La carrera global por los semiconductores está redefiniendo la política industrial del siglo XXI. Estados Unidos impulsa la relocalización de capacidades productivas, Europa avanza en su autonomía tecnológica y las empresas buscan cadenas de suministro más seguras, diversificadas y cercanas a los grandes mercados.
República Dominicana ha declarado los semiconductores prioridad nacional y quiere entrar en la cadena global
La carrera global por los semiconductores está redefiniendo la política industrial del siglo XXI. Estados Unidos impulsa la relocalización de capacidades productivas, Europa avanza en su autonomía tecnológica y las empresas buscan cadenas de suministro más seguras, diversificadas y cercanas a los grandes mercados.
En ese nuevo mapa industrial, República Dominicana empieza a ocupar una posición que merece más atención desde España. No se presenta como alternativa a los grandes centros tecnológicos ya consolidados, más bien como un socio complementario para una industria que necesita ampliar capacidades, reducir riesgos y conectar producción, logística y mercados.
La República Dominicana ha consolidado un ecosistema industrial y exportador que la posiciona para integrarse en la cadena global de valor de los semiconductores. Su experiencia en zonas francas, la estabilidad macroeconómica, su ubicación estratégica y su capacidad manufacturera constituyen una base sólida para atraer nuevas inversiones.
En 2025, las exportaciones dominicanas superaron los 14.300 millones de dólares, de los cuales 8.604 millones procedieron de las zonas francas. Este ecosistema reúne 98 parques industriales, 858 empresas y 200.000 empleos directos. No se trata de una apuesta que parta de cero, más bien de una plataforma productiva con experiencia en manufactura avanzada y exportación. El sector de dispositivos médicos exporta cerca de 3.000 millones de dólares anuales y alberga operaciones de cinco de los diez principales fabricantes mundiales. La electrónica se ha consolidado como el segundo mayor rubro exportador de las zonas francas.
El valor de la proximidad
La geopolítica ha reforzado esta oportunidad. Las interrupciones sufridas durante la pandemia y la creciente importancia de la seguridad económica han llevado a gobiernos y empresas a revisar cadenas de suministro demasiado concentradas. En industrias críticas, la eficiencia ya no se mide solo en costes, también en resiliencia, proximidad y confianza.
Ahí es donde el Caribe puede desempeñar un papel más relevante. República Dominicana ofrece cercanía al mercado norteamericano, conectividad marítima y aérea, acuerdos comerciales y una estructura de costes competitiva. Para empresas españolas que buscan crecer en América y diversificar sus operaciones industriales, el país puede convertirse en una plataforma útil.
La oportunidad de los semiconductores no se limita a los chips de última generación. La cadena global incluye actividades de ensamblaje, prueba, empaque, circuitos impresos y manufactura electrónica especializada. Son segmentos donde la experiencia industrial y la cercanía a los mercados pueden marcar una diferencia real.
Un socio probado para España
La estabilidad macroeconómica completa esta ecuación. En 2025, República Dominicana captó 5.032 millones de dólares en inversión extranjera directa. España tuvo un papel destacado. Fue el principal inversor extranjero, con 1.086 millones de dólares, equivalentes al 21,5% de toda la inversión extranjera recibida ese año. Entre 2010 y 2025, la inversión española acumulada superó los 5.328 millones de dólares.
Estos datos reflejan algo más que una relación económica intensa. Reflejan confianza. Las empresas españolas conocen República Dominicana, operan en el país desde hace décadas y han acompañado su transformación económica. Esto reduce incertidumbres y facilita nuevas decisiones de inversión en sectores de mayor valor añadido.
La apuesta por los chips
El Gobierno dominicano ha decidido dar un paso más en esa dirección. El desarrollo de la industria de semiconductores fue declarado prioridad nacional mediante el Decreto 324-24 y se ha puesto en marcha la Estrategia Nacional de Fomento a la Industria de Semiconductores, elaborada con el apoyo de Purdue University, MIT y la OCDE. La estrategia parte de una premisa realista. República Dominicana no pretende competir con los grandes actores mundiales en la fabricación más avanzada de chips, aspira a posicionarse en segmentos donde ya cuenta con capacidades industriales relevantes y puede aportar valor de forma gradual.
Al mismo tiempo, el país impulsa programas de formación técnica y alianzas académicas para preparar el talento que exigirá esta nueva etapa. Para España, esta conversación llega en un momento oportuno. La industria europea atraviesa una fase de transformación impulsada por la autonomía tecnológica, la digitalización y la necesidad de reforzar cadenas de suministro estratégicas. En ese contexto, República Dominicana puede ser un socio complementario para empresas que busquen ampliar capacidades, diversificar riesgos y fortalecer su presencia en América.
El reto no es menor. Competir en una industria tan exigente requiere continuidad, inversión, talento y cooperación entre el sector público y el privado. Por eso conviene mirar más allá de los mapas industriales tradicionales y proyectar la relación entre España y República Dominicana hacia sectores que definirán la competitividad industrial de las próximas décadas.
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