La inteligencia artificial (IA) seguirá siendo previsiblemente el principal soporte de la Bolsa estadounidense durante los próximos meses. Sin embargo, el fuerte entusiasmo que rodea a esta tecnología podría desembocar en una corrección bursátil a medio plazo. Es la tesis que defendió este miércoles Josefina Rodríguez, economista de Vanguard, durante un encuentro con periodistas en Madrid. “No sé si podemos hablar de pinchazo, pero sí que vemos que habrá una importante corrección”, ha vaticinado.
La segunda mayor gestora del mundo considera que la Bolsa europea es una buena alternativa ante para descorrelacionarse del sector tecnológico
La inteligencia artificial (IA) seguirá siendo previsiblemente el principal soporte de la Bolsa estadounidense durante los próximos meses. Sin embargo, el fuerte entusiasmo que rodea a esta tecnología podría desembocar en una corrección bursátil a medio plazo. Es la tesis que defendió este miércoles Josefina Rodríguez, economista de Vanguard, durante un encuentro con periodistas en Madrid. “No sé si podemos hablar de pinchazo, pero sí que vemos que habrá una importante corrección”, ha vaticinado.
La advertencia procede de una de las voces más influyentes de la industria financiera. Vanguard es la segunda mayor gestora de activos del mundo y administra más de 10 billones de dólares.
Rodríguez comparó el momento actual de la inteligencia artificial con otras grandes revoluciones tecnológicas, como el despliegue del ferrocarril o la expansión de Internet. Según explicó, el sector se encuentra todavía en una fase de inversión masiva en infraestructuras, necesaria para desarrollar todo su potencial económico.
Las empresas ligadas a la IA tienen comprometidas inversiones cercanas a los dos billones de euros entre 2026 y 2027, destinadas principalmente a la construcción de centros de datos y a la ampliación de la capacidad de computación necesaria para entrenar y operar los modelos. Esa carrera inversora está detrás de buena parte de las expectativas que hoy sostienen las cotizaciones de las grandes tecnológicas estadounidenses.
Por el momento, Vanguard considera que esas expectativas siguen encontrando respaldo en los resultados empresariales. Compañías como Nvidia, Microsoft, Meta o Amazon continúan registrando ingresos y beneficios que justifican, al menos por ahora, unas valoraciones que la gestora califica de exigentes.
Por ello, la firma no anticipa una corrección inmediata. Al contrario, espera que la inteligencia artificial continúe impulsando las valoraciones de las grandes compañías tecnológicas y sosteniendo el comportamiento de la Bolsa estadounidense durante los próximos meses.
El escenario cambia en un horizonte de alrededor de 18 meses. Rodríguez considera probable que se produzca una corrección en las empresas más vinculadas a la inteligencia artificial una vez que los inversores comiencen a exigir pruebas más contundentes de rentabilidad sobre las enormes inversiones realizadas.
Entre los posibles detonantes, la economista citó la dificultad para monetizar los servicios de IA generativa. Empresas como OpenAI o Anthropic podrían encontrarse con que la demanda de suscripciones o los ingresos asociados a sus servicios crecen menos de lo esperado por el mercado.
También alertó del riesgo de una progresiva comoditización de la tecnología. En ese escenario, el aumento de la competencia podría reducir los precios de los servicios de computación y de inteligencia artificial, dificultando que las compañías recuperen las fuertes inversiones realizadas en infraestructuras.
A ello se sumarían posibles cuellos de botella en la construcción de centros de datos, restricciones en el acceso a la energía necesaria para alimentar estas instalaciones, problemas de suministro de chips avanzados o un marco regulatorio más exigente del que actualmente descuentan los mercados.
Más Europa y pequeñas compañías
Ante ese riesgo, Vanguard recomienda una mayor diversificación de las carteras. La gestora considera que una forma de reducir la dependencia de las grandes tecnológicas estadounidenses pasa por aumentar la exposición a compañías de menor tamaño que puedan beneficiarse de la extensión de la inteligencia artificial al conjunto de la economía.
La firma cree que muchas de las ganancias derivadas de la adopción de esta tecnología acabarán trasladándose desde quienes la desarrollan hacia las empresas que la utilizan para mejorar su productividad. Por ello, ve potencial en estrategias ligadas a índices de pequeñas y medianas cotizadas.
Otra alternativa es elevar el peso de la renta variable europea. Según Rodríguez, el mercado bursátil del continente presenta una composición más diversificada y una exposición significativamente menor al fenómeno de la inteligencia artificial.
“La Bolsa europea está más diversificada, con un mayor peso de los bancos y las compañías energéticas. Además, las valoraciones son menos exigentes y la generación de flujo de caja libre resulta más atractiva que en Estados Unidos”, señaló.
Vuelta a la renta fija
La renta fija es otro de los activos que Vanguard considera adecuados para equilibrar el riesgo asociado a una elevada concentración en las grandes tecnológicas estadounidenses.
La gestora ve valor tanto en la deuda soberana como en la deuda corporativa, en un contexto en el que los bonos vuelven a ofrecer rentabilidades reales positivas tras años marcados por los tipos de interés extremadamente bajos.
Kelly Gemmell, responsable de especialización de productos de renta fija (Head of Fixed Income Product Specialism), destacó que el mercado de bonos corporativos presenta una concentración mucho menor que la observada en la renta variable estadounidense.
“Aunque las grandes tecnológicas han protagonizado importantes emisiones de deuda en los últimos meses, el grado de concentración en los grandes índices de bonos corporativos es muchísimo menor de lo que ocurre en el mercado de acciones”, afirmó.
Pese a prever una corrección a medio plazo, Vanguard sostiene que la inteligencia artificial seguirá siendo una tecnología transformadora para la economía global. La cuestión, según la gestora, no es si acabará generando valor, sino si las expectativas que hoy reflejan los mercados pueden mantenerse al mismo ritmo que avanzan los beneficios empresariales.
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