Lo sabía. Cuando dijo que se trataba de un “ataque a la integridad territorial de España”, el presidente Sánchez ya sabía que, además de la ocupación de Ceuta por parte de más de 80.000 inmigrantes que cruzaron a pie y a nado la frontera procedentes de Marruecos, varios buques de guerra marroquíes estaban entrando a la vez en las aguas territoriales españolas –que siguen sin ser avaladas ante la ONU–, una violación que se repitió durante los primeros días de agosto. Demasiada coincidencia para atribuirla a las mafias o a la casualidad. Hoy podemos decir que se trató de la mayor agresión a nuestro territorio procedente de Marruecos desde la invasión del Sáhara español en 1975 mediante la llamada Marcha Verde.
La presión marroquí sobre Ceuta revela la debilidad exterior de España y la creciente irrelevancia estratégica de Europa
Lo sabía. Cuando dijo que se trataba de un “ataque a la integridad territorial de España”, el presidente Sánchez ya sabía que, además de la ocupación de Ceuta por parte de más de 80.000 inmigrantes que cruzaron a pie y a nado la frontera procedentes de Marruecos, varios buques de guerra marroquíes estaban entrando a la vez en las aguas territoriales españolas –que siguen sin ser avaladas ante la ONU–, una violación que se repitió durante los primeros días de agosto. Demasiada coincidencia para atribuirla a las mafias o a la casualidad. Hoy podemos decir que se trató de la mayor agresión a nuestro territorio procedente de Marruecos desde la invasión del Sáhara español en 1975 mediante la llamada Marcha Verde.
España es el principal socio comercial de Marruecos, al que exportamos, sobre todo, maquinaria, componentes del automóvil y productos textiles. También somos un proveedor clave de energía y el segundo emisor de turistas. Por su parte, España es el principal mercado para sus exportaciones, lo que evidencia la clara integración entre ambos países en las cadenas de producción industrial. Junto a ello, la comunidad extranjera más numerosa en España procede de Marruecos, que, además, es una de nuestras dos puertas de entrada para los inmigrantes procedentes del África subsahariana. España es también el principal punto de entrada en Europa del hachís originario de Marruecos.
¿Por qué Marruecos ejecuta ahora un “ataque a la integridad territorial de España”? Se me ocurren dos respuestas complementarias. La primera es que desde hace años se observa que la política marroquí busca un desacople creciente con España. Como si planificaran la inevitabilidad de un futuro conflicto, las autoridades marroquíes van reduciendo sus dependencias estratégicas respecto de España. Baste señalar dos ejemplos: el protagonismo adquirido por China como socio comercial y económico en detrimento de España y la reactivación del proyecto de 2018 para construir un cable eléctrico submarino con Portugal, en lugar de un segundo cable con España, más barato y técnicamente más sencillo. En ese contexto, la ocupación civil de Ceuta habría sido una prueba de fuerza para Marruecos y de debilidad para España, precedida de los saltos anteriores a las vallas de Ceuta y Melilla –más de 15 desde 2004– como pruebas previas.
La segunda respuesta es que España no ha tenido, desde la proclamación de la democracia, una posición internacional más débil que la actual. Las políticas migratoria y de defensa aplicadas por el Gobierno han hecho del presidente Sánchez un referente internacional para los progresistas, pero también han enfrentado a España con el Gobierno estadounidense y la han aislado de sus socios europeos, como se ha visto en el último Consejo.
Muchos españoles no hemos sentido el apoyo europeo durante la crisis de julio y agosto con Marruecos. La Unión Europea vive una situación de acelerada debilidad e irrelevancia en el nuevo desorden mundial al ser objeto, simultáneamente, de chantaje por parte de Trump, presión por parte de China y amenazas de guerra híbrida desde Moscú. En palabras de la presidenta Von der Leyen en su discurso sobre el estado de la Unión: “Estamos lidiando con un mundo abiertamente hostil” en el que las viejas asunciones se han diluido.
La Unión Europea tiene un elevado superávit comercial con Estados Unidos y un considerable déficit, aunque menor, en la balanza de servicios. Cuando Trump nos chantajea con aranceles, sabe que EE UU es nuestro principal socio comercial, con un volumen que se ha duplicado en los últimos 10 años, lo que nos coloca en una posición de debilidad, dado que nuestras importaciones son más rígidas al concentrarse en productos petrolíferos. Entre las exportaciones europeas destacan los productos farmacéuticos. La fuerte rebaja de los precios de compra de los medicamentos bajo patente aplicada en EE UU por Medicare e, indirectamente, por el mercado privado afectará negativamente a la investigación europea en nuevos medicamentos. La debilidad europea se refuerza por la elevada dependencia militar que mantenemos de EE UU, a pesar de que empezamos a incrementar el gasto militar mediante la compra, en buena parte, de productos estadounidenses.
Dependencias estratégicas
Pese a tener un importante déficit comercial con China, el país asiático se permite presionar a Europa por la elevada dependencia que tenemos de productos estratégicos chinos, lo que nos hace tremendamente vulnerables. Como recoge la reciente recomendación del Parlamento Europeo sobre la política hacia China, “la dependencia excesiva de tecnologías y recursos chinos en materia de prevención del cambio climático, materias primas fundamentales y tierras raras hace que la Unión sea vulnerable” ante un país que ha pasado de ser “un socio” a ser “un competidor comercial y económico” y un “rival sistémico”, al que se le reconoce la categoría de “superpotencia mundial” y del que nos separa nuestra defensa de los derechos humanos.
Cuando el Parlamento Europeo exige una política más firme frente a China, en línea con las demandas de Alemania y Francia, sobre todo para defender el automóvil europeo, los diputados socialistas españoles, significativamente, se abstienen, sin duda porque, también en relación con China, el Gobierno de Sánchez mantiene una política propia de mayor colaboración, incluso en asuntos tecnológicos, y desoye a Bruselas.
Rusia no solo está en guerra con Ucrania. En palabras de Von der Leyen, también ha efectuado “ataques, usando material militar (principalmente drones) contra suelo europeo”. Los ataques híbridos, incluidos los ciberataques atribuibles a Rusia, se están convirtiendo en habituales en una Europa que empieza a ver posible una confrontación bélica en nuestro territorio, para la cual nuestro sistema integrado de defensa no está preparado. Por ello, ante las dudas sobre el respaldo estadounidense, se existe con rapidez una nueva Estrategia Europea de Seguridad.
Vivimos la campaña electoral más centrada en nuestro bipolar ombligo nacional en el momento en que más necesitamos abordar los retos internacionales que, en buena medida, ya están definiendo nuestra realidad como país. Necesitamos más altura de miras que nunca en las últimas décadas, cuando el momento nos ofrece, precisamente, todo lo contrario. Como en el chiste, entran ganas de preguntar: ¿hay alguien más ahí?
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