Skip to content
  viernes 13 febrero 2026
Trending
23 de octubre de 2025Sandra Hidalgo Veleda deslumbra con su debut literario: “Sombras y Estrellas” 16 de julio de 2025Alejandro Prado Jatar publica una obra brillante que mezcla humor y reflexión en pequeñas dosis literarias 29 de enero de 2025María Asunción Ramírez Guerrero publica «Vayas donde vayas, ve con todo tu corazón», el nuevo libro que está transformando el desarrollo personal 24 de abril de 2025José María Rodríguez Sánchez firma ejemplares de El cerdito Jacinto en Sant Jordi 2025 con Editorial Letrame 15 de mayo de 2024«Una Velada Elevada al Cubo», un viaje poético a través del autoconocimiento 12 de diciembre de 2024«Trascendencia y libertad. Apuntes de educación», una obra para reflexionar y transformar 4 de diciembre de 2025Karla Isabel González de Campo irrumpe en la escena literaria con una historia luminosa y reveladora 9 de mayo de 2024‘Rastros de un silencio’: una exaltación poética a la mujer por Germán Guzmán Gil 7 de enero de 2026Mechi Silvano Sedran impulsa la Astrología Forense con una mirada inédita sobre crímenes y desastres 15 de mayo de 2025Francisco Navarro López revela una historia silenciada de la posguerra española
  • Contacto
CulturaMontevideo - Toda la novedad de Montevideo y sus alrededores
  • Titulares
  • Deportes
  • Política
    • Nacional
    • Internacional
  • Policiales
  • Cultura
  • Economía
  • Sociedad
CulturaMontevideo - Toda la novedad de Montevideo y sus alrededores
CulturaMontevideo - Toda la novedad de Montevideo y sus alrededores
  • Titulares
  • Deportes
  • Política
    • Nacional
    • Internacional
  • Policiales
  • Cultura
  • Economía
  • Sociedad
  • Contacto
CulturaMontevideo - Toda la novedad de Montevideo y sus alrededores
  Economía  La IA no fracasa por la tecnología, sino por cómo están diseñadas las empresas
Economía

La IA no fracasa por la tecnología, sino por cómo están diseñadas las empresas

13 de febrero de 2026
FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail

La IA funciona y la evidencia es contundente: aumenta la productividad, mejora la calidad del trabajo y acelera la toma de decisiones. Así lo demuestran los estudios. La consultora Boston Consulting Group (BCG), por ejemplo, observó mejoras de hasta un 40% en productividad en tareas complejas durante sus estudios de campo. Y, sin embargo, más de dos tercios de las empresas reconocen que no están generando valor real con ella. No es una paradoja tecnológica: es un problema de diseño de las organizaciones. La gran brecha no está en los algoritmos, sino en la forma en que están estructuradas las compañías que pretenden incorporarlos.

Seguir leyendo

 Hoy, la mayoría de las organizaciones siguen siendo máquinas de coordinación lenta y vertical, con procesos pensados para un mundo tradicional  

La IA funciona y la evidencia es contundente: aumenta la productividad, mejora la calidad del trabajo y acelera la toma de decisiones. Así lo demuestran los estudios. La consultora Boston Consulting Group (BCG), por ejemplo, observó mejoras de hasta un 40% en productividad en tareas complejas durante sus estudios de campo. Y, sin embargo, más de dos tercios de las empresas reconocen que no están generando valor real con ella. No es una paradoja tecnológica: es un problema de diseño de las organizaciones. La gran brecha no está en los algoritmos, sino en la forma en que están estructuradas las compañías que pretenden incorporarlos.

Durante los últimos años, el discurso empresarial sobre IA se ha convertido en un catálogo de pilotos tecnológicamente vistosos, pero estratégicamente superficiales: un chatbot para atención al cliente, un generador de resúmenes, un copiloto para redactar correos. La mayoría de estas iniciativas se presentan como grandes avances, pero su impacto en la cuenta de resultados es diminuto. Y es que la manera en la que la IA mejore el rendimiento de una compañía no se va a conseguir con proyectos aislados, sino adoptándola en el corazón de la organización –en sus procesos, en sus decisiones y en la forma en que se estructura el trabajo. McKinsey lo formuló de manera clara: para que la IA genere impacto real, las compañías deben repensar sus procesos, revisar la manera en que trabajan y superar los modelos de organización actuales, diseñados para tiempos pasados, con múltiples capas de burocracia, mandos medios y mucha lejanía entre la decisión y la ejecución.

  • La inteligencia artificial divide las oficinas: “Aquí felicitamos a quienes encuentren un nuevo uso para ChatGPT”
Más noticias

Alphabet sube su apuesta por los robots humanoides frente a Elon Musk

12 de febrero de 2026

Rico, prestigioso y nacido para gobernar: así es Kevin Warsh, el candidato para presidir la Reserva Federal

30 de enero de 2026

Nuevos correos del ‘caso Epstein’ salpican al ex-CEO de Barclays Jes Staley

2 de febrero de 2026

Saks Global, la cadena que vende Chanel y Burberry en almacenes de lujo, cierra nueve tiendas en EE UU

11 de febrero de 2026

La experiencia práctica refuerza lo mismo desde otro ángulo. BCG concluye que la mayoría de las empresas no fracasa por falta de tecnología, sino por ausencia de nuevos modelos operativos orientados al aprovechamiento de la IA. No se puede esperar resultados extraordinarios si falta de alineación entre procesos, roles, datos y toma de decisiones. Hoy, la mayoría de las organizaciones siguen siendo máquinas de coordinación lenta y vertical, con silos, cadenas interminables de aprobación y procesos pensados para un mundo tradicional. En ese contexto, cualquier IA queda atrapada como un accesorio cosmético.

Por tanto, el verdadero bloqueo para hacer que la IA funcione no es técnico, sino político, cultural y económico. La tecnología demuestra su capacidad en laboratorio, pero las organizaciones no lo hacen en la práctica porque su entorno interno está desalineado. Para transformar el negocio, la adopción de la IA debe modificar cómo se toman decisiones críticas, cómo se asignan recursos… En definitiva, cómo se ejecuta el negocio. Pero empujar un cambio tan profundo concentra mayor riesgo personal para los directivos. Si la transformación sale mal, la responsabilidad recae sobre ellos; si sale bien, el beneficio es colectivo y pocos lo capitalizan profesionalmente. Es un problema de agencia claro: se internaliza el riesgo individual y se externaliza el beneficio organizacional. ¿Cuál es el resultado? Proyectos seguros, reversibles y organizacionalmente neutros.

A esto se suma la incompatibilidad entre los horizontes temporales. La IA transformadora requiere ciclos de retorno de tres a cinco años, pero los sistemas de reporting, bonus y presión del mercado exigen resultados cada 12 o 24 meses. Se obliga, así, a medir la eficiencia en horas de trabajo ahorradas en lugar de preguntarse qué cosas se pueden hacer ahora que antes no eran posibles.

Existe además un bloqueo más profundo: la redistribución de poder. La IA acorta jerarquías, democratiza capacidades y reduce la dependencia de intuiciones individuales. Para las organizaciones actuales, con múltiples capas de gestión, esto es claramente deflacionario. McKinsey lo expresa con elegancia: la IA no progresa porque las organizaciones no cambian su forma de operar. La traducción es menos sutil: hay grupos dentro de las organizaciones que no quieren que cambie.

Por eso la mayoría de las empresas están mal diseñadas para aprovechar esta nueva tecnología. Tratan la inteligencia artificial como un asistente sofisticado, como un adorno tecnológico para procesos y actividades que en realidad deberían desaparecer o cambiar radicalmente. Implementar esta tecnología no es incorporar herramientas, sino rediseñar cómo fluye el trabajo, quién tiene autoridad, cómo se aprueban los cambios o qué procesos se eliminan. Casi ninguna organización toca estas palancas y se limita a colocar IA sobre estructuras antiguas y luego culpa a la tecnología de no ofrecer resultados.

BCG cuantifica la consecuencia: apenas un 4-5 % de las empresas está capturando valor real y consistente de la IA. No porque tengan mejor tecnología, sino porque tienen mejores organizaciones.

Cuando la tecnología funciona en laboratorio, pero fracasa en producción, la respuesta no es culpar a la tecnología, sino revisar el sistema en que intentamos aplicarla. El problema no está en los modelos, los chips ni las herramientas, sino en las estructuras rígidas, jerarquías lentas, incentivos mal alineados y miedo a redistribuir poder.

Si las empresas quieren capturar el potencial real de la IA, deben asumir algo incómodo: la IA no es una herramienta más, es un rediseño organizativo completo. Requiere valentía directiva, visión a largo plazo y voluntad de reconstrucción estructural. Hasta que eso ocurra, seguiremos viendo grandes anuncios, eventos inspiradores y presentaciones brillantes en PowerPoint… pero resultados mediocres en el negocio.

 Feed MRSS-S Noticias

FacebookX TwitterPinterestLinkedInTumblrRedditVKWhatsAppEmail
Trump planea reducir algunos aranceles sobre el acero y el aluminio, según el ‘Financial Times’
El precio de la luz encadena 22 días por debajo de los 50 euros por MWh gracias al tren de borrascas
Leer también
Economía

Las Bolsas europeas sucumben al pesimismo tras el batacazo de la tecnología

13 de febrero de 2026
Economía

Una jueza de Madrid cita a Vito Quiles por revelar datos privados de la presidenta de Red Eléctrica

13 de febrero de 2026
Economía

El INE revisa una décima a la baja la inflación de enero y la sitúa en el 2,3%

13 de febrero de 2026
Economía

Del relato a las métricas: así se diseña hoy un proyecto periodístico digital con vocación de futuro

13 de febrero de 2026
Economía

El precio de la luz encadena 22 días por debajo de los 50 euros por MWh gracias al tren de borrascas

13 de febrero de 2026
Economía

Trump planea reducir algunos aranceles sobre el acero y el aluminio, según el ‘Financial Times’

13 de febrero de 2026
Cargar más
    CULTURAMONTEVIDEO.COM © 2024 | Todos los derechos reservados
    • Contacto
    • Aviso Legal
    • Política de Cookies
    • Política de Privacidad