La lista de errores estratégicos que llevaron ayer a la dimisión del primer ministro británico, Keir Starmer, daría para llenar más de un libro. Pero la mayoría partieron de la creencia de que una economía hundida en 2023 por la guerra de Ucrania estaba abocada a un fuerte rebote, que permitiría a la vez un crecimiento rápido y una cómoda consolidación presupuestaria. No fue así. Ahora, mientras la guerra en Irán remite, su sucesor podría afrontar una prueba similar y tendrá que asegurarse de que el Gobierno aparezca firmemente al mando.
La caída de Starmer deja una advertencia: es un error fiar el éxito a variables económicas que no se controlan
La lista de errores estratégicos que llevaron ayer a la dimisión del primer ministro británico, Keir Starmer, daría para llenar más de un libro. Pero la mayoría partieron de la creencia de que una economía hundida en 2023 por la guerra de Ucrania estaba abocada a un fuerte rebote, que permitiría a la vez un crecimiento rápido y una cómoda consolidación presupuestaria. No fue así. Ahora, mientras la guerra en Irán remite, su sucesor podría afrontar una prueba similar y tendrá que asegurarse de que el Gobierno aparezca firmemente al mando.
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