Hablar de consensos hoy en América Latina y el Caribe parece una auténtica quimera. Poco tienen en común las agendas de las dos mayores democracias de la región —el Brasil de Lula y el México de Claudia Sheinbaum—, con la Argentina de Javier Milei, el Chile de José Antonio Kast, la Colombia de Abelardo de la Espriella o El Salvador de Nayib Bukele. Pero aunque pensar en acuerdos políticos parece más lejano que nunca, la integración es un elemento fundamental para que el subcontinente pueda tener una voz propia en la economía global, transforme sus riquezas en oportunidades y no caiga en un nuevo ciclo de extractivismo de sus recursos. Esta es la principal conclusión a la que llegaron los participantes de la mesa América Latina y Europa en una economía global fragmentada durante el foro World in Progress Barcelona (WIP), organizado por el Grupo Prisa (editor de EL PAÍS).
Expertos piden en el WIP fortalecer la institucionalidad de los países y sembrar consensos frente a la polarización para que la región no caiga en un nuevo ciclo de extractivismo
Hablar de consensos hoy en América Latina y el Caribe parece una auténtica quimera. Poco tienen en común las agendas de las dos mayores democracias de la región —el Brasil de Lula y el México de Claudia Sheinbaum—, con la Argentina de Javier Milei, el Chile de José Antonio Kast, la Colombia de Abelardo de la Espriella o El Salvador de Nayib Bukele. Pero aunque pensar en acuerdos políticos parece más lejano que nunca, la integración es un elemento fundamental para que el subcontinente pueda tener una voz propia en la economía global, transforme sus riquezas en oportunidades y no caiga en un nuevo ciclo de extractivismo de sus recursos. Esta es la principal conclusión a la que llegaron los participantes de la mesa América Latina y Europa en una economía global fragmentada durante el foro World in Progress Barcelona (WIP), organizado por el Grupo Prisa (editor de EL PAÍS).
“América Latina tiene que integrarse más. Es un imperativo más categórico. La falta de una estrategia explícita la debilita”, ha asegurado el ex alto representante de la Unión Europea para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad Josep Borrell, quien ha dicho que la falta de una estrategia de integración hace que la región “juegue bajo las reglas de los demás” y puede hacerla caer en un nuevo ciclo de extractivismo, ya que el 70% de sus recursos minerales —fundamentales para la transición energética— salen en bruto, sin ser refinados. “Igual que nosotros [la UE] lanzamos nuestra integración sobre el carbón y el acero, ellos pueden lanzar su integración sobre las bases de sus riquezas: los minerales críticos de los que dependemos todos: el agua, los alimentos y las energías renovables”, ha insistido. “La integración política vendrá después”.
Además, Borrell, quien desde su rol como representante de Exteriores europeo forjó un acercamiento con América Latina, ha dicho que Europa también puede hacer más para fomentar el desarrollo de la región. En ese sentido, ha recordado que solo un 9% de las exportaciones latinoamericanas y caribeñas tienen como destino países europeos. Y ha planteado eximir de aranceles a “todo producto producido en cualquier país latinoamericano” y crear una “gran área de libre comercio” común.
Con más de 660 millones de habitantes, América Latina y el Caribe tiene algunos activos fundamentales, como cerca del 40% de la biodiversidad mundial, grandes reservas de agua y alimentos —que exporta a nivel global—, además de algunos de los minerales clave para la transición energética. Pero la economía de la región crece a un ritmo lento del 2% y mantiene lastres como un “enorme problema de desigualdad” y la “falta de instituciones que conducen a una violencia incontrolable”, ha asegurado Borrell.
“El papel de las instituciones fuertes es fundamental. Las capacidades institucionales son las que permiten mover las agujas”, ha coincidido en este sentido el secretario ejecutivo de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), José Manuel Salazar-Xirinachs. En una región que, como ha reconocido el costarricense, está “caracterizada por la polarización entre países y dentro de los países” y que está a la sombra de Estados Unidos, pero también cortejada por China, con quien tiene fuertes lazos comerciales, su organismo ha publicado recientemente el informe Rupturas y oportunidades: propuestas para que América Latina y el Caribe prospere en la nueva era geopolítica.
En él propone “evitar alineamientos rígidos para abrir al máximo los espacios”. Además, reconoce que la nueva realidad ha creado espacios para diversificar alianzas, algo que, a juicio de Salazar-Xirinachs, puede favorecer a los intereses de América Latina. “Cuando pensemos en política exterior, distingamos el tema de valores con el tema de seguridad y el tema económico”, ha pedido.
El secretario ejecutivo de la CEPAL también ha defendido la necesidad de fomentar la gobernanza y crear estrategias claras que vayan por encima de los ciclos electorales. “Nada ocurre en cuatro años de un gobierno o incluso un sexenio”, ha dicho y ha puesto como ejemplo los casos de República Dominicana o de su país, Costa Rica, donde, pese a los cambios de gobierno, “se mantiene la institucionalidad y continúan las estrategias”.
El acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur, que entró en vigor en abril de este año después de casi tres décadas de negociaciones lastradas y abre un mercado de 700 millones de habitantes, también ha sido motivo de conversación en la mesa. El exdiplomático brasileño Víctor do Prado, quien es experto en comercio internacional y miembro del Consejo Consultivo Internacional y Senior Fellow en el Centro Brasileño de Relaciones Internacionales (CEBRI) aseguró que el tratado ya tiene consecuencias positivas sobre el comercio entre los dos bloques, pero aseguró que en su país hay frustración por las barreras con las que se están encontrando los sectores del acero y la carne para exportar sus productos.
Y pese a que Josep Borrell ha reconocido que “apenas se ha llegado a un acuerdo, se han empezado a poner barreras bajo la alfombra” por ambas partes, ha aprovechado para ampliar esas alianzas a toda la región. “¿Por qué no avanzamos un escalón más en este proceso de integración y aceptamos que todos los insumos, todo producto producido en cualquier país latinoamericano, sea considerado producto libre de aranceles cuando entra en Europa?”, ha dicho el exrepresentante europeo. En ese sentido, ha reconocido que, pese a que ese área de comercio común plantearía problemas sectoriales, “daría un poderosísimo mensaje político”.
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