A la pregunta inevitable de qué hace un empresario japonés en la guerra de Ucrania, Toru Tokushige, presidente del fabricante de drones Terra Drone Corporation, responde con dos razones: una oportunidad de negocio inexistente en su país y la convicción de que Japón es un archipiélago con alto riesgo de ser atacado.
Terra Drone es uno de los principales proveedores mundiales de vehículos aéreos no tripulados y ha recibido el primer encargo de su país
A la pregunta inevitable de qué hace un empresario japonés en la guerra de Ucrania, Toru Tokushige, presidente del fabricante de drones Terra Drone Corporation, responde con dos razones: una oportunidad de negocio inexistente en su país y la convicción de que Japón es un archipiélago con alto riesgo de ser atacado.
Tokushige, de 56 años, recibe a EL PAÍS en su despacho del centro de Tokio, y durante toda la conversación mantiene los dedos sobre el teclado de un ordenador portátil conectado a una pantalla gigante. En un mapa de Ucrania señala Járkov, a 30 kilómetros de la frontera rusa donde tiene su sede Amazing Drones, el fabricante de drones interceptores del que ya es accionista mayoritario. Járkov, la segunda ciudad de Ucrania en población, es blanco frecuente de los drones bomba rusos Shahed y firmas como Amazing Drones cambian cada seis meses su ubicación.
Ingeniero de la Universidad de Kyushu, trabajó seis años en Silicon Valley y fundó Terra Drone en 2016 para fabricar drones industriales que inspeccionan infraestructuras de energía y construcción. Desde 2020 la firma figura entre los primeros proveedores mundiales de servicios de drones comerciales según la consultora alemana Drone Industry Insights (Droneii). En 2024, Terra Drone empezó a cotizar en la sección Growth de la Bolsa de Tokio, un segmento dedicado a empresas emergentes con alto potencial de crecimiento. Antes de pensar en Ucrania, Tokushige había intentado, sin éxito, ofrecer su tecnología al ejército japonés.
Se topó con un sector de defensa complejo, supeditado a licitaciones que requieren años y dominado por gigantes como Mitsubishi Heavy Industries (MHI). Decidido a “encontrar pistas”, en septiembre de 2025 viajó a Ucrania para participar en ferias de productos de defensa. Encontró un mercado saturado de drones del tipo FPV (First Person View), una nave de ataque directo pilotada a control remoto y que algunos medios europeos definen como un “kamikaze barato”. Tokushige los describe como aparatos masificados, de fácil fabricación, ensamblados con componentes chinos. Buscó entonces un producto diferenciado y encontró el interceptor de Amazing Drones, un dron diseñado por ingenieros y militares ucranios para derribar un objetivo en pleno vuelo. “Quedé muy impresionado”, dice. Destaca su bajo precio (unos 2.600 euros), y resume la lección que ha dejado la guerra de Ucrania: no resiste quien tiene el ejército más grande, sino quien gasta menos por cada golpe que da.
Con el aporte de la tecnología japonesa Amazing Drones desarrolló el Terra A1, un interceptor tipo cohete de corto alcance con carga explosiva. El anuncio de la entrada de capital de Terra Drone en la empresa ucrania provocó una protesta del Ministerio de Asuntos Exteriores ruso. En un comunicado, Rusia cita “las provocaciones criminales sistemáticas de Ucrania mediante el uso de vehículos aéreos no tripulados contra emplazamientos civiles” y califica la inversión nipona de gesto “abiertamente hostil y lesivo para los intereses de seguridad de nuestro país”. También lamenta la política “poco amistosa” de Tokio hacia Rusia bajo el nuevo Gobierno de la primera ministra Sanae Takaichi y señala: “Las relaciones entre nuestras dos naciones han alcanzado un mínimo histórico”. Según la agencia Jiji Press, el embajador de Japón en Moscú objetó la queja.
El 28 de abril, Terra Drone anunció que un dron Terra A1 había derribado por primera vez una “amenaza aérea no tripulada de largo alcance” y publicó un vídeo en YouTube. La imagen de cámara infrarroja muestra la persecución de un artefacto con la silueta en ala delta típica del Shahed, un diseño iraní fabricado en Rusia con un costo de unos 35.000 euros. Ese mismo día, Terra Drone anunció la alianza con una segunda empresa ucrania de tecnología de defensa, WinnyLab LLC, para el desarrollo de un dron de ala fija llamado Terra A2. Tanto el Terra A1 como el Terra A2 superan en más de 100 kilómetros la velocidad de 200 kilómetros por hora del Shahed.
Durante sus 14 visitas a Ucrania en los pasados 10 meses, Tokushige ha acumulado en su móvil numerosas alertas de ataques aéreos. “Son diarias y entran a las dos, a las tres y a las cuatro de la madrugada”, subraya, y recuerda que muchas veces ha tenido que pasar la noche en refugios subterráneos. Añade que la frecuencia de los ataques permite hacer pruebas en tiempo real en un entorno de combate diario. Los fabricantes de drones reciben información constante de las tropas y peticiones de cambios que mejoran el producto en ciclos de tres meses. Su plan para optimizar el interceptor y entrar en el mercado internacional incluye escalar la producción a 1.000 unidades mensuales desde las 100 actuales.
Terra Drone está vinculada a Indra a raíz de la adquisición en 2023 de Unifly, firma belga líder en Gestión del Tráfico de Aeronaves No Tripuladas que participa en la plataforma digital de gestión de drones (U-Space), en alianza con la española y Airbus. Si Ucrania abrió una nueva línea de negocio en el extranjero, la guerra de Oriente Próximo propició la entrada de Terra Drone al mercado japonés cuando el Ministerio de Defensa convocó una licitación urgente para fabricar drones en junio. Se presentaron 38 empresas internacionales, y, en una decisión inusual por su premura, el Ministerio seleccionó cuatro modelos, entre ellos la propuesta de Terra Drone. La Fuerza Marítima de Autodefensa realizó ensayos en condiciones reales y el 25 de agosto la Agencia de Equipamiento, Logística y Tecnología de Defensa (ATLA, por sus siglas en inglés) anunció la firma de un contrato de adquisición con Terra Drone para la producción en masa de su modelo Terra B1.
El contrato no solo valida la tecnología de Tokushige sino que marca un hito en los plazos habituales del sector de defensa japonés, pasando de las pruebas a la producción industrial a escala en cuestión de semanas.
Aunque la Constitución de Japón sigue siendo pacifista en el papel, en la práctica el país tiene un ejército cada vez mejor armado, cuenta con un presupuesto cercano al 2% del PIB y sus empresas pueden exportar armas letales. El empresario se muestra partidario de cambiar la Ley Fundamental y cita un argumento casi idéntico a la postura oficial: “Estamos rodeados por China, Corea del Norte y Rusia, los lugares más peligrosos del mundo. Si no tenemos con qué defendernos, podríamos ser invadidos fácilmente”.
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