
La economía española ha confirmado su capacidad de resistencia en un inicio de año marcado por las turbulencias internacionales. Según los datos definitivos de la Contabilidad Nacional publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Producto Interior Bruto (PIB) creció un 0,6% entre enero y marzo. Este dato, aunque supone una ligera desaceleración de dos décimas respecto al vigoroso cierre del año anterior, sitúa la tasa de crecimiento interanual en el 2,7%. Si bien el Ministerio de Economía celebra que el país lidera el avance entre las principales potencias de la zona euro, los analistas advierten de que la composición de este crecimiento es menos virtuosa de lo previsto, al descansar excesivamente en el consumo y mostrar grietas en la inversión y las ventas al exterior.
El avance interanual se mantiene en el 2,7%, con peor contribución de la inversión y las exportaciones
El avance interanual se mantiene en el 2,7%, con peor contribución de la inversión y las exportaciones


La economía española ha confirmado su capacidad de resistencia en un inicio de año marcado por las turbulencias internacionales. Según los datos definitivos de la Contabilidad Nacional publicados este jueves por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el Producto Interior Bruto (PIB) creció un 0,6% entre enero y marzo. Este dato, aunque supone una ligera desaceleración de dos décimas respecto al vigoroso cierre del año anterior, sitúa la tasa de crecimiento interanual en el 2,7%. Si bien el Ministerio de Economía celebra que el país lidera el avance entre las principales potencias de la zona euro, los analistas advierten de que la composición de este crecimiento es menos virtuosa de lo previsto, al descansar excesivamente en el consumo y mostrar grietas en la inversión y las ventas al exterior.
Los expertos sugieren que el dato del primer trimestre podría estar condicionado por factores coyunturales extraordinarios. Raymond Torres, director de Coyuntura de Funcas, apunta a un fenómeno de “adelanto de pedidos” por parte de las empresas durante el mes de marzo. El estallido del conflicto bélico en Oriente Próximo a finales de febrero habría empujado al tejido empresarial a asegurar suministros ante el temor de futuros desabastecimientos, un comportamiento que se ha observado en los indicadores de confianza como el PMI (de ahí que en abril el índice se contrajera por primera vez en dos años y medio). Torres advierte de que este acopio de existencias y pedidos anticipados podría traducirse en un ajuste a la baja durante el segundo trimestre del año, una vez agotado el efecto preventivo.
El mercado laboral continúa mostrando una resiliencia excepcional, actuando como escudo de la actual inestabilidad geopolítica.
Precisamente la inflación es el flanco donde se concentran los mayores riesgos. Aunque el crecimiento del PIB se mantiene en cifras positivas, Torres insiste en que el principal problema de la economía reside en los precios. Con una inflación subyacente (que excluye los elementos más volátiles, como energía y alimentos no elaborados) que se situó en mayo en el 3%, el país se enfrenta a una progresiva pérdida de competitividad que podría lastrar las exportaciones en el futuro. A esto se suma la incertidumbre derivada del aumento en el precio de los combustibles y la volatilidad internacional, que aunque no han frenado el consumo hasta ahora pueden suponer un freno en el medio plazo.
A pesar de estos nubarrones, las perspectivas para los próximos meses mantienen un tono moderadamente optimista. Los indicadores de actividad correspondientes a la primera quincena de junio sugieren que la economía mantiene su inercia. Miguel Cardoso,economista jefe para España deBBVA Research, estima que el crecimiento del PIB para el segundo trimestre se situará entre el 0,6% y el 0,7%, lo que confirmaría que el país sigue sorteando los vaivenes geopoliticos con relativa fortaleza.
La capacidad de la economía para absorber la incertidumbre internacional sigue sorprendiendo a los analistas, aunque coinciden en que el crecimiento económico de cara a cierre de año dependerá de que la inversión privada aumente.
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