Algo se está complicando en los mercados financieros, donde la euforia tecnológica que reflejan las encuestas entre los gestores de fondos y las cotizaciones de los índices (7.700 puntos el S&P 500; 20.000 de Ibex 35) coincide con la subida en las rentabilidades de la renta fija. La solvencia con la que los parqués navegaron la crisis de Ormuz ha sido, en paralelo a las crecientes capacidades de la inteligencia artificial, un combustible que ha podido más que los análisis de riesgos o las métricas de valoración tradicionales. El mercado de bonos, menos explosivo, ha tardado más en reaccionar, pero hoy por hoy dibuja un panorama de más inflación, mayores costes de financiación para empresas y Estados y una creciente competencia por captar recursos.
El mercado de bonos lanza una advertencia mientras la Bolsa sigue en alza
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
El mercado de bonos lanza una advertencia mientras la Bolsa sigue en alza

Algo se está complicando en los mercados financieros, donde la euforia tecnológica que reflejan las encuestas entre los gestores de fondos y las cotizaciones de los índices (7.700 puntos el S&P 500; 20.000 de Ibex 35) coincide con la subida en las rentabilidades de la renta fija. La solvencia con la que los parqués navegaron la crisis de Ormuz ha sido, en paralelo a las crecientes capacidades de la inteligencia artificial, un combustible que ha podido más que los análisis de riesgos o las métricas de valoración tradicionales. El mercado de bonos, menos explosivo, ha tardado más en reaccionar, pero hoy por hoy dibuja un panorama de más inflación, mayores costes de financiación para empresas y Estados y una creciente competencia por captar recursos.
Los inversores, los llamados bond vigilants, exigen más rentabilidad por su dinero en un movimiento con apariencia de estructural, no tan sujeto a las volubles apuestas sobre qué decidirá la Reserva Federal en sus próximas reuniones. El mercado está mostrando que espera inflación más alta por más tiempo. Algo sobre lo que ya ha alertado el economista jefe del BCE, Philip Lane, que teme que los precios suban a ritmos de más del 3% en lo que resta de año.
El precio del petróleo, que regresa por encima de los 90 dólares a medida que Donald Trump vuelve a proferir amenazas (quedarse con el estrecho de Ormuz o atacar Omán) es un componente clave en este cambio de expectativas de los mercados, pero no es el único factor. Pero la geopolítica sí es un componente claro: los inversores no ven que la disciplina fiscal sea una prioridad para los gobernantes en un mundo fracturado como el actual. Que a los estados les haya salido la competencia de las grandes tecnológicas (los centros de datos no se pagan solos) es otro factor que tira al alza de los intereses.
Está por ver el alcance final de este movimiento, aunque los inversores en bonos suelen tender a ser menos veleidosos que los de la renta variable. En caso de consolidarse, sobre todo en plazos medios y largos, supone un cambio de marco para el sistema financiero. Cambia el precio del riesgo (renunciar a él resulta más rentable), sube el coste de financiación de las empresas y puede crecer, también, las probabilidades tanto de purgas de excesos (un proceso que ya se ha producido en las criptos y en algunos rincones de la Bolsa) como de eventos inesperados. La euforia bursátil ha conjurado muchos fantasmas en los últimos años; está por ver si será capaz también de vencer a éste.
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