Un video difundido esta semana en redes sociales captó a un hombre realizando una pintada en la zona de Ciudad Vieja de Montevideo y reavivó la polémica por los grafitis firmados como “Ruzok”, que desde hace años aparecen en muros, comercios, fachadas patrimoniales y edificios de distintos barrios de la capital. Durante el registro, realizado por un conductor que pasaba por el lugar, quien filma le pregunta al hombre: “¿por qué no te vas a rayar a tu casa?” Los registros más tempranos de las pintadas de Ruzok en redes sociales datan de 2023. Desde entonces, usuarios señalan que “ha tagueado él solo toda la ciudad. Toda. Grafiteó casas, monumentos, carteles, todo”. El tagging, la expresión de los marginados Las intervenciones de Ruzok no son murales artísticos ni mensajes de contenido político. Se trata de lo que en el mundo del grafiti se denomina tagging o bombing: simplemente su firma, la palabra “Ruzok”, repetida compulsivamente en cualquier superficie disponible. Sin dibujos elaborados, sin colores, sin mensaje visible. Este estilo surgió en la Nueva York de la década de 1970 y reflejaba la alienación de personas marginadas que sentían la necesidad de decir “acá estoy, soy parte de esta ciudad”. Con el tiempo se convirtió en una práctica de ocupación del espacio público. Un experto en arte urbano explicó que el tagging responde a una lógica de conquista territorial: “Aquí estuve yo, este es mi lugar, este soy yo y aquí pongo mi firma”. Los grafiteros suelen ensayar sus firmas en cuadernos antes de plasmarlas en paredes y la elección del espacio no siempre es totalmente caprichosa. Sin embargo, cuando esa lógica se ejerce sobre fachadas patrimoniales, edificios nuevos o monumentos históricos, el conflicto con vecinos, comerciantes y autoridades es inevitable. La reacción institucional El Ministerio del Interior y la Intendencia de Montevideo trabajan en conjunto para reunir información sobre las pintadas y presentar una denuncia ante Fiscalía. La directora de Cultura de la Intendencia, Débora Quiring, sostuvo que la ciudad debe “buscar un consenso” entre el arte callejero y la preservación del patrimonio urbano. “Hay, sin duda, una excelente política de arte callejero y, por otro lado, hay intervenciones, como es este caso en particular, que atentan contra fachadas patrimoniales del Centro y Ciudad Vieja, que no apuntan a la convivencia”, afirmó. Pese al escrache en redes sociales y a los operativos en curso, Ruzok continuó grafiteando. Una de las personas afectadas relató: “Así amaneció. Recién terminado de pintar. Cerro Largo y Ciudadela, edificio nuevo”. La reacción política y vecinal El Grupo Centro, que nuclea a comerciantes del área, manifestó su preocupación a través de su representante Federico Celsi, quien dijo esperar que el caso permita avanzar en medidas concretas para frenar este tipo de daños. Desde la oposición, ediles de la Lista 22 del Partido Nacional enviaron una carta al intendente Mario Bergara reclamando intervención para ubicar a los responsables. Desde el Partido Nacional se propuso además retomar el programa Borrón y Cuenta Nueva, una alianza entre el municipio y los vecinos en la que la Intendencia aporta la mano de obra y los residentes la pintura para recuperar fachadas afectadas, con el objetivo de extenderlo a toda la ciudad. El episodio reavivó un debate que en Uruguay tiene años: dónde termina el arte urbano y dónde comienza el vandalismo, en particular cuando las pintadas afectan edificios de valor patrimonial o propiedades privadas. La Intendencia de Montevideo, por primera vez en mucho tiempo, parece dispuesta a trazar esa línea ante la Justicia. Una historia que terminó en tragedia: el asesinato de Plef El debate sobre los límites del grafiti en Montevideo tiene un antecedente que marcó a fuego a la comunidad de artistas urbanos. El 16 de febrero de 2019, Felipe Cabral, de 29 años, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza junto a una bicicleta y una mochila con pinceles y aerosoles, en el muro de una casa abandonada en Rambla República de México y Belastiqui, en Punta Gorda. Estaba retocando uno de sus grafitis cuando fue asesinado. Cabral era conocido en el mundo del grafiti como Plef –un juego con las letras de su nombre de pila pronunciado al revés– y era reconocido por sus murales con contenido político, sus dibujos de cabezas de gato y su militancia en el Partido Comunista. Por el asesinato fueron detenidos un hombre de 77 años y su hijo, quienes vivían en la casa lindera a la vivienda abandonada donde Plef fue ultimado. Las pericias confirmaron que la bala salió desde esa casa, donde se encontraron varias armas sin declarar, aunque no el arma homicida. El principal sospechoso falleció en mayo de 2019 a causa de una enfermedad terminal, sin que se pudiera comprobar que fuera el autor material del homicidio. La respuesta política del Frente Amplio fue de solidaridad con la familia y reclamo de justicia. El senador comunista Óscar Andrade estuvo presente en la manifestación frente a la Fiscalía al cumplirse el primer aniversario del crimen, en tanto el entonces edil frenteamplista Mariano Ariana calificó el homicidio de “muerte absurda e increíble” y señaló: “que por estar pintando un muro se presuma algo y le peguen un tiro y maten a una persona…” Seis años después del crimen, nadie fue procesado por homicidio ni por encubrimiento. La fiscal Morales nunca archivó el expediente, pero el caso permanece en la sombra de la impunidad. El asesinato de Plef sigue siendo una herida abierta para la comunidad artística uruguaya y un recordatorio de que el debate sobre el grafiti en la ciudad puede tener consecuencias que van mucho más allá de una pintada en una pared. → Leer más
Un video difundido esta semana en redes sociales captó a un hombre realizando una pintada en la zona de Ciudad Vieja de Montevideo y reavivó la polémica por los grafitis firmados como “Ruzok”, que desde hace años aparecen en muros, comercios, fachadas patrimoniales y edificios de distintos barrios de la capital. Durante el registro, realizado por un conductor que pasaba por el lugar, quien filma le pregunta al hombre: “¿por qué no te vas a rayar a tu casa?” Los registros más tempranos de las pintadas de Ruzok en redes sociales datan de 2023. Desde entonces, usuarios señalan que “ha tagueado él solo toda la ciudad. Toda. Grafiteó casas, monumentos, carteles, todo”. El tagging, la expresión de los marginados Las intervenciones de Ruzok no son murales artísticos ni mensajes de contenido político. Se trata de lo que en el mundo del grafiti se denomina tagging o bombing: simplemente su firma, la palabra “Ruzok”, repetida compulsivamente en cualquier superficie disponible. Sin dibujos elaborados, sin colores, sin mensaje visible. Este estilo surgió en la Nueva York de la década de 1970 y reflejaba la alienación de personas marginadas que sentían la necesidad de decir “acá estoy, soy parte de esta ciudad”. Con el tiempo se convirtió en una práctica de ocupación del espacio público. Un experto en arte urbano explicó que el tagging responde a una lógica de conquista territorial: “Aquí estuve yo, este es mi lugar, este soy yo y aquí pongo mi firma”. Los grafiteros suelen ensayar sus firmas en cuadernos antes de plasmarlas en paredes y la elección del espacio no siempre es totalmente caprichosa. Sin embargo, cuando esa lógica se ejerce sobre fachadas patrimoniales, edificios nuevos o monumentos históricos, el conflicto con vecinos, comerciantes y autoridades es inevitable. La reacción institucional El Ministerio del Interior y la Intendencia de Montevideo trabajan en conjunto para reunir información sobre las pintadas y presentar una denuncia ante Fiscalía. La directora de Cultura de la Intendencia, Débora Quiring, sostuvo que la ciudad debe “buscar un consenso” entre el arte callejero y la preservación del patrimonio urbano. “Hay, sin duda, una excelente política de arte callejero y, por otro lado, hay intervenciones, como es este caso en particular, que atentan contra fachadas patrimoniales del Centro y Ciudad Vieja, que no apuntan a la convivencia”, afirmó. Pese al escrache en redes sociales y a los operativos en curso, Ruzok continuó grafiteando. Una de las personas afectadas relató: “Así amaneció. Recién terminado de pintar. Cerro Largo y Ciudadela, edificio nuevo”. La reacción política y vecinal El Grupo Centro, que nuclea a comerciantes del área, manifestó su preocupación a través de su representante Federico Celsi, quien dijo esperar que el caso permita avanzar en medidas concretas para frenar este tipo de daños. Desde la oposición, ediles de la Lista 22 del Partido Nacional enviaron una carta al intendente Mario Bergara reclamando intervención para ubicar a los responsables. Desde el Partido Nacional se propuso además retomar el programa Borrón y Cuenta Nueva, una alianza entre el municipio y los vecinos en la que la Intendencia aporta la mano de obra y los residentes la pintura para recuperar fachadas afectadas, con el objetivo de extenderlo a toda la ciudad. El episodio reavivó un debate que en Uruguay tiene años: dónde termina el arte urbano y dónde comienza el vandalismo, en particular cuando las pintadas afectan edificios de valor patrimonial o propiedades privadas. La Intendencia de Montevideo, por primera vez en mucho tiempo, parece dispuesta a trazar esa línea ante la Justicia. Una historia que terminó en tragedia: el asesinato de Plef El debate sobre los límites del grafiti en Montevideo tiene un antecedente que marcó a fuego a la comunidad de artistas urbanos. El 16 de febrero de 2019, Felipe Cabral, de 29 años, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza junto a una bicicleta y una mochila con pinceles y aerosoles, en el muro de una casa abandonada en Rambla República de México y Belastiqui, en Punta Gorda. Estaba retocando uno de sus grafitis cuando fue asesinado. Cabral era conocido en el mundo del grafiti como Plef –un juego con las letras de su nombre de pila pronunciado al revés– y era reconocido por sus murales con contenido político, sus dibujos de cabezas de gato y su militancia en el Partido Comunista. Por el asesinato fueron detenidos un hombre de 77 años y su hijo, quienes vivían en la casa lindera a la vivienda abandonada donde Plef fue ultimado. Las pericias confirmaron que la bala salió desde esa casa, donde se encontraron varias armas sin declarar, aunque no el arma homicida. El principal sospechoso falleció en mayo de 2019 a causa de una enfermedad terminal, sin que se pudiera comprobar que fuera el autor material del homicidio. La respuesta política del Frente Amplio fue de solidaridad con la familia y reclamo de justicia. El senador comunista Óscar Andrade estuvo presente en la manifestación frente a la Fiscalía al cumplirse el primer aniversario del crimen, en tanto el entonces edil frenteamplista Mariano Ariana calificó el homicidio de “muerte absurda e increíble” y señaló: “que por estar pintando un muro se presuma algo y le peguen un tiro y maten a una persona…” Seis años después del crimen, nadie fue procesado por homicidio ni por encubrimiento. La fiscal Morales nunca archivó el expediente, pero el caso permanece en la sombra de la impunidad. El asesinato de Plef sigue siendo una herida abierta para la comunidad artística uruguaya y un recordatorio de que el debate sobre el grafiti en la ciudad puede tener consecuencias que van mucho más allá de una pintada en una pared. → Leer más
Un video difundido esta semana en redes sociales captó a un hombre realizando una pintada en la zona de Ciudad Vieja de Montevideo y reavivó la polémica por los grafitis firmados como “Ruzok”, que desde hace años aparecen en muros, comercios, fachadas patrimoniales y edificios de distintos barrios de la capital. Durante el registro, realizado por un conductor que pasaba por el lugar, quien filma le pregunta al hombre: “¿por qué no te vas a rayar a tu casa?” Los registros más tempranos de las pintadas de Ruzok en redes sociales datan de 2023. Desde entonces, usuarios señalan que “ha tagueado él solo toda la ciudad. Toda. Grafiteó casas, monumentos, carteles, todo”. El tagging, la expresión de los marginados Las intervenciones de Ruzok no son murales artísticos ni mensajes de contenido político. Se trata de lo que en el mundo del grafiti se denomina tagging o bombing: simplemente su firma, la palabra “Ruzok”, repetida compulsivamente en cualquier superficie disponible. Sin dibujos elaborados, sin colores, sin mensaje visible. Este estilo surgió en la Nueva York de la década de 1970 y reflejaba la alienación de personas marginadas que sentían la necesidad de decir “acá estoy, soy parte de esta ciudad”. Con el tiempo se convirtió en una práctica de ocupación del espacio público. Un experto en arte urbano explicó que el tagging responde a una lógica de conquista territorial: “Aquí estuve yo, este es mi lugar, este soy yo y aquí pongo mi firma”. Los grafiteros suelen ensayar sus firmas en cuadernos antes de plasmarlas en paredes y la elección del espacio no siempre es totalmente caprichosa. Sin embargo, cuando esa lógica se ejerce sobre fachadas patrimoniales, edificios nuevos o monumentos históricos, el conflicto con vecinos, comerciantes y autoridades es inevitable. La reacción institucional El Ministerio del Interior y la Intendencia de Montevideo trabajan en conjunto para reunir información sobre las pintadas y presentar una denuncia ante Fiscalía. La directora de Cultura de la Intendencia, Débora Quiring, sostuvo que la ciudad debe “buscar un consenso” entre el arte callejero y la preservación del patrimonio urbano. “Hay, sin duda, una excelente política de arte callejero y, por otro lado, hay intervenciones, como es este caso en particular, que atentan contra fachadas patrimoniales del Centro y Ciudad Vieja, que no apuntan a la convivencia”, afirmó. Pese al escrache en redes sociales y a los operativos en curso, Ruzok continuó grafiteando. Una de las personas afectadas relató: “Así amaneció. Recién terminado de pintar. Cerro Largo y Ciudadela, edificio nuevo”. La reacción política y vecinal El Grupo Centro, que nuclea a comerciantes del área, manifestó su preocupación a través de su representante Federico Celsi, quien dijo esperar que el caso permita avanzar en medidas concretas para frenar este tipo de daños. Desde la oposición, ediles de la Lista 22 del Partido Nacional enviaron una carta al intendente Mario Bergara reclamando intervención para ubicar a los responsables. Desde el Partido Nacional se propuso además retomar el programa Borrón y Cuenta Nueva, una alianza entre el municipio y los vecinos en la que la Intendencia aporta la mano de obra y los residentes la pintura para recuperar fachadas afectadas, con el objetivo de extenderlo a toda la ciudad. El episodio reavivó un debate que en Uruguay tiene años: dónde termina el arte urbano y dónde comienza el vandalismo, en particular cuando las pintadas afectan edificios de valor patrimonial o propiedades privadas. La Intendencia de Montevideo, por primera vez en mucho tiempo, parece dispuesta a trazar esa línea ante la Justicia. Una historia que terminó en tragedia: el asesinato de Plef El debate sobre los límites del grafiti en Montevideo tiene un antecedente que marcó a fuego a la comunidad de artistas urbanos. El 16 de febrero de 2019, Felipe Cabral, de 29 años, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza junto a una bicicleta y una mochila con pinceles y aerosoles, en el muro de una casa abandonada en Rambla República de México y Belastiqui, en Punta Gorda. Estaba retocando uno de sus grafitis cuando fue asesinado. Cabral era conocido en el mundo del grafiti como Plef –un juego con las letras de su nombre de pila pronunciado al revés– y era reconocido por sus murales con contenido político, sus dibujos de cabezas de gato y su militancia en el Partido Comunista. Por el asesinato fueron detenidos un hombre de 77 años y su hijo, quienes vivían en la casa lindera a la vivienda abandonada donde Plef fue ultimado. Las pericias confirmaron que la bala salió desde esa casa, donde se encontraron varias armas sin declarar, aunque no el arma homicida. El principal sospechoso falleció en mayo de 2019 a causa de una enfermedad terminal, sin que se pudiera comprobar que fuera el autor material del homicidio. La respuesta política del Frente Amplio fue de solidaridad con la familia y reclamo de justicia. El senador comunista Óscar Andrade estuvo presente en la manifestación frente a la Fiscalía al cumplirse el primer aniversario del crimen, en tanto el entonces edil frenteamplista Mariano Ariana calificó el homicidio de “muerte absurda e increíble” y señaló: “que por estar pintando un muro se presuma algo y le peguen un tiro y maten a una persona…” Seis años después del crimen, nadie fue procesado por homicidio ni por encubrimiento. La fiscal Morales nunca archivó el expediente, pero el caso permanece en la sombra de la impunidad. El asesinato de Plef sigue siendo una herida abierta para la comunidad artística uruguaya y un recordatorio de que el debate sobre el grafiti en la ciudad puede tener consecuencias que van mucho más allá de una pintada en una pared. → Leer más
