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China y Washington trabajan en una línea caliente sobre incidencias en Inteligencia Artificial que sabe a poco en un contexto de alarma sobre el avance de la tecnología
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☎️ ️ Un teléfono rojo. Es la imagen simbólica de una línea abierta de comunicación que Washington y Moscú habían acordado en 1963 para reportar de forma inmediata cualquier movimiento sospechoso en el ámbito atómico. Pekín y la Casa Blanca están discutiendo una línea caliente similar que sería una base inicial para un acuerdo de vigilancia y control sobre la Inteligencia Artificial que las dos súper potencias en la materia están empezando a configurar.
En junio ya avanzamos que la mayoría de los expertos ve necesario lidiar con esta nueva tecnología con las mismas cautelas que en su día se hizo con la energía nuclear. Pero hay una diferencia remarcable. Los avances atómicos se hicieron siempre dentro del perímetro de los Estados, de forma casi inalcanzable para los actores privados. Este es el modelo chino pero no el estadounidense, que tiene hasta cinco actores desarrollando los llamados modelos de frontera.
Esta diferente concepción genera mucho ruido en las conversaciones entre China y Estados Unidos, porque los interlocutores emiten en distintas frecuencias. Para Pekín, la idea de que las empresas americanas hayan promovido que sus agentes IA vayan por libre es absurda. Los incidentes de seguridad en los que han incurrido los diferentes modelos, (muy documentados en las páginas de El PAÍS), tienen un muy difícil encaje cultural en la cosmovisión china. La permisividad con agentes renegados, sólo apuntala los prejuicios desde el gigante asiático sobre la debilidad que producen las libertades occidentales.
Los incentivos de Xi Jinping y Trump para controlar o someter a la IA están desalineados en las formas, pero ambos son profetas de que este desarrollo tecnológico devolverá el poderío económico a sus mercados. Han puesto a la IA en el centro de sus estrategias de crecimiento, desoyendo las crecientes voces críticas en su entorno.
En Estados Unidos, la popularidad de la IA y los ubicuos centros de datos pierde adeptos de forma transversal. No solo los demócratas tienen recelos de esta nueva tecnología, también son cada vez más los republicanos que desconfían de su efecto en el empleo. En China, la ciudadanía abraza la inteligencia artificial con entusiasmo pero los economistas de cabecera del Partido han puesto pie en pared: esta tecnología no crea empleo, y si algo necesita el país que atraviesa uno de sus peores momentos económicos son puestos de trabajo. El desempleo juvenil está en máximos históricos, cerca de un inaudito 20%. Si algo saben las dictaduras de revueltas populares, es que el paro entre los jóvenes es uno de los combustibles más inflamables para encender el descontento. Por lo pronto, los jueces ya han empezado a desestimar los despidos que tengan como causa una suplantación de las labores de un humano por esta tecnología.
Qué va a pasar
🌎 Aunque Naciones Unidas sería el marco adecuado para un tratado internacional para regular la IA, la decisión del presidente chino de obviar la cumbre y dirigirse directamente a la Casa Blanca, pese a la coincidencia de las fechas, deja claro que por ahora solo hay una pareja en este baile. Además de activar el teléfono rojo, no está claro si las alertas en ambos países están políticamente maduras como para crear mecanismos de supervisión conjuntos. El mercado ha apostado demasiado dinero al desarrollo de la IA y la opción por la que parecen decantarse para el control del sector estaría inspirada en los mecanismos de vigilancia bancaria. Con organismos supervisores al estilo SEC — la CNMV americana— o la Fed (o incluso con extensiones especializadas de estos entes que ya existen), que pudieran tener equipos empotrados en las compañías sistémicas que fueran alertando de un exceso de laxitud en el control de riesgos.
Aunque la idea es más digerible para el mercado privado, para que funcione tiene que haber unas leyes previas que estas entidades hagan cumplir y que por ahora no existen en EE UU, aunque un paquete legislativo está en discusión en el Congreso. La supervisión bancaria es algo que existe en todos los mercados del mundo, da igual el grado de capitalismo o centralismo con el que se organicen, porque las crisis financieras no han dejado lugar a dudas de que el control del Estado sobre las organizaciones privadas que concentran tanto poder es necesario. Eso sí, en determinados periodos cambia la aproximación política y se les da más libertad a los bancos, como antes de la burbuja financiera o ahora con Trump II, así que los organismos supervisores por sí mismos no son suficientes para evitar una crisis. Debe haber una reglamentación acorde que permita atar a las entidades en corto.
🏦 Siguiendo con el símil, la regulación bancaria está bastante fragmentada por regiones pero el Comité de Supervisión Bancaria de Basilea — alojado en el Banco de Pagos Internacional que actualmente dirige el español Pablo Hernández de Cos— forja acuerdos globales que armonizan en parte las reglas para crear un mínimo campo de juego común. Este organismo forma parte de alguna forma de la arquitectura financiera multilateral global del viejo orden (aunque es tres décadas posterior a instituciones como el FMI), pero no tiene relación con el ámbito de Naciones Unidas. De hecho, a este consejo de supervisión financiera solo pertenecen países con mercados relevantes.
Los bancos son posiblemente las empresas privadas más interesadas en que se controle el desarrollo de la IA. En el reciente encuentro de gobernadores de bancos centrales de Jackson Hole (Wyoming), se discutieron diferentes escenarios distópicos de ataques de agentes IA al sistema bancario. Un ataque a un banco sistémico podría causar un descalabro financiero global, y esta preocupación se está extendiendo en los centros de poder aunque no al ritmo que algunos expertos consideran adecuado. En la reunión de ministros de finanzas de la UE este fin de semana pasado en Dublín, se habló sobre todo de los peligros del avance de la IA para el empleo. Pero el peligro inmediato que puede poner en jaque a la economía no es un goteo de despidos de trabajadores de cuello blanco. Es un ciberataque a un gran banco, incluso aunque no sea europeo.
🇨🇦🇧🇷 Entre tanto, las famosas potencias medianas siguen apostando por una nueva versión de la geometría variable que tan buenos resultados le ha dado al presidente español, Pedro Sánchez, en el Parlamento español, para intentar forjar alianzas. Aunque no les han invitado a la mesa de los mayores, Canadá y Brasil (omnipresente por ahora con Lula en todos los foros, tanto capitalistas como alternativos) están junto con Corea del Sur y varios países europeos, trabajando en alianzas tecnológicas que puedan construir algo similar a una IA soberana. En un colectivo tan informal y, por lo tanto, tan desorganizado, que hay varios planes encima de la mesa que se superponen en la discusión.
Están los que piensan que ya es tarde para construir un modelo de lenguaje digno, y abogan por apostar en la especialización de las aplicaciones que permitan apuntalar la política industrial o que potencien la sanidad, y que de alguna forma construyan un muro de defensa frente a la supremacía tecnológica chino americana. Pero toma fuerza la idea de construir un modelo independiente que no aspire a competir con las IAs generalistas de frontera, pero sí que sea lo suficientemente sólido como para servir de resistencia y generar el ecosistema que gestione las capacidades críticas relacionadas con la Defensa y otra gestión de datos que debe permanecer soberana (como proteger a los bancos y otras infraestructuras críticas).
El plan para el despliegue responsable de la IA que presentó Sánchez el lunes en Moncloa ha gustado bastante en el sector. Esto le lleva como país a asomar la cabeza de un posible liderazgo de cara a un proyecto global, si no se la hunde la terrible gestión de la crisis humanitaria en Ceuta.
No hay visibilidad de la dirección que tomarán los acontecimientos en los próximos meses, así que por hoy lo dejamos aquí. Los ganadores y perdedores están tan difusos como los planes de los líderes políticos.
El Dato: 61
Es el número de conflictos armados con un Estado como protagonista que se registraron en el año 2024, el mayor nivel desde 1946 según los registros de la Agencia de Naciones Unidas para el Comercio (por sus siglas en inglés UNCTAD). Ni siquiera entraría la escalada de agresiones de 2025 que ha desatado EE UU en Oriente Medio.
El Concepto: Commercial lock-in
Esta idea es fundamental en las discusiones entre China y Estados Unidos. La Administración Trump tiene la tentación de limitar el acceso de china a los chips de última generación que desarrolla NVIDIA. Los expertos económicos le han advertido que esto es un error porque rompe el commercial lock-in. Esto es, la dependencia de China a esos chips. Si China deja de tener el acceso desarrollará de forma autónoma y mucho más rápido alternativas que sustituirán a los chips de NVIDIA y acelerará el desarrollo de su IA cuyos modelos están apenas seis meses por detrás de los americanos. Aunque sea contraintuitivo, lo más seguro es que Pekín pueda seguir usando los chips americanos para asegurarse de que no tiene incentivos en construir los propios.
La frase:
“Las Naciones Unidas no se crearon para llevarnos al cielo, sino para salvarnos del infierno”, dijo Dag Hammarskjöld, segundo Secretario General de las Naciones Unidas desde abril de 1953 hasta su trágica muerte en un accidente de aviación en el Congo en septiembre de 1961.
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