El dato de inflación de este mes de agosto ha estado en buena medida condicionado por la retirada de las ayudas fiscales a los combustibles, que embalsaron una subida de precios que aflora con retraso. Aun así, un 4,3% más que duplica el objetivo del 2%. No es el español un caso excepcional (aunque sí destacado): tanto la zona euro como Estados Unidos tienen sus índices de precios por encimad el 3%, y se prevé que sigan así durante lo que queda de año. El impacto del cierre de Ormuz es persistente y acumulativo. El inicio del curso llega, por tanto, con perspectivas de más inflación, y por lo tanto con expectativas de dinero más caro. En Europa las últimas señales, del propio BCE y de la coyuntura, apuntan a una subida de tipos dentro de dos semanas que el mercado da por hecha. Está más en el aire el escenario que se abra a partir de ahí.
Septiembre arranca con los precios al 4,3% y con los bancos centrales preparando el terreno para encarecer la financiación
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
Septiembre arranca con los precios al 4,3% y con los bancos centrales preparando el terreno para encarecer la financiación


El dato de inflación de este mes de agosto ha estado en buena medida condicionado por la retirada de las ayudas fiscales a los combustibles, que embalsaron una subida de precios que aflora con retraso. Aun así, un 4,3% más que duplica el objetivo del 2%. No es el español un caso excepcional (aunque sí destacado): tanto la zona euro como Estados Unidos tienen sus índices de precios por encimad el 3%, y se prevé que sigan así durante lo que queda de año. El impacto del cierre de Ormuz es persistente y acumulativo. El inicio del curso llega, por tanto, con perspectivas de más inflación, y por lo tanto con expectativas de dinero más caro. En Europa las últimas señales, del propio BCE y de la coyuntura, apuntan a una subida de tipos dentro de dos semanas que el mercado da por hecha. Está más en el aire el escenario que se abra a partir de ahí.
En Estados Unidos, como es habitual, el escenario es más confuso, con una Reserva Federal dividida, un Donald Trump contrario al dinero caro un presidente reacio a dar pistas al mercado. Pero en su puesta de largo en Jackson Hole, una parte fundamental de la liturgia de los banqueros centrales, Kevin Warsh ha optado por el pragmatismo al sugerir la necesidad de tomar medidas si la inflación no está embridada, lo que el mercado ha interpretado como una señal de próximas subidas de tipos. Paradójicamente, Warsh es contrario a dar indicaciones a los inversores, defendiendo que el mercado da las mejores señales… Pero estas semanas era el mercado el que reflejaba las expectativas de inflación y déficit. El presidente de la Fed, buen conocedor de Wall Street, sabía que con los operadores en alerta se jugaba buena parte de su credibilidad.
El mundo se asoma a un escenario de dinero más caro, en el corto plazo y también en el largo, como cabe esperar de otro pico inflacionista, el segundo en menos de dos años. En 2022 la fortísima subida de tipos hizo un destrozo casi sin precedentes en los fondos de renta fija o los mixtos. El escenario actual no es tan extremo, pero sí ofrece oportunidades para que los inversores aprovechen los tipos a corto (insuficientes aún como para compensar la inflación) o esperen para amarrar deuda a largo con intereses jugosos. La reacción de la renta variable es demasiado incierta como para hacer pronósticos: a la fuerza de los tipos al alza se contrapone un escenario económico benevolente y, sobre todo, la espada de doble filo del sector tecnológico, fuente de optimismo sin freno pero también de cautela.
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