
La próxima década será decisiva para Europa. La transición energética, la revolución tecnológica, la digitalización, la defensa y la modernización industrial exigirán una capacidad de inversión sin precedentes. La buena noticia es que el continente no parte de cero: cuenta con empresas competitivas, talento, uno de los mayores niveles de ahorro del mundo y un enorme atractivo para los inversores internacionales. El verdadero desafío consiste ahora en transformar esas fortalezas en una mayor capacidad para financiar el crecimiento.
El continente dispone de recursos suficientes, pero necesita mercados más profundos e integrados para canalizarlos hacia la economía productiva 
La próxima década será decisiva para Europa. La transición energética, la revolución tecnológica, la digitalización, la defensa y la modernización industrial exigirán una capacidad de inversión sin precedentes. La buena noticia es que el continente no parte de cero: cuenta con empresas competitivas, talento, uno de los mayores niveles de ahorro del mundo y un enorme atractivo para los inversores internacionales. El verdadero desafío consiste ahora en transformar esas fortalezas en una mayor capacidad para financiar el crecimiento.
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