Interpretar la secuencia de acontecimientos se ha vuelto un ejercicio crecientemente incierto. Los inversores examinan con lupa cada declaración en busca de alguna señal, y aunque las palabras del presidente estadounidense, Donald Trump —acostumbrado a mensajes cambiantes y a anuncios que a menudo no se traducen en hechos sobre el terreno— se reciben con la cautela habitual, los mercados se aferran a cualquier indicio de distensión.
El Ibex 35 escapa a las caídas y avanza un 0,13%. Los analistas avisan: “Lo importante serán los hechos, no las declaraciones mediáticas”
El alivio desencadenado después de que ayer Donald Trump anunciara “conversaciones productivas” con Irán para poner fin a la guerra ha entrado en punto muerto ante las contradictorias señales que llegan desde el terreno. El precio del petróleo cotiza con una subida cercana al 3% y queda por encima de los 103 dólares, después de una corrección del 10% ayer. Las Bolsas, por su parte, siguen sin encontrar un rumbo claro. El Ibex 35 amaga con la remontada mientras Wall Street modera los recortes de la apertura.
Teherán, que ayer negó a través de distintas agencias las conversaciones con Washington, ha retomado los ataques contra Israel, bases estadounidenses en Arabia Saudí, mientras Kuwait ha sufrido caídas en la red de electricidad y Bahréin ha hecho sonar las alarmas aéreas. La agencia iraní Fars ha avisado de ataques aéreos contra un gasoducto y una instalación de presurización de gas. Las noticias enfrían el optimismo que destilaban los comentarios de Trump el lunes, cuando el presidente pospuso la amenaza de un ataque contra la red eléctrica de Irán.
“Los operadores estarán ansiosos por saber, sobre todo por parte iraní, si existe alguna posibilidad realista de que se inicien las negociaciones para un alto el fuego. Hasta entonces, cualquier nuevo repunte de los activos de riesgo y cualquier nueva caída del dólar resultarán limitados”, explican los analistas de ING. De momento, falta claridad. Por un lado, el diario Wall Street Journal publica que varios países del golfo Pérsico podrían unirse a la coalición contra Teherán a raíz de los ataques iraníes contra su industria petrolera. Por otro lado, Financial Times asegura que los líderes de Irán y Pakistán estarían manteniendo contactos para que Islamabad ejerciera de puente ante unos eventuales contactos con Estados Unidos.
“No está claro hasta qué punto han avanzado las conversaciones extraoficiales ni si el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica está dispuesto a llegar a un acuerdo en este momento, cuando sigue manteniendo un firme control sobre el estrecho de Ormuz”, explica el banco de inversión RBC en un informe. La firma destaca, por un lado, que este cuerpo militar de élite está comandado por líderes más jóvenes y radicales, y que el asesinato de Ali Larijani “ha eliminado un interlocutor del que se podría esperar jugar un papel clave en una negociación diplomática”. “Todo esto pone de relieve”, continúa la entidad, “el hecho fundamental de que no estamos ante una dinámica que dependa de un único responsable que tome las decisiones. A diferencia de lo que ocurre con los aranceles o con Groenlandia, son muchas las partes interesadas que tienen voz y voto en cómo terminará esta guerra, y lo que probablemente acabará siendo determinante para los mercados físicos serán los hechos, no las declaraciones mediáticas”.
En todo caso, aunque la euforia del lunes haya pasado a mejor vida, los inversores interpretan un cambio de sensibilidad. “Si bien en estos momentos hay grandes dudas de hasta qué punto las partes están negociando, lo que sí parece verdad es que, al menos EE UU y su presidente, parecen interesados en comenzar la desescalada del conflicto”, explica Juan José Fernández Figares, director de análisis de Link Gestión. “Otra cosa es si serán capaces de conseguirlo y en qué condiciones. El hecho de que otros países interesados puedan estar intermediando entre las partes, concretamente los países del Golfo Pérsico, Egipto o Pakistán, creemos que es un buen síntoma”.
Aun así, el estrecho de Ormuz —fundamental para el flujo de petróleo procedente de Oriente Próximo— permanece prácticamente cerrado, con solo un puñado de buques que lograban atravesarlo, mientras en Asia, la zona más dependiente del petróleo y el gas del golfo Pérsico, ya se están tomando medidas ante la crisis energética. Corea del Sur ha activado un sistema rotatorio para limitar la circulación (de momento obligatorio para el sector público y voluntario para el privado), China ha impuesto controles de precios para las gasolinas y Japón va a auditar sus almacenes y necesidades de hidrocarburos para limitar el impacto económico.
“La situación subyacente sigue siendo increíblemente frágil o inflamable”, señala el analista de mercado de IG, Tony Sycamore. “No parece que todas las partes estén en la misma página… Trump puede hablar todo lo que quiera, pero el estrecho (de Ormuz) está cerrado y permanecerá cerrado hasta que todos los iraníes se pongan de acuerdo, y ahí es donde tenemos un problema”, añadió.
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