Podría ser la entrada del palacio de un dictador de una república perdida, pero es el acceso a la sede de una de las compañías más valiosas del mundo. En la carretera que sale de Brownsville, Texas, hacia la base de SpaceX, se alza un busto gigante de Elon Musk, con la mirada elevada y prendido en el cuello un pañuelo con la bandera de EE UU, país del que este empresario de origen sudafricano se nacionalizó en 2002. La placa debajo de la estatua no lo presenta como fundador ni como presidente de la compañía, sus cargos oficiales, sino como “MemeLord”, en alusión a su presencia constante y provocadora en redes. Esta es otra particularidad de este busto: no lo levantó Musk, sino un grupo de aficionados del mundo cripto, un universo que el propio empresario ha alimentado durante años.
Los analistas recomiendan cautela a los minoristas ante la complejidad y riesgos de una empresa líder aunque de planes faraónicos y sin un rival comparable
Podría ser la entrada del palacio de un dictador de una república perdida, pero es el acceso a la sede de una de las compañías más valiosas del mundo. En la carretera que sale de Brownsville, Texas, hacia la base de SpaceX, se alza un busto gigante de Elon Musk, con la mirada elevada y prendido en el cuello un pañuelo con la bandera de EE UU, país del que este empresario de origen sudafricano se nacionalizó en 2002. La placa debajo de la estatua no lo presenta como fundador ni como presidente de la compañía, sus cargos oficiales, sino como “MemeLord”, en alusión a su presencia constante y provocadora en redes. Esta es otra particularidad de este busto: no lo levantó Musk, sino un grupo de aficionados del mundo cripto, un universo que el propio empresario ha alimentado durante años.
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