La falta de noticias sobre el acuerdo de intenciones anunciado el 8 de enero por Moeve y Galp Energía para “combinar” sus negocios de refino y venta de carburantes en la península Ibérica, que se preveía cerrar en junio, no auguraba nada bueno. Así ha sido. Pese a los esfuerzos realizados por ambas partes, que dicen seguir convencidas de que la operación mantiene su sentido “por su potencial para crear un gran operador europeo”, lo cierto es que las negociaciones han fracasado y la creación del gigante ibérico se ha venido abajo. No es la primera vez que intentos de fusión, absorción o compras hispano-lusas terminan por fracasar.
La volatilidad energética y el fuerte aumento del margen del refino complicaron la valoración de los activos
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La volatilidad energética y el fuerte aumento del margen del refino complicaron la valoración de los activos
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La falta de noticias sobre el acuerdo de intenciones anunciado el 8 de enero por Moeve y Galp Energía para “combinar” sus negocios de refino y venta de carburantes en la península Ibérica, que se preveía cerrar en junio, no auguraba nada bueno. Así ha sido. Pese a los esfuerzos realizados por ambas partes, que dicen seguir convencidas de que la operación mantiene su sentido “por su potencial para crear un gran operador europeo”, lo cierto es que las negociaciones han fracasado y la creación del gigante ibérico se ha venido abajo. No es la primera vez que intentos de fusión, absorción o compras hispano-lusas terminan por fracasar.
En este caso, sobre el papel, la transacción resultaba equilibrada, pues se creaban dos sociedades a las que se aportaban los negocios de downstream de las dos energéticas: por un lado, las redes de gasolineras, que suman 3.500 puntos de venta entre España y Portugal, con mayoría de los accionistas portugueses (50%), y, por otro, la que agrupaba a las dos refinerías de Moeve (las de Huelva y Gibraltar-San Roque) y la de Galp en Sines, controlada por los propietarios de Moeve (el 80%). Galp mantendría sus negocios de exploración y producción, en los que la española tiene escasa presencia. Dificultades en la valoración de activos, demasiadas partes implicadas y trabas del Gobierno luso para ceder la única refinería del país han dado al traste con una operación que no llegó en el mejor momento.
Solo un mes y medio después de su anuncio se desencadenó el conflicto de Irán y, con él, el cierre del estrecho de Ormuz, que ha disparado los precios de la energía con una volatilidad que ha complicado las valoraciones. Solo en este periodo el margen del refino (una actividad que ha revivido) se ha multiplicado por seis. Eso explica que la parte portuguesa, que había aceptado el citado reparto de capital entre las dos sociedades, finalmente haya intentado proteger sus derechos en Sines. No solo el Ejecutivo (un 8% del capital de la petrolera es público), sino el grupo Amorim, uno de los más relevantes de Portugal, que la controla.
El fracaso ha afectado especialmente al segundo accionista de Moeve, el fondo estadounidense Carlyle —con el 37% del capital, tras la emiratí Mubadala—, pues resultaba un primer y buen paso para su salida. Y no es una buena noticia para los usuarios, que se hubiesen beneficiado de la economía de escala de la operación, ni para el propio mercado ibérico, cuya integración necesitaba un impulso como el que hubiese dado la unión de las dos energéticas, con perfiles y tamaños muy similares.
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