La silla económica más importante de Europa está vacante. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, dejará su cargo el 7 de febrero, casi nueve meses antes de que venza su mandato el 31 de octubre de 2027. El movimiento, anunciado por el banco este jueves, ya estaba en los corrillos políticos y financieros de Europa desde hace meses (así lo publicaron Reuters, Bloomberg y Financial Times) y obliga a los miembros de la eurozona a pactar en pocas semanas la renovación casi al completo de la cúpula de la institución económica más poderosa del continente. El 3 de enero abandona su puesto la alemana Isabel Schnabel, consejera del banco dedicada a mercados financieros, y el 1 de junio Philip Lane, irlandés que ejerce como economista jefe. Son los tres puestos más codiciados del comité ejecutivo del banco, órgano de gobierno de la entidad, y la decisión de Lagarde llevará a los países de la zona euro a negociar una renovación en bloque. Además, permite que sea el Gobierno francés de Emmanuel Macron quien participe en las conversaciones, antes de las elecciones presidenciales de la próxima primavera.
La francesa adelanta su salida de la entidad. Pablo Hernández de Cos y el neerlandés Klaas Knot optan a suceder a Lagarde dentro de una amplia renovación de la cúpula del banco
La silla económica más importante de Europa está vacante. La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, dejará su cargo el 7 de febrero, casi nueve meses antes de que venza su mandato el 31 de octubre. El movimiento, anunciado por el banco este jueves, ya estaba en los corrillos políticos y financieros de Europa desde hace meses (así lo publicaron Reuters, Bloomberg y Financial Times) y obliga a los miembros de la eurozona a pactar en pocas semanas la renovación casi al completo de la cúpula de la institución económica más poderosa del continente. El 3 de enero abandona su puesto la alemana Isabel Schnabel, consejera del banco dedicada a mercados financieros, y el 1 de junio Philip Lane, irlandés que ejerce como economista jefe. Son los tres puestos más codiciados del comité ejecutivo del banco, órgano de gobierno de la entidad, y la decisión de Lagarde llevará a los países de la zona euro a negociar una renovación en bloque. Además, permite que sea el gobierno francés de Emmanuel Macron quien participe en las conversaciones, antes de las elecciones presidenciales de la próxima primavera.
Según ha comunicado el BCE en nota de prensa, Lagarde se ha dirigido al presidente del Consejo Europeo, António Costa, para indicarle su salida anticipada. El proceso para sutituirla, así, ya ha arrancado: primero los Estados de la zona euro propondrán sus candidatos, de los cuales uno será elegido por el Eurogrupo (formado por los ministros de Finanzas de la zona euro). Tras pasar por el consejo de gobierno del BCE y por el Parlamento, será el Consejo Europeo quien tomará la decisión final. La posibilidad de que Lagarde dejara el banco empezó a vislumbrarse hace meses en particular desde que François Villeroy de Galhau dejara su cargo como gobernador del Banco de Francia en junio de este año. El movimiento, que apenas adelantó un año su salida, permitió que su sucesor fuera nombrado por Emmanuel Macron, antes de las elecciones francesas de abril. El presidente francés podrá, también, negociar con el resto de capitales la sucesión de Lagarde. La filtración de que la francesa publicaría un libro de memorias en enero solo disparó las especulaciones, que ella tampoco quiso desmentir: en cada declaración pública, su lenguaje parecía abrir un poco más la puerta a una salida anticipada.
Los plazos apuntan a una negociación rápida y, como esperaban buena parte de los expertos, en bloque, con dos cargos clave sobre ya la mesa y, muy probablemente, tres, incluyendo el de Lane, economista jefe. El canciller alemán, Friedrich Merz, ya apuntó este mes que Berlín está preparada para negociar los tres puestos dentro de un único paquete. El Eurogrupo, de hecho, prorrogó hasta finales de noviembre el proceso de recepción de candidaturas para la sucesión de Schnabel.
Uno de los dos candidatos a suceder a Lagarde es el español Pablo Hernández de Cos, exgobernador del Banco de España y actual director gerente del Banco Internacional de Pagos de Basilea. Su principal contendiente, a fecha de hoy, es el exgobernador del Banco Central de los Países Bajos, Klaas Knot, en una carrera donde, según los expertos, ambos galgos corren casi a la par. La decisión final corresponde al Consejo Europeo, es decir, a las capitales y de algo que puede calificarse tanto de un sutil equilibrio diplomático como de un mercado persa, sin que ninguno de estos dos calificativos vaya muy desencaminado. Tanto Países Bajos como España (donde se ha generado un insólito consenso entre Gobierno y PP) apoyan a sus respectivos candidatos, pero la carrera está lejos de estar cerrada.
Tres de los cuatro grandes países de la zona euro parten, de salida, sin sitio en el consejo: salen Schnabel por Alemania, Lagarde por Francia y salió ya Luis de Guindos por España (relevado por el corata Boris Vujčić el año pasado). Italia tiene ya a un miembro en el consejo (Piero Cipollone), y Países Bajos otro (Frank Elderson). Aunque la lógica asigne a España, Alemania y Francia cada uno de los tres puestos y, de momento, solo España tiene candidato a la presidencia, la negociación puede traer sorpresas. Elderson podría hacerse a un lado para hacer sitio a Knot, o puede aparecer un candidato tapado, como fue la propia Lagarde hace ocho años, para desbloquear unas conversaciones estancadas. Las aspiraciones de Berlín y París sobre el puesto de economista jefe, para el que circulan los nombres de varias expertas, o cómo pueden encajar las capitales la sensibilidad del próximo presidente jugarán un papel clave. Eso, si no entran en juego otras consideraciones fuera del ámbito estricto del BCE.
En teoría, tanto Knot como de Cos tienen un perfil relativamente neutro: ni muy halcón, partidario de combatir la inflación con mayor vehemencia, subiendo tipos para cortar de raíz las expectativas de subidas de precios, ni muy paloma, más pendiente del impacto de los tipos de interés sobre la actividad económica y con un mayor umbral de tolerancia a la inflación. Los países del Sur de Europa tienden a ser partidarios de palomas y los del Norte, halcones. Y en la carrera actual, el historial de Knot refuerza el tópico, sobre todo por su actitud durante la crisis del euro y los años posteriores, alineado con el Bundesbank alemán.
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