
Durante muchos meses de 2020 y 2021, ir al supermercado o a la farmacia se convirtió en la única manera justificada para interactuar con personas fuera del hogar. La pandemia de la covid-19 obligó a una restricción de movimientos y actividades empresariales, y la restauración, como otros sectores, quedó fuera de la lista de actividades consideradas esenciales. Salvo una modalidad: la entrega a domicilio.
Las grandes pérdidas generadas tras el auge de la pandemia fuerzan la fusión de operadores y dejan el sector en manos de tres grupos: Uber, Doordash y Napsers
Durante muchos meses de 2020 y 2021, ir al supermercado o a la farmacia se convirtió en la única manera justificada para interactuar con personas fuera del hogar. La pandemia de la covid-19 obligó a una restricción de movimientos y actividades empresariales, y la restauración, como otros sectores, quedó fuera de la lista de actividades consideradas esenciales. Salvo una modalidad: la entrega a domicilio.
Aquella situación, al igual que la permanencia de algunas restricciones en 2021, disparó la actividad de un sector que nació a través de los pedidos telefónicos y evolucionó hacia las aplicaciones móviles, pero que nunca había atendido tal magnitud de pedidos. Solo en España, los ingresos generados por el reparto de comida a domicilio crecieron un 60% entre 2019 y 2021, según los datos del Gastrómetro de Just Eat, informe anual que este operador publica cada año con las principales cifras del sector.
El momento invitó al nacimiento de nuevos operadores, y los que ya estaban, aceleraron su crecimiento a través de compras. Cinco años después, la digestión de aquellos crecimientos ha llevado a un continuo proceso de concentración de plataformas, incapaces de rentabilizar un negocio con márgenes muy ajustados, y con una demanda que se ha estabilizado una vez retomada la normalidad.



El último ejemplo es el de Delivery Hero. El gran operador europeo del sector, todavía dueño de la española Glovo, está en proceso de ser absorbido por Uber, el gigante tecnológico estadounidense, que ha lanzado una oferta pública de adquisición de acciones (opa) para hacerse con el 100% del grupo, del que ya controla el 25%.

Se trata de la tercera gran operación de concentración en menos de un año, y como las otras dos, la absorbida es una empresa europea. En octubre de 2025, Just Eat Takeaway pasó a manos del fondo Prosus, de origen neerlandés, pero perteneciente al grupo sudafricano Napsers, por 4.100 millones de euros; y ese mismo mes, la estadounidense Doordash absorbió la británica Deliveroo por unos 3.400 millones de euros.
“La dinámica de operadores locales o regionales era difícil que siguiese siendo sostenible”, asegura Javier Bustillo, socio de fusiones y adquisiciones de EY. “El hecho diferenciador es que ahora se ha estabilizado la demanda en el sector, y el acceso al dinero es diferente al de hace unos años”, asegura.
La abundancia de financiación metió al sector en una espiral continua de adquisiciones, de la que Delivery Hero y Just Eat participaron activamente. La primera, absorbiendo plataformas como Pedidos Ya, Foodpanda, Talabat, Woowa o Glovo, que le abrieron los mercados de Latinoamérica, Asia, Oriente Medio o África. Just Eat, por su parte, se hizo hace 10 años con marcas españolas como La Nevera Roja o Sin Delantal, entre otras europeas, y en 2020, tras fusionarse con Takeaway.com, compró la estadounidense Grubhub por 7.000 millones.
Una estrategia que se tradujo en fuertes crecimientos de ventas, pero también en enormes números rojos, después de que algunas de esas empresas adquiridas no diesen el desempeño esperado. Entre 2020 y 2025, Delivery Hero ha acumulado unas pérdidas netas de casi 9.400 millones. Just Eat, de más de 10.000 entre 2020 y 2024: solo dos años después de comprar Grubhub, ya le buscaba comprador.
“En un sector que irrumpe de repente, como puede ser este, empiezas no siendo rentable, adquiriendo el mayor número de consumidores y usuarios de forma rápida, y cuando lo consigues, buscando economías de escala. Hubiese sido muy difícil alterar la forma en la que la gente come en su casa sin hacer grandes campañas de marketing, que son muy costosas, o con precios de reparto elevados”, analiza Bustillo.
“Cuando se alcanza la curva de penetración, y con muchos operadores perdiendo dinero, surge la oportunidad de la concentración”, dice Enrique Porta, socio responsable del sector consumo y retail de KPMG. Un informe de esta consultora habla de una “moderación” del crecimiento del delivery. Este canal representó, en 2025, el 14% del negocio de la restauración en España. Es el doble que en 2019, pero solo un punto más que en el año previo, y la recogida en local crece incluso con más fuerza: antes de la pandemia suponía el 5% del sector y ahora es el 13%.
Más escala, más datos
Cuando, tras la guerra en Ucrania, el acceso a financiación se endureció, el foco se centró en la rentabilidad de las operaciones. Eso se tradujo en la diversificación de la oferta: de entregar pedidos de restaurantes, han pasado a aliarse con supermercados y otros sectores para llevar la compra a casa, o cualquier tipo de producto que se pueda transportar. Con ello, las plataformas acceden a grandes cantidades de datos sobre los hábitos de sus consumidores y a más oportunidades para monetizar. “Para conseguir masa crítica, escalabilidad y rentabilidad con esos datos, la única forma es la consolidación”, dice Enrique Porta, que ve poco margen más para nuevas fusiones. “Y cada vez serán más caras”, avisa.
La evolución de este sector no puede desligarse de uno de los elementos que más han dominado su agenda: la relación laboral de los repartidores. En septiembre de 2020, el Tribunal Supremo español concluyó que estos debían ser considerados trabajadores por cuenta ajena, y no autónomos, algo que el Gobierno fijó en la llamada ley rider, y después la Unión Europea en una directiva. Ese modus operandi ha llevado a que la propia Delivery Hero, como dueña de Glovo, tuviese que abonar el año pasado 524 millones a la Seguridad Social por multas y otro tipo de obligaciones derivadas de la reclasificación de los repartidores, y a acumular hasta 1.000 millones en riesgos potenciales a los que se enfrenta por los conflictos judiciales abiertos. Uber Eats calculaba, a cierre de 2024, un impacto potencial de 172 millones en las cuentas de su filial española por esta misma cuestión.
Para Enrique Porta, de KPMG, el laboral no es un elemento que haya arrastrado a los operadores europeos a acabar en manos foráneas. “Lo que está detrás es la búsqueda de escalas para negociar mejor, tener más servicios, individualizar mejor la oferta, monetizar y ser rentable”, sintetiza. Dos de los compradores, Uber y Doordash, son estadounidenses, donde los repartidores no son empleados por cuenta ajena, y donde, como recuerda Javier Bustillo de EY, “las diferencias en la protección de los trabajadores y en la libre competencia son evidentes respecto a Europa”. Con Delivery Hero, Uber gestionará reservas de transporte y de pedidos a domicilio por valor de 236.000 millones de dólares. Y eso son muchos datos para monetizar.
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