El secretario de Estado estadounidense ha citado la transición española a la democracia como un ejemplo de éxito a tener en cuenta por la actual Venezuela post-Maduro. Antes de que nuestros populistas patrios se inventaran lo del Régimen del 78 como etiqueta despectiva, el proceso, complejo, no lineal, cargado de violencia y momentos de riesgo que representó el abandono de los garrotazos en la política nacional y su sustitución por un sistema democrático constitucional homologable, constituía un motivo de orgullo, algo que la inmensa mayoría consideramos como bien hecho, un hito positivo en comparación con los 150 años anteriores de nuestra historia y cuando demasiadas cosas apuntaban a su fracaso.
Necesitamos una estrategia de país que fortalezca lo que nos une
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Necesitamos una estrategia de país que fortalezca lo que nos une

El secretario de Estado estadounidense ha citado la transición española a la democracia como un ejemplo de éxito a tener en cuenta por la actual Venezuela post-Maduro. Antes de que nuestros populistas patrios se inventaran lo del Régimen del 78 como etiqueta despectiva, el proceso, complejo, no lineal, cargado de violencia y momentos de riesgo que representó el abandono de los garrotazos en la política nacional y su sustitución por un sistema democrático constitucional homologable, constituía un motivo de orgullo, algo que la inmensa mayoría consideramos como bien hecho, un hito positivo en comparación con los 150 años anteriores de nuestra historia y cuando demasiadas cosas apuntaban a su fracaso.
Tenemos, pues, dos modelos históricos recientes que hoy se disputan el protagonismo referencial en España: la transición a la democracia, el consenso, el pacto constitucional y, por otro lado, la confrontación violenta que supusieron la guerra civil y la posterior dictadura franquista. Recuperar la satisfacción de ser hijos de la transición, antes que nietos del franquismo/guerra civil, es algo imprescindible en la actual situación española. Sobre todo, porque es la manera más útil de abordar la complejidad de problemas con que nos enfrentamos hoy a estas alturas del siglo XXI.
España, por ejemplo, necesita definir cuál es el papel que quiere desempeñar en el nuevo orden mundial que se está definiendo con base en cuatro rasgos novedosos:
- el auge de la fuerza nacional como argumento de poder;
- el dominio social impuesto por las grandes empresas tecnológicas que solo buscan su beneficio privado, aun poniendo en riesgo la democracia como sistema pacífico de convivencia y el Estado de derecho;
- la ruptura de la cooperación mundial en la lucha contra el cambio climático, y
- la búsqueda de nuevas alianzas variables entre potencias medias ante el desleimiento de la Unión Europea como estructura institucional con rasgos de obsolescencia.
Necesitamos una estrategia de país que fortalezca lo que nos une, lo que tenemos en común, no lo mío o lo tuyo, sino lo nuestro, aquello que solo podemos conseguir si alineamos a los partidos, a la sociedad y a las instituciones con un mismo propósito.
Una estrategia de país que empieza por una moratoria temporal en la confrontación partidista, que nos está llevando a la parálisis, al auge de la extrema derecha y a la mayor fragmentación social de las últimas décadas, con unos jóvenes resignados a un futuro peor que el que tuvieron sus padres.
Una estrategia de país que supere la mayor anormalidad política del momento que vivimos: el hecho de que los dos grandes partidos constitucionales de España no sean capaces, por estrategias puramente electorales, de acordar nada de nada, sobre nada, apostando por una absurda crispación que solo beneficia a los extremistas.
Una estrategia de país que, pactada entre los dos partidos mayoritarios, sería respaldada por casi un 70% de los españoles, rompiendo la actual dictadura de las minorías extremistas que aprovechan la situación de polarización para imponer sus condiciones.
Una estrategia de país que requiere acordar unos nuevos pactos de La Moncloa que permitan impulsar un salto adelante en la solución de los principales problemas que golpean hoy a nuestra sociedad. De manera destacada:
- Un plan de choque entre Gobierno, comunidades autónomas y ayuntamientos para construir 400.000 viviendas extras en tres años, definiendo cuáles deben ser públicas y cuántas en alquiler, agilizando los trámites, plazos y procedimientos.
- En paralelo, un compromiso de que Casa47, la nueva entidad pública de vivienda, coloque en el mercado otras 100.000 viviendas de alquiler asequible.
- Un plan especial y urgente de inspección, reparación e inversión en mantenimiento de nuestras infraestructuras ferroviarias, de carreteras, portuarias, aeroportuarias, grandes presas e hídricas, con regulación especial y presupuesto extraordinario, supervisado desde una Comisión especial del Parlamento asesorada por expertos externos.
- Un crédito extraordinario y los cambios normativos necesarios para impulsar en las comunidades autónomas un plan de eliminación en seis meses de las listas de espera en sanidad.
- Un acuerdo social con dos puntos esenciales: recuperación del poder adquisitivo de los salarios, unida a medidas de lucha contra el absentismo laboral y de mejora de la productividad.
- Deflactación de la tarifa del IRPF para recuperar el nivel efectivo de tributación anterior a la subida de la inflación en los últimos años.
- Un nuevo modelo de financiación autonómica que sea pactado y acordado con todas las comunidades del régimen común y que mejore la actual desigualdad de financiación per cápita entre territorios.
- Una estrategia industrial que priorice la inversión en aquellos sectores donde tenemos claras ventajas competitivas y fortalezca aquellos en los que somos más débiles, con medidas integrales que incluyan, en su caso, la intervención directa del Estado en aquellas empresas consideradas estratégicas. Especial mención a los centros de datos y la nueva logística asociada al comercio online.
- Revisión del Plan Nacional de Energía y Clima con dos medidas esenciales: moratoria en el cierre de las plantas nucleares e impulso fuerte del almacenamiento a largo plazo, incluyendo el hídrico, para evitar problemas de rentabilidad en las renovables. La necesaria y urgente extensión de las redes de transporte y distribución eléctricas deberá estar también incluida.
- Impulso del Plan de Lucha contra la Corrupción, incorporando las recomendaciones realizadas por el Consejo de Europa y las reformas pendientes.
- Políticas fiscales que ayuden a corregir la creciente desigualdad patrimonial que está situando a España a la cabeza de Europa en la materia, con la consiguiente desaparición de la clase media, del ascensor social y la deslegitimación de las instituciones democráticas.
- Una reforma de la Constitución partiendo del informe del Consejo de Estado de 2006 sobre el asunto.
Si los partidos que tienen capacidad y obligación de hacerlo no se ponen manos a la obra, aumentará el desencanto con un sistema anquilosado y anticuado, creciendo las opciones políticas extremistas y antidemocráticas. ¿Por qué es tan difícil intentarlo?
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