A Friedrich Merz, canciller de Alemania, se le debió atragantar el mitin electoral del pasado sábado de Donald Trump. El líder de Estados Unidos apareció en el escenario de un acto, en el Estado de Georgia, con Gernot Döllner, presidente del fabricante de automóviles alemán Audi. Las relaciones de Merz con el presidente de Estados Unidos son gélidas, no solo por la guerra comercial provocada por la Casa Blanca contra Europa, sino, sobre todo, porque el pasado septiembre Trump celebró con fervor las victorias electorales de AfD, la extrema derecha alemana.
El comité de empresa, los sindicatos y los socialdemócratas acusan al consorcio alemán de respaldar al líder estadounidense a pocos días de las elecciones
A Friedrich Merz, canciller de Alemania, se le debió atragantar el mitin electoral del pasado sábado de Donald Trump. El líder de Estados Unidos apareció en el escenario de un acto, en el Estado de Georgia, con Gernot Döllner, presidente del fabricante de automóviles alemán Audi. Las relaciones de Merz con el presidente de Estados Unidos son gélidas, no solo por la guerra comercial provocada por la Casa Blanca contra Europa, sino, sobre todo, porque el pasado septiembre Trump celebró con fervor las victorias electorales de AfD, la extrema derecha alemana.
El canciller democristiano y sus socios de Gobierno, los socialcristianos bávaros de la CSU y los socialdemócratas del SPD, se encontraron el sábado con que uno de los grandes momentos de la campaña republicana para las elecciones legislativas estadounidenses era un regalo a Trump del mayor grupo industrial alemán.
Döllner intervino en el mitin para anunciar que Audi abrirá en Georgia la primera fábrica de la marca en Estados Unidos, con una inversión de 3.570 millones de euros y la creación de 4.500 puestos de trabajo. “Buenas noches, Georgia, es fantástico estar aquí. Quiero agradecer al presidente Trump su apoyo y esta gran oportunidad”, dijo el jefe de Audi en una corta intervención entre los vítores de decenas de fans de Trump.
“Vergonzoso”
Audi forma parte del grupo Volkswagen, que se encuentra en un proceso de suprimir hasta 2030 decenas de miles de empleos en Europa. En esta ocasión, el comité de empresa y los sindicatos no han cargado contra la dirección del consorcio por esta pérdida de empleos, sino por su relación con Trump. “Es vergonzoso, no puede caerse más bajo”, ha escrito la presidenta del comité de empresa Daniela Cavallo: “Se estaban viendo largos minutos de puro racismo, sexismo, difamación de extranjeros, transfobia, degradación de la democracia, y de repente aparece en el escenario uno de los máximos representantes de nuestro consorcio para participar activamente en la campaña”.
Trump dijo en este mitin que los demócratas “han traído [a Estados Unidos] a gente de países de mierda”, en referencia a Libia, Yemen, Haití y Somalia.
Christiane Benner, presidenta de Ig-Metall, el mayor sindicato de Alemania, ha declarado que la participación de Döllner es “lamentable” y “políticamente inaceptable”.
Cavallo también ha dirigido sus críticas al presidente del grupo Volkswagen: “Nos convierte en marionetas en un show de una figura política que daña los valores que representa la empresa”.
El Gobierno ha evitado este lunes valorar la colaboración del grupo Volkswagen en la campaña de Trump. El viceportavoz de la cancillería, Sebastian Hille, ha reiterado en rueda de prensa que “se trata de una decisión exclusivamente empresarial que el Gobierno no comenta”.
Recuerdo del nazismo
Las críticas contra el grupo Volkswagen han señalado en especial el pasado de la compañía como uno de los pilares industriales del nazismo. “Lo que ha sucedido es una vergüenza, especialmente teniendo en cuenta la historia del grupo Volkswagen”, dijo el domingo a la agencia DPA la diputada del SPD Isabel Cadematori. La política socialdemócrata añadió que era igualmente grave que el consorcio alemán haya tomado partido por Trump en uno de los Estados, Georgia, donde los resultados electorales en las elecciones de medio mandato del 3 de noviembre están más reñidos entre republicanos y demócratas.
El Ministerio de Finanzas, que encabeza el presidente del SPD y vicecanciller, Lars Klingbeil, tampoco ha querido valorar la participación de Döllner en la campaña republicana. El Gobierno de la Baja Sajonia, encabezado por el SPD, es miembro del consejo de supervisión del Grupo Volkswagen al ser uno de sus accionistas de referencia.
También ha habido comentarios en defensa de Döllner. “¿Qué podía hacer este? ¿Simular una migraña para no asistir a la convocatoria de Trump? ¿Inventarse la muerte de un familiar? ¿Insistir en que Trump eliminara de su discurso todo lo que era desagradable?”, ha escrito en el semanario Focus la columnista Tanit Koch.
El comité de empresa del grupo Volkswagen estudiará si Döllner ha infringido los protocolos de Audi sobre la neutralidad política. Las normas internas de la compañía prohíben a sus empleados y a la ejecutiva a participar “en los tres meses previos a las elecciones en actos públicos con partidos o políticos, ni patrocinar sus actos”.
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