
El Viejo Continente quiere reforzar su influencia global ante una coyuntura internacional cada vez más volátil. Con este objetivo en mente, la Comisión Europea ha presentado recientemente el primer plan de acción para la implementación del Pacto por el Mediterráneo, una iniciativa que busca una mayor integración económica entre Europa y los países del norte de África y Oriente Próximo. El proyecto apunta a potenciar el desarrollo de la región con iniciativas vinculadas a la inversión en tecnología, infraestructura, y proyectos energéticos, así como aumentar la cooperación en temas de seguridad e inmigración irregular. No obstante, los expertos advierten de que las complejidades políticas, la corrupción y la creciente influencia de otras potencias en la región pueden dificultar la labor.
La Unión Europea ha presentado un plan de acción para incrementar la cooperación económica con los países del norte de África y Oriente Próximo. Si bien los expertos concuerdan en que la propuesta supone una oportunidad para los involucrados, recuerdan que la influencia de los BRICS y los intereses nacionales pueden ser un obstáculo
El Viejo Continente quiere reforzar su influencia global ante una coyuntura internacional cada vez más volátil. Con este objetivo en mente, la Comisión Europea ha presentado recientemente el primer plan de acción para la implementación del Pacto por el Mediterráneo, una iniciativa que busca una mayor integración económica entre Europa y los países del norte de África y Oriente Próximo. El proyecto apunta a potenciar el desarrollo de la región con iniciativas vinculadas a la inversión en tecnología, infraestructura, y proyectos energéticos, así como aumentar la cooperación en temas de seguridad e inmigración irregular. No obstante, los expertos advierten de que las complejidades políticas, la corrupción y la creciente influencia de otras potencias en la región pueden dificultar la labor.
“El Pacto por el Mediterráneo es el nuevo marco estratégico de la UE para profundizar la cooperación con 10 países del sur del Mediterráneo, concebido como un modelo centrado en las personas y basado en la colaboración para el crecimiento y la estabilidad compartidos. Económicamente, busca integrar los mercados regionales, fortalecer el comercio y la inversión, modernizar las infraestructuras, desarrollar los sectores de energías limpias y digitales, y apoyar a las pymes y el emprendimiento”, explica a CincoDías Andreas Berger, portavoz del Comité Económico y Social Europeo (EESC, por sus siglas en inglés).
Actualmente, la UE ya ha firmado asociaciones estratégicas e integrales con países como Túnez, Egipto y Jordania en los últimos años. Asimismo, se contempla que este tipo de cooperación pueda extenderse a los países del Golfo. “Estas asociaciones permiten una mejor integración de los instrumentos de financiación de la UE, la cooperación regulatoria y la agenda de reformas, al tiempo que impulsan la financiación privada. Se centran en la inversión, la estabilidad económica, el empleo, la energía, el transporte, la seguridad, la migración y otras áreas de interés común”, expresan documentos oficiales de la CE.
Tres pilares
Bruselas resalta que el plan de acción es un documento “flexible y dinámico que se actualizará y adaptará periódicamente al contexto cambiante mediante consultas continuas”. Así, la propuesta presentada es una primera versión, que ya incluye 21 acciones concretas y más de 100 iniciativas nacionales específicas. Además, sus propuestas están enmarcadas en tres ejes temáticos o pilares: el primer pilar son las personas; el segundo, las economías, y el tercero, la seguridad y la inmigración.
“La UE busca una mayor integración porque el Mediterráneo es estratégicamente vital para la resiliencia económica, la seguridad energética, la gestión de la migración y la estabilidad geopolítica. La región ofrece oportunidades para la diversificación de las cadenas de suministro, el acceso a recursos naturales y mercados en crecimiento”, observa Berger.
En el primer ámbito, ya se han planteado ocho acciones. Entre ellas, sobresale la Iniciativa Universitaria Mediterránea, cuyo objetivo será profundizar la colaboración académica, la excelencia en la investigación y la innovación entre los socios. Dicho esto, gran parte de las propuestas de este pilar se gestarán en el marco de la Plataforma Regional de la Unión por el Mediterráneo sobre Investigación e Innovación, entidad creada para compartir, debatir y desarrollar políticas de investigación e innovación en la zona.
En cuanto a la economía, el segundo pilar, se han presentado cuatro acciones, destacando la Iniciativa Transmediterránea de Cooperación en Energías Renovables y Tecnologías Limpias (T-MED), que cuenta con una plataforma de inversión. Según el Ejecutivo comunitario, esta propuesta busca acelerar proyectos de energías renovables, redes eléctricas y tecnologías limpias, movilizando financiación pública y privada, mitigando riesgos financieros y fomentando alianzas con la industria.
El tercer pilar es el más controvertido y criticado por las organizaciones no gubernamentales y partidos favorables a la inmigración. Entre las nueve acciones propuestas vinculadas a la seguridad, se incluye la llamada Operación Mediterránea para el Mediterráneo (MED-OP), que apoyará la lucha contra la delincuencia y el crimen organizado. Igualmente, incluye el plan Fronteras Seguras, cuyo objetivo es reforzar las capacidades operativas e institucionales de gestión fronteriza y la gobernanza del sector de la seguridad.
“A Europa le interesa el pacto porque está compitiendo en la región con China, Rusia y otros Estados, y se quiere buscar una mejor interlocución, integración e interdependencia con los países del Mediterráneo en todos los ámbitos. También, evidentemente, existe un problema de inmigración que se quiere frenar y se quiere buscar una nueva forma de cooperación”, responde Gonzalo Escribano, investigador principal y director para energía y clima del Real Instituto Elcano tras ser consultado por CincoDías.
Energía y desarrollo
La actual crisis provocada por la guerra en Irán subraya la necesidad de que Europa diversifique proveedores y socios estratégicos. En esta línea, Berger subraya que el norte de África proporciona recursos clave para los Veintisiete, especialmente hidrocarburos como gas y petróleo (sobre todo de Argelia y Libia). Por otro lado, cuentan con un potencial cada vez mayor para desarrollar energía renovable (solar, eólica e hidrógeno verde), así como la producción de fosfatos para fertilizantes, minerales estratégicos, productos agrícolas y alimentos.
Por lo anterior, los expertos consultados consideran que el enfoque del pacto puede ser beneficioso para ambas partes. “Las energías renovables pueden constituir un potente motor de desarrollo económico en todos los países signatarios del Pacto por el Mediterráneo, al combinar la seguridad energética, la inversión y el crecimiento industrial. Los abundantes recursos solares y eólicos de la región mediterránea la sitúan en una posición ideal para ampliar la generación de energía limpia, reduciendo la dependencia de los combustibles fósiles importados y limitando la exposición a la volatilidad de los precios de la energía”, asevera a este diario Irene Lauro, economista sénior para Europa y especialista en clima de Schroders a CincoDías.
En esta coyuntura, los expertos del EESC consideran que, además de la ya mencionada iniciativa T-MED, algunos de los proyectos clave en la región están vinculados a las cadenas de valor de la electricidad renovable y el hidrógeno; los cables digitales submarinos como Medusa; el Corredor Económico India-Oriente Medio-Europa (IMEC); los proyectos de desalinización de agua como Aqaba-Amán, y plataformas de inversión en la economía azul como la Alianza Mediterránea Azul.
“Unos vínculos energéticos más sólidos entre la Unión Europea y el Mediterráneo, incluidas las interconexiones eléctricas transfronterizas, pueden mejorar la seguridad energética regional al tiempo que permiten nuevas cadenas de suministro trasmediterráneas. Con el tiempo, esta transición puede impulsar la competitividad industrial, crear empleo y reforzar la resiliencia económica, al tiempo que ayuda a los países a mitigar los riesgos climáticos y a respaldar la estabilidad regional a largo plazo”, argumenta la experta de Schroders.
Los especialistas consultados también coinciden en que la iniciativa es una oportunidad para relocalizar la producción de las industrias europeas en países cercanos. “El nearshoring es fundamental para la lógica económica del pacto, ya que anima a las empresas europeas a reubicar o expandir su producción en países cercanos del sur del Mediterráneo en lugar de en regiones distantes. Esto beneficia a la Unión, al acortar las cadenas de suministro, reducir la dependencia de Asia y aumentar la resiliencia, mientras que los países socios obtienen inversión, transferencia de tecnología, creación de empleo e integración en cadenas de valor regionales de mayor valor en sectores como la manufactura, la agroalimentación y las tecnologías limpias”, manifiesta Berger.
Escribano coincide con esta visión, y resalta que el desarrollo de estas capacidades es una oportunidad para integrar un enfoque sostenible conocido como greenshoring. “Se busca deslocalizar parte de la producción y la cadena de valor desde China y otros países de Asia, y relocalizarla en el Mediterráneo como nuevas industrias descarbonizadas que puedan utilizar sus recursos renovables para producir y exportar productos verdes como fertilizantes, coches, etcétera”, sostiene Escribano.
Muralla de obstáculos
A pesar de lo anterior, los expertos consideran que la ejecución del pacto puede ser difícil. “El pacto enfrenta importantes obstáculos, como conflictos militares (por ejemplo, Palestina o Líbano), e inestabilidad política (Libia o Siria), gobernanza débil y corrupción, marcos comerciales obsoletos, mercados fragmentados e incertidumbre regulatoria, que desalientan la inversión”, sentencia Berger.
De hecho, Richard Youngs investigador sénior del programa de democracia, conflicto y gobernanza de Carnegie Europe, calificó la iniciativa como “muerta desde su concepción”, ya que los intereses de los países del norte de África y Oriente Próximo ya no se alinean con los europeos.
En específico, el analista de Carnegie Endownment for Peace recuerda que, en la última década, los gobiernos árabes han estrechado lazos con Rusia, China y los otros BRICS, restando importancia al vínculo histórico con sus antiguas metrópolis coloniales . “En los últimos años, las políticas de la UE han causado más daño que beneficio. El nuevo pacto parece condenado a seguir el mismo patrón. La Comisión habla del acuerdo como más equitativo: cocreado y compartido con socios árabes. Pero la forma en que se presentan sus componentes económicos, migratorios, de seguridad y energéticos deja claro que el pacto se centra más en los intereses de la propia UE y que, por ello, se justifica internamente”, acusa Youngs en un análisis.
Así, incluso si se llegan a superar estas limitaciones, Europa se enfrentará a la realpolitk. “Si los responsables políticos de la UE esperan que los regímenes nacionalistas actuales de la región inicien acuerdos que conduzcan a la integración económica, se llevarán una gran decepción. Las políticas exteriores de los países del sur del Mediterráneo son cada vez más transaccionales, cortoplacistas y profundamente cínicas respecto a Europa”, expresa Tarek Megerisi, investigador visitante del European Counsil for Foreign Relations.
Finalmente, el ámbito económico también bloquea el avance. Entre las barreras, Escribano destaca que estos países subvencionan mucho los combustibles fósiles. Además de eso, no cuentan con mercados abiertos, les falta capacidad de inversión y tienen infraestructuras limitadas. Berger concuerda con esta perspectiva, y subraya otros frenos, como el alto desempleo, la proliferación de economías informales, el acceso limitado a la financiación para las pymes y la baja participación laboral femenina.
Por si fuera poco, el impacto real de las iniciativas comunitarias también está en tela de juicio. Ejemplo de ello es que, en el último año, el Tribunal de Cuentas Europeo ha alertado sobre la falta de transparencia, trazabilidad y efectividad de la ejecución de la financiación europea para la lucha contra el hambre en el África subsahariana, una campaña que recibió 11.000 millones de euros entre 2014 y 2024. Asimismo, existen cuestionamientos de la entidad hacia la transparencia en la ejecución de los fondos para la covid-19 (577.000 millones) y la lentitud en los fondos de innovación de la UE (40.000 millones hasta 2030).
Feed MRSS-S Noticias
