Ya se sabe el nombre de los aspirantes oficiales a sustituir a Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo (BCE) a partir del 7 de febrero: el español Pablo Hernández de Cos y el holandés Klaas Knot. Ambos son exgobernadores, uno del Banco de España y el otro del Banco de los Países Bajos. Con Hernández de Cos, España opta por primera vez al puesto de mando de la máxima autoridad monetaria de la zona euro. Por el contrario, si finalmente el elegido es Knot, será el segundo holandés en detentar esta responsabilidad.
El exgobernador Pablo Hernández de Cos se convierte en el primer español que aspira oficialmente a ser el jefe de la autoridad monetaria de la eurozona
Ya se sabe el nombre de los aspirantes oficiales a sustituir a Christine Lagarde al frente del Banco Central Europeo (BCE) a partir del 7 de febrero: el español Pablo Hernández de Cos y el holandés Klaas Knot. Ambos son exgobernadores, uno del Banco de España y el otro del Banco de los Países Bajos. Con Hernández de Cos, España opta por primera vez al puesto de mando de la máxima autoridad monetaria de la zona euro. Por el contrario, si finalmente el elegido es Knot, será el segundo holandés en detentar esta responsabilidad.
El nombre de ambos se baraja desde hace meses en los pasillos de las instituciones de la UE, en los cenáculos financieros y en los mercados de capital. Los dos son respetados, con una trayectoria previa que les avala para hacerse cargo del BCE. Después de ser gobernador, Hernández de Cos es ahora el director general del Banco Internacional de Pagos, una especie de patronal de los bancos centrales de todo el mundo. Knot, por su parte, es director de KK Economic Advisory, una consultora fundada por él mismo, y colabora con el Instituto Peterson para la Economía Internacional, un prestigioso centro de estudios estadounidense.
Tanto Hernández de Cos como Knot han sido presentados al presidente del Eurogrupo por sus respectivos Gobiernos. Este viernes a las 17 horas vencía el plazo que el presidente del Eurogrupo, el griego Kiarakos Pierrakakis, dio el pasado martes a los 21 países que integran la zona euro y, por tanto, forman parte del sistema monetario que rige el BCE.
A partir de ahora arranca una carrera que tiene su primera meta volante el próximo lunes, cuando se reúne el Eurogrupo, el órgano que agrupa a todos los ministros de Finanzas de la Eurozona. Ese día Pierrakakis informará a sus homólogos de ambas candidaturas y se debatirá el asunto. Sobre la mesa es probable que esté si la negociación para elegir al sustituto de Lagarde se aborda en solitario o en un paquete con los otros dos relevos pendientes que van a producirse en el Comité de Dirección del BCE en los primeros cinco meses de 2027.
Son tres las sustituciones a abordar en este órgano que se ocupa del día a día del BCE, es decir, la mitad. A la salida de Lagarde se suma la de la alemana Isabel Schnabel, miembro del consejo, el 3 de enero y la del economista jefe, el irlandés Philip Lane, el 31 de mayo. Al concentrarse en poco tiempo las tres sustituciones, hay varios Gobiernos, entre ellos el español, que piensan que es mejor negociarlas en conjunto para facilitar la transacción.
No obstante, la elección del presidente del BCE tiene una particularidad que no tienen los otros dos puestos y que no tiene tampoco el vicepresidente, cuya sustitución (en este caso la del español Luis de Guindos) se llevó a cabo a comienzos de año. Mientras que en el resto de cargos son los ministros de Finanzas quienes negocian y eligen a quienes van a ocuparlos −aunque formalmente la elección sea ratificada por el Consejo Europeo−, la presidencia la negocian directamente los jefes de Estado y de Gobierno.
Sobre el papel, el procedimiento es similar: el Consejo de la UE (representantes de los Estados miembros, en este caso el Eurogrupo) hace una propuesta, se recaba la opinión del Parlamento Europeo y del propio BCE y, después, los líderes ratifican la decisión. Pero la presidencia es uno de los principales puestos de mando de las instituciones de la UE −probablemente el que tiene más capacidad ejecutiva, aunque solo limitada a la política monetaria, y con gran relevancia en caso de crisis− y son los líderes de los 21 Estados que integran la zona euro los que se reservan esa elección.
Por eso, este lunes la conversación entre los titulares de Finanzas no podrá ir más allá de fijar el camino a seguir. Para que haya una decisión habrá que esperar, al menos, a la cumbre extraordinaria de los jefes de Estado y de Gobierno de la UE del 26 y 27 de noviembre o, como tarde, en la siguiente cita, el 17 y 18 de diciembre.
El calendario aprieta porque, junto con el nombramiento del presidente del BCE, la UE debe abordar las otras dos sustituciones. Y la de Schnabel urge más que la de la Lagarde: la primera deja su cargo el 3 de enero y la segunda, el 7 de febrero. La carrera para sustituir a la alemana ya se lanzó hace unas semanas y el plazo para presentar candidaturas acababa el viernes pasado. Sin embargo, cuando Lagarde anunció el día antes, el jueves, que se iba el 7 de febrero, se prorrogó el plazo para presentar candidatos al puesto de Schnabel hasta el 29 de noviembre.
Todos estos movimientos apuntan en la dirección de una negociación conjunta, en la que, además, es probable que se cruce el tira y afloja del próximo presupuesto de la UE, cuyo cierre también está previsto antes de final de este año. En caso de que no haya un acuerdo unánime, habría que recurrir a la votación en la que hace falta una mayoría cualificada reforzada: el 72% de los países de la zona euro (16 de 21) que representen al menos al 65% de la población conjunta del área.
El Gobierno español defiende a su candidato. “Pablo Hernández de Cos es un candidato excepcional, con un reconocido prestigio internacional y una trayectoria que demuestra liderazgo, independencia y capacidad de diálogo. Estoy convencido de que aportaría al BCE la misma mano firme que mostró al frente del Banco de España, donde impulsó una mayor transparencia y un acercamiento a la ciudadanía”, ha señalado el vicepresidente y ministro de Economía, Carlos Cuerpo.
A diferencia de lo que sucedió en 2018, en el anterior relevo, no parece haber un favorito claro. Entonces sí lo había: el alemán Jens Weidmann, que entonces era el presidente del Bundesbank. Pero su perfil de halcón, duro en la política monetaria, le había granjeado el rechazo frontal de varios países del sur. Finalmente París obtuvo la presidencia del banco, pero en la misma cumbre, Alemania logró el otro gran cargo dentro de la UE: la presidencia de la Comisión Europea.
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