Las negociaciones de paz entre EE UU e Irán siguen estancadas. Sin embargo, los mensajes lanzados este fin de semana apuntando a un posible acuerdo han bastado para contener el precio del crudo y aliviar las presiones inflacionistas. Con este telón de fondo, los inversores han dejado de lado las visiones más pesimistas y han aprovechado para tomar posiciones tanto en Bolsa como en deuda. Una semana después de que el bono alemán a diez años alcanzara máximos desde la crisis de deuda de la zona euro y de que el estadounidense a 30 años rozara niveles no vistos desde 2007, las rentabilidades han retrocedido hasta niveles de abril, cuando Teherán y Washington anunciaron un alto el fuego.
El organismo da mandato a la banca para la emisión de un bono sindicado a diez años, la tercera operación de este tipo en 2026
Las negociaciones de paz entre EE UU e Irán siguen estancadas. Sin embargo, los mensajes lanzados este fin de semana apuntando a un posible acuerdo han bastado para contener el precio del crudo y aliviar las presiones inflacionistas. Con este telón de fondo, los inversores han dejado de lado las visiones más pesimistas y han aprovechado para tomar posiciones tanto en Bolsa como en deuda. Una semana después de que el bono alemán a diez años alcanzara máximos desde la crisis de deuda de la zona euro y de que el estadounidense a 30 años rozara niveles no vistos desde 2007, las rentabilidades han retrocedido hasta niveles de abril, cuando Teherán y Washington anunciaron un alto el fuego.
El Tesoro, que ya ha completado las emisiones previstas en calendario para el mes de mayo, trata de exprimir al máximo la calma y da un acelerón a su programa de financiación. El organismo que dirige Paula Conthe ha dado mandato a BBVA, Citi, Deutsche Bank, Morgan Stanley, Santander y Société Générale para la emisión de un nuevo bono a 10 años sindicado. A diferencia de las subastas tradicionales, estas operaciones se realizan fuera del calendario oficial y se apoyan en un grupo de bancos colocadores que distribuyen directamente los títulos. La emisión, cuyo importe aún no se ha hecho público, suele situarse entre los 10.000 y 15.000 millones de euros y podría cerrarse previsiblemente mañana. Hace un año, el Tesoro colocó 13.000 millones con un cupón del 3,2%.
Con esta, serían ya tres las operaciones sindicadas en lo que va de 2026. A la tradicional emisión de inicio de año —en la que España captó 15.000 millones con una demanda récord de 144.900 millones— se suman los 7.000 millones en deuda a 30 años, la primera referencia a este plazo desde 2024.
En los últimos meses, las condiciones de mercado han dado un giro notable. Antes del estallido del conflicto en Oriente Próximo, las perspectivas de crecimiento al alza y una inflación contenida respaldaban tanto a la deuda como a la renta variable. Ese equilibrio se rompió con los ataques de EE UU e Israel a Irán y, especialmente, con el cierre del estrecho de Ormuz, un enclave clave para el suministro energético global. A punto de cumplirse tres meses desde el inicio de la contienda, la economía se adentra en la que ya es la mayor crisis de suministro energético. Los inversores y los organismos internacionales tratan de calibrar su impacto: las presiones inflacionistas han repuntado con fuerza y el crecimiento comienza a ralentizarse, especialmente en Europa, más dependiente de las importaciones energéticas.
Aunque los organismos internacionales siguen situando a la economía española entre las más resilientes, el riesgo de un endurecimiento monetario empieza a trasladarse a los mercados. Las expectativas de nuevas subidas de tipos por parte del BCE han impulsado al alza las rentabilidades. Las letras a 12 meses ya ofrecen un 2,65%, máximos desde septiembre de 2024. Pese a que en las últimas semanas incluso los miembros más restrictivos del Consejo de Gobierno han moderado su discurso y apuntan a que, si la inflación no repunta con más intensidad, podría no ser necesario elevar tipos en junio, el mercado sigue descontando un encarecimiento del dinero a corto plazo. El recuerdo de la crisis inflacionista tras el estallido de la guerra en Ucrania en 2022 continúa pesando, y los bancos centrales harán todo lo posible para evitar repetir ese escenario.
Al ruido internacional se suma el creciente frente político doméstico. Si hasta ahora las dificultades para sacar adelante los presupuestos y la fragmentación evidenciada en las elecciones autonómicas constituían el principal lastre, la investigación al expresidente José Luis Rodríguez Zapatero introduce un nuevo foco de incertidumbre. La pérdida de apoyos de las formaciones que facilitaron la investidura de Pedro Sánchez reaviva el riesgo de un adelanto electoral, una posibilidad que el Ejecutivo descarta y que el mercado, por ahora, no ha incorporado en precios.
El apetito de los inversores por el papel español se mantiene intacto y la mejor prueba de ello es que la prima de riesgo, termómetro de tensión, se mantiene por debajo de los 45 puntos básicos. Los analistas de Bank of America reiteran, además, su preferencia por el papel español a largo plazo frente a otras referencias como la portuguesa, apoyándose en la buena gestión del Tesoro y en el adelanto de su programa de financiación. En este contexto, la nueva emisión se perfila como una auténtica prueba de fuego: un test clave para calibrar hasta qué punto el mercado está dispuesto a seguir financiando a España pese al aumento de la incertidumbre global y doméstica.
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