tradicional, buscando preservar la estabilidad financiera y la unicidad del dinero. En este pulso, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) insta a introducir la tokenización y la programabilidad en la arquitectura existente del sistema monetario y apuesta por el euro y los depósitos tokenizados frente a las stablecoins.
Proyecto Agorá
El planteamiento del BIS pasa por crear un libro mayor unificado, una especie de red de libros mayores en el que estos activos tokenizados puedan “hablar” entre sí y programarse de forma conjunta. Y, como detalla en el informe, la experimentación público‑privada sugiere que esta arquitectura es viable dentro de un esquema como el actual de dos niveles: el banco central y los bancos comerciales. El Proyecto Agorá, impulsado por el BIS, reúne a ocho bancos centrales y más de 40 instituciones reguladas.
Mediante la tokenización —el registro de las reservas del banco central y los depósitos de los bancos comerciales en una plataforma compartida— buscan posibilitar la liquidación atómica de las transacciones transfronterizas mayoristas, es decir, inmediata, entre distintas monedas. Estos esfuerzos apuntan a ciclos de liquidación más cortos, menos errores y una mayor integridad, según el BIS.
La entidad insta a digitalizar la arquitectura monetaria actual ante la explosión de las ‘stablecoins’ y para reducir fricciones entre los distintos tipos de dinero
El sistema monetario global está en un punto de inflexión. Durante décadas se ha sostenido en una infraestructura sólida y eficaz. Pero los avances tecnológicos y la llegada de nuevas formas de dinero digital han puesto en entredicho la eficiencia del modelo actual tal y como se conoce. Pagos instantáneos, criptoactivos, dinero tokenizado… Las autoridades monetarias surfean la ola de nuevas soluciones y tratan de incorporarlas al sistema tradicional, buscando preservar la estabilidad financiera y la unicidad del dinero. En este pulso, el Banco de Pagos Internacionales (BIS) insta a introducir la tokenización y la programabilidad en la arquitectura existente del sistema monetario y apuesta por el euro y los depósitos tokenizados frente a las stablecoins.
“A medida que la innovación digital avanza, se abren nuevas posibilidades sobre cómo se registran, transfieren y liquidan el dinero y los activos“, dice la entidad en su informe económico anual. Aunque destaca la solidez del sistema monetario actual, reconoce que existen fricciones que limitan su funcionalidad: los procesos no están automatizados y las actividades de compensación y liquidación requieren de la intervención de múltiples intermediarios. “Estas ineficiencias encarecen las operaciones, ralentizan los flujos de valor y acentúan los riesgos operativos, sobre todo en los pagos transfronterizos, donde los distintos husos horarios y regulaciones agravan las demoras”, inciden.
Para la entidad, es esencial modernizar la infraestructura actual y las nuevas tecnologías pueden contribuir a ello. “La tecnología de registros distribuidos (DLT) y la tokenización podrían integrar dinero y activos en entornos programables, combinando mensajería, conciliación y transferencia en flujos unificados y automatizados”, inciden. La blockchain, combinada con la tokenización, cambia las reglas del juego: los activos se mueven más rápido, las 24 horas del día, se reduce el riesgo de manipulación y se permite la ejecución simultánea de las operaciones.
Así, su planteamiento pasa por crear un libro mayor unificado (es decir, una infraestructura digital donde se registran y gestionan dinero y activos financieros en un mismo sistema interoperable), en el que los activos tokenizados puedan “hablar” entre sí, programarse de forma conjunta y liquidarse con el euro tokenizado. Esto no implica trasladarlo todo a una blockchain, sino implementar la tokenización y la programabilidad donde sirvan al interés público. Esto podría incluir DLT privadas con permisos u otras arquitecturas tecnológicas.
“No obstante, para aprovechar los beneficios de la tokenización y desarrollar nuevos casos de uso, es fundamental contar con formas fiables de dinero disponibles en el registro”, advierte el BIS. La entidad insiste en que el dinero del banco central es el ancla de confianza y la base de la unicidad del dinero y debe estar disponible como activo de liquidación en este sistema.
Este ecosistema también podría incluir otros activos de liquidación emitidos por entidades privadas, como los depósitos tokenizados y las stablecoins privadas. “Pero, en este último caso, solo si se abordan algunas deficiencias y si se establecen las salvaguardas suficientes”, ha afirmado Frank Smets, asesor económico y jefe de investigación. De esta forma, según la entidad, los efectos macroeconómicos adversos asociados con la adopción generalizada de stablecoins mal diseñadas podrían mitigarse.
En su informe el BIS ha alertado una vez más sobre los riesgos de las monedas estables, cuya adopción generalizada plantea consecuencias macroeconómicas y financieras: amenazan la integridad financiera, ofrecen vías para eludir la regulación, plantean riesgos de dolarización en economías emergentes (ya que el 99,4% del mercado está vinculado al dólar) y su estabilidad está en entredicho. Aunque por lo general mantienen su valor anclado al de una moneda de referencia, a veces varía, debilitando la confianza en el activo; además, su adopción masiva podría generar una salida de los depósitos bancarios y disminuir la capacidad de los bancos de conceder créditos a individuos y empresas, algo de lo que ya habían alertado.
También destacan que su uso en múltiples blockchain plantea riesgos de fragmentación. “Las redes blockchain públicas y sin permisos en las que circulan carecen de un enfoque común para reconocer cuentas y verificar identidades entre distintas cadenas. Esto genera problemas de interoperabilidad: una moneda en Ethereum no es equivalente a una moneda con el mismo nombre en Solana, ya que existen libros mayores separados que no se comunican de forma nativa entre sí. Esto puede socavar la unicidad del dinero en ausencia de un sistema acordado de compensación y liquidación entre libros“, asegura la entidad en el informe.
Por ello, el BIS prefiere el dinero de banco central tokenizado o los depósitos tokenizados, aunque no cierra la puerta del todo a las monedas estables. No obstante, cree que la única vía para solucionar los fallos de estos activos y que se integran en este ecosistema pasa por la cooperación entre diferentes jurisdicciones en materia de regulación y supervisión, especialmente en un momento de auge de estos activos.
El Banco Central Europeo ya ha puesto la primera piedra en este sentido. El primer paso, que dará en la segunda mitad de este año, será conectar los sistemas Target (la infraestructura tecnológica del Eurosistema para liquidar en tiempo real pagos en euros) con las plataformas con tecnología de registro distribuido (DLT) existentes y habilitar la liquidación de las operaciones con euro tokenizado. Pero, en el futuro, plantea una transformación mucho más profunda de la fontanería financiera de la eurozona: con ella pretende diseñar un ecosistema financiero digital y europeo, completamente integrado, basado en la tokenización y en la tecnología DLT. En este ecosistema, el euro tokenizado es la vía favorita por el BCE, pero el Eurobanco reconoce que esta solución debe complementarse también con alternativas privadas, como los depósitos tokenizados y las stablecoins en euro.
El planteamiento del BIS pasa por crear un libro mayor unificado, una especie de red de libros mayores en el que estos activos tokenizados puedan “hablar” entre sí y programarse de forma conjunta. Y, como detalla en el informe, la experimentación público‑privada sugiere que esta arquitectura es viable dentro de un esquema como el actual de dos niveles: el banco central y los bancos comerciales. El Proyecto Agorá, impulsado por el BIS, reúne a ocho bancos centrales y más de 40 instituciones reguladas.
Mediante la tokenización —el registro de las reservas del banco central y los depósitos de los bancos comerciales en una plataforma compartida— buscan posibilitar la liquidación atómica de las transacciones transfronterizas mayoristas, es decir, inmediata, entre distintas monedas. Estos esfuerzos apuntan a ciclos de liquidación más cortos, menos errores y una mayor integridad, según el BIS.
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