
Enviar dinero de forma instantánea desde el móvil se ha convertido en un gesto cotidiano para millones de usuarios en España. Ahora, la banca y las instituciones financieras trabajan para dar un paso más y extender los envíos rápidos de dinero a toda Europa para que pagar en cualquier país sea tan fácil como hacer un Bizum. El reciente acuerdo alcanzado entre las principales soluciones de pago instantáneo que hay en los diferentes países aspira a crear una red europea que permita enviar dinero de forma rápida y sencilla. La clave está en la interoperabilidad, para que todas esas soluciones funcionen como una red común.
Convivencia con el euro digital
El euro digital. El desarrollo de la divisa digital abre un nuevo frente en la evolución de los pagos en Europa. Impulsado por el Banco Central Europeo, este instrumento busca ofrecer una alternativa pública al dinero digital, garantizando acceso universal y reforzando la autonomía del sistema financiero. Sin embargo, su encaje con las soluciones privadas plantea interrogantes. Más que sustituirlas, el reto será lograr que convivan de forma complementaria, integrándose en las infraestructuras existentes.
Equilibrio entre regulación e innovación. El desarrollo de nuevos sistemas de pago requiere un delicado equilibrio entre innovación y control. Un exceso de regulación puede frenar el avance tecnológico, mientras que una falta de supervisión aumenta los riesgos. Europa busca un modelo que permita competir globalmente sin comprometer la seguridad ni la protección del usuario.
El acuerdo de interoperabilidad entre las distintas soluciones de pago nacionales aspira a unir los pagos instantáneos entre todos los países
Enviar dinero de forma instantánea desde el móvil se ha convertido en un gesto cotidiano para millones de usuarios en España. Ahora, la banca y las instituciones financieras trabajan para dar un paso más y extender los envíos rápidos de dinero a toda Europa para que pagar en cualquier país sea tan fácil como hacer un Bizum. El reciente acuerdo alcanzado entre las principales soluciones de pago instantáneo que hay en los diferentes países aspira a crear una red europea que permita enviar dinero de forma rápida y sencilla. La clave está en la interoperabilidad, para que todas esas soluciones funcionen como una red común.
Ese fue uno de los ejes del debate celebrado en el marco de Foro Futuro, el Observatorio de Tendencias Económicas impulsado por el Banco Santander y CincoDías, donde representantes del sector financiero, la administración pública y el ámbito académico coincidieron en señalar que el futuro de los pagos pasa por construir infraestructuras europeas propias, capaces de competir con los grandes operadores globales y de garantizar la seguridad y comodidad de los pagos en un ámbito considerado estratégico.
“En los últimos años se ha producido una intensificación de los medios digitales con pagos inmediatos y la utilización del móvil, sobre todo a raíz de la pandemia”, explicó Santiago Carbó, catedrático de Economía de Cunef Universidad.
Una evolución que no solo responde a cambios tecnológicos, sino también a nuevas demandas de los usuarios, que buscan rapidez, sencillez y seguridad en sus operaciones cotidianas. Bizum es el ejemplo más claro. Nacido hace una década como una solución para enviar dinero entre particulares, se ha convertido en un hábito cotidiano para millones de usuarios y en una de las plataformas de pago más extendidas de Europa.
“Hace diez años Bizum era más difícil de explicar de lo que es hoy. Es un proyecto de cooperación bancaria porque los pagos son un negocio de volúmenes y es más fácil colaborar todos juntos que competir”, explicó Fernando Rodríguez Ferrer, director de expansión internacional de Bizum. “España es pionera en la adopción de los pagos instantáneos y ha servido de inspiración para otros sistemas en Europa”, añadió.
El éxito de la plataforma se apoya en tres pilares: la simplicidad de uso —basta con el número de teléfono—, la rapidez —el dinero se transfiere en segundos— y la seguridad, al operar dentro del entorno bancario. Y más allá de resolver una necesidad concreta, Bizum ha cambiado la relación de los usuarios con el dinero. Ese punto de partida es el que ahora permite plantear un salto de escala. El objetivo ya no es solo facilitar pagos entre particulares dentro de un país, sino construir una red que permita operar en toda la zona euro con la misma experiencia de usuario.
La interoperabilidad consiste en conectar las distintas soluciones de pago instantáneo existentes en cada país —como Bizum en España, Bancomat en Italia o MB Way en Portugal— para que puedan comunicarse entre sí. De este modo, un usuario español podría enviar dinero o pagar a un comercio en otro país europeo utilizando su misma aplicación bancaria.
“Una de las apuestas ha sido asegurar que la interoperabilidad es viable. En Europa había muchas soluciones de pago instantáneo y lo que hemos hecho ha sido unir la nuestra con Portugal e Italia”, explicó Rodríguez Ferrer. “Esa primera experiencia ha tenido réditos en poco tiempo. En nueve meses y sin publicidad, se han realizado más de 100.000 operaciones. Es la piedra fundacional de lo que viene más adelante”, detalló.
Unión de los pagos
El objetivo es claro: extender esa red a más países y ampliar los casos de uso más allá de los pagos entre particulares. “La ambición es pasar a 130 millones de usuarios, el 75% de la población europea, no solo para pagos entre personas, sino en el comercio electrónico y físico, preservando la seguridad en el pago, en el cobro y la facilidad en la experiencia de usuario”, señaló Christian Díez, director financiero y jefe de estrategia de Santander Payments Solutions.
Este enfoque responde a una realidad fragmentada. Europa cuenta con múltiples sistemas nacionales que funcionan bien en sus respectivos mercados, pero que hasta ahora no estaban conectados entre sí. La interoperabilidad permite aprovechar esas infraestructuras ya existentes en lugar de sustituirlas por una única solución desde cero.
“Queremos pagos seguros, pagos que hagan frente a las necesidades y pagos con un régimen de comisiones y precios razonables. Es lo que se persigue desde la administración pública”, detalló Ana Puente, subdirectora general de finanzas sostenibles y digitales en el Ministerio de Asuntos Económicos.
Detrás de la aparente simplicidad de pagar con el móvil existe una compleja red de infraestructuras, normas y actores que hacen posible que una operación se ejecute. “Pasar de pagar con una moneda a pagar con el móvil y que aparezca en la cuenta de forma instantánea es un proceso complejo y refleja a todos los actores involucrados: bancos, infraestructuras, el marco regulatorio y las iniciativas públicas que permiten llevarlo a cabo”, explicó Díez.
Ese entramado es el que permite garantizar aspectos como la seguridad, la disponibilidad o la gestión de incidencias. También es el que hace posible escalar el sistema a nivel europeo sin comprometer la experiencia del usuario.
En ese sentido, la interoperabilidad requiere acuerdos entre entidades financieras, estándares comunes y un marco que facilite la competencia en igualdad de condiciones.
Uno de los grandes cambios en curso es la extensión de Bizum al comercio, tanto online como físico. Si hasta ahora su uso principal era el envío de dinero entre particulares, el siguiente paso es consolidarse como un medio de pago habitual en tiendas y servicios.
“Vemos que cada vez más comercios y usuarios están interesados en estas soluciones. Lo que nos toca ahora es que el mecanismo implantado en España sea el nuevo estándar europeo”, señaló Rodríguez Ferrer.
Este salto implica nuevos desafíos. Por un lado, la integración tecnológica para que los comercios puedan aceptar estos pagos de forma sencilla. Por otro, el diseño de un modelo económico que incentive su adopción.
“Queremos avanzar a nivel europeo con el despliegue del comercio físico en el pago del día a día. Desde el sector público, lo que más miramos es evitar el fraude, pero también los incentivos para los comercios. Tiene que haber una remuneración para los bancos, pero el comercio debe tener el incentivo suficiente para que la adaptación sea exitosa”, concluyó Puente.
Soberanía en un sector estratégico
El impulso a los sistemas de pago europeos responde también a una lógica geopolítica. Gran parte de los pagos digitales dependen de redes internacionales como Visa o Mastercard en las tarjetas y de Apple y Google en los pagos móviles. En un contexto de creciente tensión internacional, la dependencia de infraestructuras controladas por empresas extranjeras se percibe como un riesgo por parte de las instituciones europeas.
“Con la globalización de las finanzas, si no tenemos soluciones propias, una persona concreta o un país puede tener un problema. Es mejor tener infraestructuras de pago propias porque es un sector que genera mucha tensión y hace más urgente contar con soluciones europeas, tanto privadas como públicas”, advirtió Santiago Carbó.
El sector público y el privado coinciden en la necesidad de diversificar y desarrollar alternativas autóctonas. “La interoperabilidad es la iniciativa desde el sector privado con soporte público para construir una alternativa a Visa y Mastercard. El consumidor, el comercio y las empresas tienen que poder elegir y van a elegir el raíl que consideren, pero como europeos damos una nueva alternativa”, afirmó Christian Diez.
Iniciativas como la interoperabilidad entre sistemas de pago instantáneo nacionales buscan sentar las bases de una plataforma europea. El objetivo no es sustituir de forma inmediata a los grandes actores globales, sino construir un ecosistema complementario que refuerce la capacidad de elección de los usuarios.
“Esa diversificación es la que apuesta Bizum. A nivel global es difícil competir porque con las tarjetas puedes pagar en cualquier lugar, pero las soluciones europeas estamos más en ámbitos domésticos, no prevemos que las tarjetas desaparezcan, va a ser una situación de coexistencia”, explicó Fernando Rodríguez Ferrer, director de expansión internacional de Bizum.
Desde la administración, el enfoque es complementario. “La diversificación de fuentes nos permite tener alternativas. No se trata de echar a Visa y Mastercard, porque prestan un buen servicio, pero hay que diversificar y tener alternativas”, argumentó Ana Puente.
El reto no es solo tecnológico, sino estratégico: construir una red de pagos europea capaz de integrarse en el mercado global sin perder autonomía en un ámbito cada vez más sensible, para que, independientemente de la deriva geopolítica, pagar siga siendo sencillo.
Convivencia con el euro digital
El euro digital. El desarrollo de la divisa digital abre un nuevo frente en la evolución de los pagos en Europa. Impulsado por el Banco Central Europeo, este instrumento busca ofrecer una alternativa pública al dinero digital, garantizando acceso universal y reforzando la autonomía del sistema financiero. Sin embargo, su encaje con las soluciones privadas plantea interrogantes. Más que sustituirlas, el reto será lograr que convivan de forma complementaria, integrándose en las infraestructuras existentes.
Equilibrio entre regulación e innovación. El desarrollo de nuevos sistemas de pago requiere un delicado equilibrio entre innovación y control. Un exceso de regulación puede frenar el avance tecnológico, mientras que una falta de supervisión aumenta los riesgos. Europa busca un modelo que permita competir globalmente sin comprometer la seguridad ni la protección del usuario.
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