Los resultados de las elecciones de Extremadura, Aragón y Castilla y León pueden representar el momento culmen de Vox y el inicio de su desplome, algo que se puede confirmar en las andaluzas del 17 de mayo. Sin duda, puede parecer muy precipitado y agorero afirmar que la formación de extrema derecha ha entrado en barrena, aunque se trate de una corriente soterrada, pero si se repasa la breve historia de Ciudadanos se verá que empiezan a darse demasiados puntos en común entre la situación actual del partido de Santiago Abascal y la de Albert Rivera en aquel verano de 2019.
El auge y caída del partido de Rivera fue en seis meses; en medio se convirtió en muleta del PP y empezaron las peleas internas
Los resultados de las elecciones de Extremadura, Aragón y Castilla y León pueden representar el momento culmen de Vox y el inicio de su desplome, algo que se puede confirmar en las andaluzas del 17 de mayo. Sin duda, puede parecer muy precipitado y agorero afirmar que la formación de extrema derecha ha entrado en barrena, aunque se trate de una corriente soterrada, pero si se repasa la breve historia de Ciudadanos se verá que empiezan a darse demasiados puntos en común entre la situación actual del partido de Santiago Abascal y la de Albert Rivera en aquel verano de 2019.
Pedro Sánchez asumió la presidencia del Gobierno el 1 de junio de 2018 tras ganar la moción de censura a Mariano Rajoy. Llegó con la promesa de convocar elecciones de inmediato, pero las urnas no se abrieron hasta el 28 de abril de 2019, cuatro meses después del desastre en las andaluzas que llevó al PP a la presidencia. Las generales supusieron que el PSOE retomara el liderazgo parlamentario, con 123 escaños, y alejaron el temor al sorpasso de Podemos, que tres años antes se había quedado a 14 escaños (85 versus 71). Al tiempo, el PP se hundía hasta 66 escaños y se quedaba muy cerca de Ciudadanos, que alcanzaba su récord del 16% de los votos y 57 escaños. Además, emergía a escala nacional otro competidor en la derecha, Vox, que con el 10,3% de los sufragios conseguía 24 diputados.
Era un panorama en el que no había suma posible para gobernar por la derecha; en cambio, Sánchez tenía matemáticamente dos opciones. Una hacia el centro: con Ciudadanos alcanzaba 180 escaños; y otra hacia la izquierda más radical, ya que con Podemos y ERC sumaba 181. Nadie movió ficha, ya que 30 días después eran las elecciones autonómicas, municipales y europeas y nadie quería enseñar la patita. Llegaron estos comicios, y pasó lo mismo que en las generales: subida de los socialistas, hundimiento del PP y subidón increíble de Ciudadanos.
Era el momento de retratarse y Ciudadanos dejó claro que no era un partido bisagra, como vendía, sino el apoyo del PP. En diciembre de 2018 había acordado en Andalucía un Gobierno de coalición con el PP y apoyo externo, sin entrar en el Gobierno, de Vox, que permitió nombrar presidente de la región a Juanma Moreno y vicepresidente a Juan Marín, además de asumir varias consejerías. Este mismo modelo se repetiría en Madrid, Castilla y León y Murcia, lo que aupó a la presidencia de estas comunidades a los candidatos del PP, Isabel Díaz Ayuso, Alfonso Fernández Mañueco y Fernando López Miras, pese a que el PSOE fue en los cuatro casos, Andalucía incluida, la lista más votada.
Con este panorama, con Rivera girando totalmente al partido hacia la derecha –pese a que algunos dirigentes, como el candidato de Ciudadanos de Castilla y León, querían pactar con los socialistas–, construir una alternativa en el Gobierno central resultó imposible. Además, todos los partidos (PSOE incluido) jugaron a mejorar en unas nuevas elecciones y así pasó, que seis meses después, el 10 de noviembre de 2019, se votaba de nuevo. Los electores tomaron nota de que el partido naranja era una extensión más de la derecha, que había perdido el quicio que permite girar a un lado y otro, y se dio un sopapo monumental, al perder 47 escaños y quedarse en 10. Los grandes beneficiarios de esta debacle fueron Vox, que pasó de 24 a 52, y en menor medida el PP, que mejoró 23 escaños, hasta 89. ¿Qué hubiera pasado en este país si Rivera hubiera aceptado ser vicepresidente de Sánchez? Nunca lo sabremos.

Hoy Vox se encuentra en aquella tesitura de Ciudadanos. El escenario más probable es que el candidato de Vox sea el vicepresidente de Extremadura, Aragón y Castilla y León, y habrá que esperar a mayo para ver qué sucede en Andalucía. Lo que se decida en estas cuatro comunidades va a tener impacto en las autonómicas y municipales de mayo del año que viene y en las próximas generales, que serán cuando los cálculos de Sánchez manden, pero en todo caso antes de finales de julio del año próximo.
En Vox quieren transmitir euforia con los resultados que han tenido en las tres últimas autonómicas, pero, cuando se pone la lupa en las urnas de Castilla y León, se concluye que el resultado tiene un punto de espejismo. Los comicios de esta región tenían varias particularidades: se adjudicaba un diputado más en Segovia, volaba el 4,5% de votos que tuvo en las anteriores elecciones Ciudadanos y se tenía que ventilar quién era el beneficiario de la caída de Soria Ya. El diputado de Segovia se lo ha llevado el PSOE, los votos de Ciudadanos han ido a parar casi en su totalidad al PP (que sube un 4%), y los dos escaños perdidos por la formación soriana han recalado en el PSOE y Vox. Por tanto, la mejoría de la formación de ultraderecha está muy localizada en Soria, y en el conjunto de la región apenas aumenta un 1,3%, hasta acumular el 18,9% de las papeletas.
Pero hay dos novedades que no han pesado en ese resultado y sí lo van a hacer en Andalucía: la gestión de los pactos en Extremadura, Aragón y Castilla y León y la batalla cainita en la dirección del partido. Estos mismos elementos concurrieron en el desplome de Ciudadanos. Vox ya pactó en las últimas elecciones con el PP y dejó los Gobiernos a mitad de la legislatura con la excusa de su política con la inmigración. Ahora va a volver a pactar con el PP en todas las regiones. La conclusión de votante puede ser muy sencilla: para que acaben asociados con el PP o rompiendo, mejor votar directamente al PP. Es lo que le pasó a Ciudadanos.
A esto se suma el eventual impacto de las guerras internas de Vox, que en el caso del partido de Rivera se generalizaron cuando el partido enfilaba el precipicio. En el partido verde, Santiago Abascal está ejerciendo una selección al más alto nivel que ha llevado a que sea el único que queda de los fundadores del partido; esto, además, en una formación que se caracteriza por faltarle talento por todos los lados. Tan es así, que buena parte de la estrategia la tiene externalizada en Tizona, una empresa de la familia Ariza y de Méndez-Monasterio que está siendo la diana de los purgados, que ahora, cuando están fuera, se echan las manos a la cabeza por algo que lleva siendo así desde el principio de los tiempos. Realmente, la novedad es que la derecha mediática ha decidido dar espacio a los críticos, porque están llegando a la conclusión de que con Vox no van a ningún lado. No hay más que ver la deriva de la flota de ultraderecha encabezada por Donald Trump y seguida por otros próceres como Benjamín Netanyahu o Javier Milei. ¡Patria o muerte!, gritaba el dictador comunista Fidel Castro. Estos han cambiado la conjunción copulativa.
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