El grupo siderúrgico Celsa da ya por cerrada la etapa de trasformación por la que ha pasado durante los últimos 28 meses. Celsa cambió de manos en octubre de 2023, cuando un juzgado de Barcelona avaló el plan presentado por los fondos acreedores que atesoraban la deuda del grupo para cambiar parte de esta por el 100% de las acciones, quitándole la propiedad a la familia Rubiralta. Desde entonces, la compañía ha estado inmersa en un proceso de búsqueda de eficiencia, mejora del resultado operativo y reestructuración del pasivo que ya ha dado sus frutos: a cierre de 2025, la deuda neta del grupo se situó en 1.145 millones de euros, un 70% menos que antes del cambio de propiedad. Y aunque el resultado neto del año pasado todavía arroja unas pérdidas de 143 millones de euros (la mitad que el año anterior), la empresa ha anunciado que en el primer trimestre de 2026 ya ha vuelto a beneficios, hasta los 18 millones de euros.
La compañía cerró 2025 con una deuda neta de 1.145 millones, un 70% menos que antes del cambio de propiedad
El grupo siderúrgico Celsa da ya por cerrada la etapa de trasformación por la que ha pasado durante los últimos 28 meses. Celsa cambió de manos en octubre de 2023, cuando un juzgado de Barcelona avaló el plan presentado por los fondos acreedores que atesoraban la deuda del grupo para cambiar parte de esta por el 100% de las acciones, quitándole la propiedad a la familia Rubiralta. Desde entonces, la compañía ha estado inmersa en un proceso de búsqueda de eficiencia, mejora del resultado operativo y reestructuración del pasivo que ya ha dado sus frutos: a cierre de 2025, la deuda neta del grupo se situó en 1.145 millones de euros, un 70% menos que antes del cambio de propiedad. Y aunque el resultado neto del año pasado todavía arroja unas pérdidas de 143 millones de euros (la mitad que el año anterior), la empresa ha anunciado que en el primer trimestre de 2026 ya ha vuelto a beneficios, hasta los 18 millones de euros.
La vuelta a los números negros significa un cambio de cara completo para Celsa, que venía arrastrando problemas muy importantes de deuda y apalancamiento, tesorería y gestión. El presidente ejecutivo de Celsa, Rafael Vilaseca, ha recurrido este miércoles, en la presentación de resultados anuales de 2025, a un símil que lleva tres años haciendo, desde que fue nombrado presidente de la compañía por los actuales accionistas: “El primer año dijimos que la empresa estaba en la UCI, en el segundo año ya la subimos a planta en el hospital, y en el tercero ya podemos decir que la empresa ha dejado el hospital y ya es una empresa normal. Puede tener días buenos o malos, pero ya es una empresa normal”.
Alcanzar esta “normalidad” era el objetivo principal para la compañía, y nada lo ejemplifica mejor que la situación de endeudamiento. “Cuando llegamos, la estructura financiera era inadecuada, excesivamente apalancada, a pesar de que la sentencia judicial mejoró la situación”, ha dicho Vilaseca. Antes de la sentencia de octubre de 2023, la deuda era de de 3.689 millones de euros. El aval del juez al plan de los fondos acreedores permitió la capitalización de 1.418 millones de euros, y más adelante, en noviembre de 2024, se siguió reduciendo deuda con la venta de las divisiones de Celsa en Reino Unido y los países nórdicos.
Finalmente, el año pasado, los accionistas aportaron 800 millones de euros más (200 millones en aportación de capital, y 600 millones en préstamos subordinados), y la empresa lanzó una emisión de bonos verdes por 1.200 millones de euros. Con estas condiciones, fue al mercado para refinanciar toda la deuda del grupo, y lo logró en diciembre de 2025.
Así, a cierre del año pasado, la deuda neta pasó a ser de 1.145 millones de euros, un 70% menos que antes de la sentencia. Y la ratio de apalancamiento pasó de 8,4 veces el ebitda a 2,4 veces, con una reducción aproximada del coste financiero anual de 80 millones. “De una situación excepcionalmente compleja, se ha logrado dar la vuelta gracias al equipo y a los accionistas. el momento actual es de satisfacción. Los datos se están consolidando”, ha expresado Vilaseca.
Esta mejora financiera ha ido acompañada de un plan para mejorar la eficiencia. Para este plan, la compañía decidió dedicar un equipo de 110 personas y poner una inversión inicial de 109 millones de euros. El objetivo era mejorar el resultado operativo, el ebitda. “Desde el primer momento el plan dio unos resultados muy por encima de los previstos, y ya cambiamos el objetivo. A final de 2025, mucho antes de lo previsto, ya se habían implementado mejoras por valor de 115 millones de euros, el 79% del objetivo total inicialmente previsto”, ha explicado Jordi Cazorla, consejero delegado del grupo.
Así, los resultados de 2025 muestran estos logros. Celsa logró una facturación de 3.347 millones de euros, prácticamente la misma que el año anterior, por un mercado de productos siderúrgicos que, pese a que sube la demanda en Europa, no es capaz de colmarla con productos europeos. Pese a esta situación en el mercado, el ebitda de Celsa creció un 44% hasta los 396 millones. El resultado de explotación aumentó un 142% hasta los 156 millones, y los fondos propios netos crecieron un 83% hasta los 322 millones. En 2025, el resultado consolidado neto del grupo todavía dio pérdidas, de 143 millones, la mitad que el año anterior.
“Podemos decir que lo hemos conseguido, los resultados han ido tal y como esperábamos, y la prueba es que la compañía ha entrado en beneficios en el primer trimestre de 2026″, ha remarcado Vilaseca. El presidente ejecutivo ha asegurado que Celsa entra ahora en una “etapa de excelencia”, en la que continuarán invirtiendo —en 2025 la compañía invirtió 183 millones, un 60% más que en 2024—, y en la que contarán todavía con el apoyo de los accionistas actuales, aunque es razonable pensar que cuando Celsa consolide los buenos resultados, los accionistas, que son un consorcio de fondos acreedores y bancos, buscarán una salida. Lo que ha quedado ya fuera de la mesa, en cualquier caso, es la búsqueda de un socio inversor industrial español. Celsa se comprometió con el Gobierno a ello cuando la propiedad cambió, y durante un tiempo buscó ese socio, alcanzando un preacuerdo incluso con Criteria, el brazo inversor de La Caixa, que al final se echó atrás. “Hemos transformado la compañía por otras vías, este asunto queda ya olvidado”, ha zanjado Vilaseca.
Celsa, que es la segunda empresa industrial en Cataluña por detrás de Celsa (tiene unos 5.000 trabajadores y 52.740 puestos de trabajo directos, indirectos e inducidos), tiene todavía algunas cuentas pendientes con la anterior propiedad. La compañía mantiene abiertos algunos procesos judiciales contra la anterior propiedad, algunos de ellos ya con sentencia, como la que obligó al anterior presidente, Francesc Rubiralta, a devolver siete millones de euros por retribuciones excesivas, u otra, en este caso absolutoria, sobre presuntos créditos fraudulentos. La empresa todavía continúa con algunos procesos: “No es un asunto agradable para los actuales administradores, pero es nuestro deber intentar recuperar las cantidades que consideramos que tenemos que recuperar”, ha dicho Vilaseca.
Para 2026, la empresa prevé consolidar esta etapa de beneficios, y por ahora no tiene más planes de desinversión sobre la mesa.
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