Los inversores respiran algo más aliviados. Tras semanas en las que los mercados han vivido al compás de las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la tregua de dos semanas acordada entre Washington y Teherán ha sido recibida como agua de mayo. El cambio de tono ha bastado para desencadenar un giro de 180 grados en los mercados: con los precios energéticos en retroceso, la renta variable y la deuda recuperan protagonismo.
Los analistas piden prudencia pese al rebote y advierten de que las amenazas persisten
Los inversores respiran algo más aliviados. Tras semanas en las que los mercados han vivido al compás de las amenazas del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la tregua de dos semanas acordada entre Washington y Teherán ha sido recibida como agua de mayo. El cambio de tono ha bastado para desencadenar un giro de 180 grados en los mercados: con los precios energéticos en retroceso, la renta variable y la deuda recuperan protagonismo.
Si resulta llamativa la recuperación de la Bolsa —los índices europeos avanzan entre un 3% y un 4%—, no lo es menos el resurgir de la deuda. Los rendimientos en la zona euro registran recortes próximos a 20 puntos básicos, un movimiento que no se veía desde marzo de 2023. Entonces, sin embargo, no se celebraba la buena marcha de los mercados, sino que los inversores aceleraban las ventas en renta variable ante el temor a un nuevo seísmo financiero. La gestión del rescate de Credit Suisse y la quiebra de Silicon Valley Bank provocaron una abrupta huida de los activos de riesgo, castigando a la Bolsa y desviando masivamente los flujos de capital hacia la deuda, percibida entonces como refugio.
En esta ocasión, la caída de las rentabilidades de los bonos responde a un patrón distinto: la moderación de las expectativas de inflación. El alivio de los precios energéticos contribuye a contener las presiones inflacionistas y reduce la probabilidad de subidas de los tipos de interés por parte de los bancos centrales. Aunque el descenso es generalizado y afecta a todos los países y vencimientos, se aprecia con mayor claridad en la deuda de la zona euro. A diferencia de Estados Unidos, exportador neto de energía, las economías del Viejo Continente dependen en gran medida de las importaciones de gas natural y petróleo.
Con este telón de fondo, el rendimiento del bono alemán a diez años baja 15 puntos básicos y se descuelga de la barrera del 3%, mientras referencias como la española y la francesa al mismo plazo recortan entre 19 y 21 puntos básicos, hasta el 3,38% y el 3,56%, respectivamente. Esta mayor contracción alivia las primas de riesgo, que en las últimas semanas habían repuntado sin llegar a inquietar al mercado. El diferencial entre la deuda española y la alemana al mismo plazo cae por debajo de 50 puntos básicos, y el de Francia se sitúa por debajo de 65.
Los rendimientos también se moderan en el mercado estadounidense, pero lo hacen con menor intensidad. La deuda con vencimiento en 2035 baja seis puntos básicos, hasta el 4,23%.
David Ardura, director de inversiones de Finaccess Value, señala que la relajación que están experimentando las rentabilidades entra dentro de lo previsible. “Se está normalizando la situación en un mercado, el de deuda, que había reflejado de forma especialmente intensa el repunte de los precios”, explica. Ardura se suma a las voces que consideran que el mercado que más preocupación había mostrado hasta el momento era el de los bonos, y en especial, el de deuda soberana.
El estallido de la guerra y, sobre todo, la interrupción de la actividad en el estrecho de Ormuz disparó los precios del gas y el petróleo, reavivando la expectativa de una inflación más persistente y de tipos de interés más restrictivos. Los inversores se apresuraron entonces a descontar un escenario de precios más elevados, sin calibrar hasta qué punto el propio conflicto podía acabar provocando el efecto contrario. “Los inversores llegaron a poner en precio el peor de los escenarios. Es decir, tres subidas de tipos en la zona euro”, apunta Ardura.
Pese a que la situación se ha ido normalizando, la tensión no ha desaparecido por completo. El rendimiento del bono español está 32 puntos básicos por encima del nivel previo al inicio del conflicto (3,06%), mientras la referencia italiana acumula un repunte de 45 puntos básicos y el bono alemán, de unos 29. Es decir, el mercado continúa sometido a presión y los inversores siguen anticipando una inflación algo más elevada que la esperada antes del inicio de los ataques. Cuando los tenedores de deuda creen que los precios van a repuntar, exigen una mayor rentabilidad para compensar la pérdida de poder adquisitivo y la expectativa de tipos de interés más altos. “Se desactiva parte del miedo geopolítico, pero no desaparecen ni la presión inflacionista estructural ni la inquietud por la deuda”, afirma Antonio Castelo, analista de iBroker.
Aunque los responsables monetarios han instado a la calma y han reiterado que era aún pronto para tomar decisiones, los operadores se apresuraron a descontar un endurecimiento acelerado. En la zona euro, el mercado llegó a poner en precio hasta tres subidas, una expectativa que ahora se ha moderado a dos. En apenas 24 horas, la probabilidad de un ajuste monetario en junio ha caído del 90% a algo más del 70%.
Los analistas de UBS reconocen que la situación en Oriente Próximo plantea dilemas complejos para los bancos centrales. Según sus estimaciones, los expertos de la entidad siguen esperando dos alzas de los tipos —en junio y septiembre— hasta situar el precio del dinero en el 2,5%. Si la situación se complica en las próximas semanas, no descartan una tercera alza.
En lo que sí coinciden los expertos es en que el alto el fuego supone solo una solución temporal y que los riesgos no han desaparecido. “El mercado no está diciendo que el problema haya terminado; lo que indica es que, por ahora, el peor desenlace pierde probabilidad. Y eso, en renta fija, basta para provocar movimientos muy violentos”, señala Castelo. Para que se produzca un verdadero cambio de régimen, añade, será necesario que la tregua se consolide, que el petróleo continúe moderándose y que los bancos centrales perciban de forma sostenida un entorno menos inflacionista. “El alto el fuego ofrece un respiro en la senda de escalada, pero está lejos de suponer una resolución del conflicto, y aún más de las tensiones de fondo que lo alimentan”, advierte Michael Singh, exdirector senior para Oriente Próximo del Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de George W. Bush.
Feed MRSS-S Noticias
