
Un cambio operativo de gran calado se avecina en el sector de los fondos de inversión. Una nueva normativa europea obligará a las gestoras a liquidar sus operaciones en un solo día, en lugar del plazo de dos días vigente hasta ahora. Aunque pueda parecer un ajuste menor, supone importantes desafíos operativos y tecnológicos en el ámbito de la gestión de activos. El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Carlos San Basilio, ha urgido a los principales directivos de las gestoras españolas a adaptarse cuanto antes a este nuevo escenario. “Quienes no estén preparados se verán expulsados del mercado por el resto de participantes, que no podrá operar con ellos”, ha advertido.
El supervisor les advierte de que las que no cumplan “se verán excluidas del mercado”
Un cambio operativo de gran calado se avecina en el sector de los fondos de inversión. Una nueva normativa europea obligará a las gestoras a liquidar sus operaciones en un solo día, en lugar del plazo de dos días vigente hasta ahora. Aunque pueda parecer un ajuste menor, supone importantes desafíos operativos y tecnológicos en el ámbito de la gestión de activos. El presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), Carlos San Basilio, ha urgido a los principales directivos de las gestoras españolas a adaptarse cuanto antes a este nuevo escenario. “Quienes no estén preparados se verán expulsados del mercado por el resto de participantes, que no podrá operar con ellos”, ha advertido.
La clave de este cambio es el modelo T+1. Esto significa que, si se cursa una orden de compra de un fondo o de acciones un martes, la operación debe liquidarse al día hábil siguiente, es decir, el miércoles. Hasta ahora, la norma era T+2. En Europa, el supervisor de los mercados financieros, la Autoridad Europea de Valores y Mercados (ESMA, por sus siglas en inglés), está impulsando esta transición, cuya implantación completa está prevista para octubre de 2027. En la CNMV existe, según su presidente, “una cierta preocupación” ante el hecho de que no todas las gestoras estén avanzando al mismo ritmo.
El paso a T+1 obligará a gestoras, entidades depositarias y plataformas de distribución a adaptar sus sistemas para procesar con mayor rapidez las suscripciones, reembolsos y transferencias de efectivo, lo que exigirá un mayor grado de automatización y coordinación entre mercados.
Al mismo tiempo, este modelo contribuirá a reducir el riesgo operativo y de contraparte, al acortar el periodo durante el cual las operaciones permanecen pendientes de liquidación. Para los inversores, el principal efecto será una mayor agilidad en la disponibilidad del dinero y en la ejecución de determinadas operaciones, especialmente en productos con exposición a mercados internacionales o activos cotizados.
En la actualidad, al basarse en días hábiles, el proceso de venta de un fondo puede demorarse más de lo previsto. Por ejemplo, al desinvertir una cartera diversificada con posiciones en distintos mercados, los festivos en plazas como Nueva York, Tokio o Europa pueden retrasar la liquidación, de modo que el dinero no llegue a la cuenta del inversor hasta cuatro o cinco días después de ejecutar la orden.
Wall Street adoptó el modelo T+1 hace dos años. De hecho, la Bolsa estadounidense ya operaba así hace un siglo, antes de ampliar el plazo de liquidación a 48 horas. Reducir estos tiempos disminuye el riesgo de que, en el intervalo entre la orden de compra o venta y su liquidación, se produzcan incidencias que afecten al valor de la operación o a alguna de las partes implicadas.
San Basilio ha instado a las gestoras a acelerar su adaptación a la nueva normativa: “Si es necesario, busquen socios tecnológicos que les ayuden en este proceso”, ha señalado. El presidente de la CNMV realizó estas declaraciones en un foro financiero organizado por la consultora KPMG y El Confidencial, ante directivos de gestoras de CaixaBank, Santander y Kutxabank, así como responsables en España de firmas internacionales como BlackRock o Amundi.
El responsable de la CNMV también se refirió a la iniciativa europea para crear un mercado único de ahorro e inversiones (Savings and Investments Union, SIU), un intento de Bruselas por unificar la normativa y desarrollar los mercados de capitales.
Entre las principales novedades de esta normativa, aún en fase de desarrollo, San Basilio destacó el refuerzo de los poderes de la ESMA, que podría incluso asumir el control de supervisores nacionales en determinadas circunstancias —“algo a lo que se oponen, lógicamente, Irlanda y Luxemburgo”—; la simplificación regulatoria, especialmente en los requisitos de información sobre sostenibilidad de las cotizadas, y las medidas para movilizar el ahorro minorista, hoy concentrado en cuentas y depósitos, “hacia los mercados de capitales europeos”.
Otra de las propuestas plantea que la ESMA refuerce la supervisión de infraestructuras de mercado relevantes, tanto en Bolsas como en cámaras de compensación y plataformas de criptoactivos. “Se trata de una cuestión delicada, porque entidades como Deutsche Börse no quieren que les supervise un organismo con sede en París”, ha resumido San Basilio.
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