
El euríbor no encuentra techo. La guerra en Irán ha supuesto un punto de inflexión para el indicador hipotecario, que ha pasado de coquetear con bajar del 2% a acercarse a la barrera del 3%. Detrás de esa escalada, lesiva tanto para los hipotecados a tipo variable como para quienes buscan endeudarse próximamente, está la posibilidad de que el Banco Central Europeo suba los tipos de interés varias veces este año como respuesta a la inflación desatada por el conflicto. La gasolina, el diésel y la electricidad ya han experimentado subidas de precio. Y se teme que esos encarecimientos se filtren al transporte y otros productos.
El indicador amenaza con encarecer las cuotas de los hipotecados a tipo variable que revisen su préstamo próximamente
El indicador amenaza con encarecer las cuotas de los hipotecados a tipo variable que revisen su préstamo próximamente


El euríbor no encuentra techo. La guerra en Irán ha supuesto un punto de inflexión para el indicador hipotecario, que ha pasado de coquetear con bajar del 2% a acercarse a la barrera del 3%. Detrás de esa escalada, lesiva tanto para los hipotecados a tipo variable como para quienes buscan endeudarse próximamente, está la posibilidad de que el Banco Central Europeo suba los tipos de interés varias veces este año como respuesta a la inflación desatada por el conflicto. La gasolina, el diésel y la electricidad ya han experimentado subidas de precio. Y se teme que esos encarecimientos se filtren al transporte y otros productos.
Marzo está siendo un mes negro para el euríbor. De las 17 sesiones, ha experimentado subidas en 14, y solo ha caído en tres. Las que han seguido a la reunión del BCE han sido particularmente agresivas: el jueves, antes de que Christine Lagarde interviniera en Fráncfort, estaba en el 2,524%. Este martes, tras tres jornadas disparado, se ha situado en el 2,929%, ignorando por ahora el mensaje de Donald Trump de que negocia la paz con Teherán, que sí fue recibido con entusiasmo por las Bolsas.
El ascenso del euríbor rompe con meses de lateralidad, en los que gracias a una inflación bajo control el mercado daba por hecho que el BCE no necesitaría mover ficha. Ahora, a la espera de que se publiquen los datos de inflación de marzo, la certeza de que los precios subirán y el BCE no se quedará de brazos cruzados, lo ha impulsado a niveles que no se veían desde septiembre de 2024, hace año y medio. Y la velocidad inusual a la que está moviéndose ha provocado que haya quien ironice comparándolo con una criptomoneda.
Las consecuencias de esta subida exprés se dejarán notar en apenas unos días. Quienes vean revisada su cuota al acabar el mes pagarán más. Y eso será una novedad para muchos: desde marzo de 2024, hace justo dos años, no sufren encarecimientos los hipotecados a tipo variable con revisión anual, algo que ahora parece inevitable salvo hundimiento del euríbor en los últimos días del mes.
El fenómeno no solo constituye un golpe al bolsillo de quienes ya tienen una hipoteca. También de quienes planean pedirla, porque la banca ofrece condiciones menos ventajosas si el euríbor sube, lo cual aumenta la factura en intereses y dificulta el acceso a un préstamo en un entorno ya por sí endiablado para el comprador debido a las alzas de precios y la falta de oferta.
Además, sus efectos se trasladan a la economía real: una cuota hipotecaria más alta supone menos dinero para gastar en ocio y restauración. Es decir, tiene un impacto negativo en el consumo, un factor clave en el crecimiento económico español de los últimos años.
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