Según un informe de Página 12, esta semana la tecnología Made in China volvió a asombrar al mundo con un video de robots humanoides de realismo pasmoso, no solo por su rostro y expresividad, sino la fluidez al caminar cual modelos top en un escenario derrochando belleza humana acorde al estereotipo. Vienen con IA incorporada y el CEO de UBtech –Zhou Jian– rompió el tabú: “La próxima generación de humanos podría enamorarse de robots humanoides”. Para ello presentó bellísimos objetos de deseo: “el primer robot humanoide ultrabiónico tamaño real del mundo, diseñado para el acompañamiento emocional”, en versión masculina y femenina. Los robots se llaman U1, independientemente del género. Y si no hubiesen nacido en Shenzhen, serían considerados los Adán y Eva de la era de los robots. Ambos son asiáticos rubios. Este “primer hombre” mide 1.83 metros y pesa 42 kilos con musculatura de gym. Ella es una sílfides de 1.68 metros y 35.2 kilos, pechos turgentes y boquita corazón. Ambos tienen sedosa piel de silicona y 88 articulaciones -lejos de las 140 humanas- con una columna cervical biomimética y movimientos de cabeza, ojos y boca con sincronización casi perfecta entre el habla y los labios. Replican el 90% de nuestros movimientos y les alcanza para una movilidad nunca vista, en el rostro para expresar emociones y en piernas y brazos. Pero les falta mucho para ser confundidos con humanos: parecen maniquíes muy bien articulados. Aunque en ellos la movilidad es secundaria: lo que más importa –y lo que mejor hacen– es hablar con las personas gracias a sus algoritmos de IA para interactuar con quienes viven solos. Por eso, mientras el CEO presentaba sus creaciones, de fondo había un gran corazón encerrando la frase “Love is the cure”. Zhou Jian sabe que lo que más falta en este mundo el amor. Y cree haber descubierto la forma de satisfacer esa demanda: en verdad no vende robots sino sentimientos. El maridaje entre robótica e IA Nada de esto sería posible sin la combinación entre la plasticidad robótica con la IA generativa -el invento de ChatGPT- más una serie de sensores que le permiten al acompañante mecanizado identificar en la persona veinte estados emocionales: detecta si uno está cansado, ansioso o triste y regala frases de apoyo emocional personalizado y adaptadas a la circunstancia: posee un “modelo de IA afectiva”. Incluso tiene un “motor de cuidado proactivo” que inicia interacciones sin necesidad de una palabra de activación al estilo Siri o Alexa, respondiendo al contexto emocional del usuario. Su autonomía de carga es de 4 horas y está conectado a internet. El nivel real de eficiencia está por verse: las únicas interacciones con humanos fueron mostradas en videos generados por IA con imágenes hiperrealistas, pero digitales al fin. Lo único analógico que se conoció fue el breve e impactante desfile de humanoides por una pasarela fashion. La empresa aclaró que U1 no hace
Según un informe de Página 12, esta semana la tecnología Made in China volvió a asombrar al mundo con un video de robots humanoides de realismo pasmoso, no solo por su rostro y expresividad, sino la fluidez al caminar cual modelos top en un escenario derrochando belleza humana acorde al estereotipo. Vienen con IA incorporada y el CEO de UBtech –Zhou Jian– rompió el tabú: “La próxima generación de humanos podría enamorarse de robots humanoides”. Para ello presentó bellísimos objetos de deseo: “el primer robot humanoide ultrabiónico tamaño real del mundo, diseñado para el acompañamiento emocional”, en versión masculina y femenina. Los robots se llaman U1, independientemente del género. Y si no hubiesen nacido en Shenzhen, serían considerados los Adán y Eva de la era de los robots. Ambos son asiáticos rubios. Este “primer hombre” mide 1.83 metros y pesa 42 kilos con musculatura de gym. Ella es una sílfides de 1.68 metros y 35.2 kilos, pechos turgentes y boquita corazón. Ambos tienen sedosa piel de silicona y 88 articulaciones -lejos de las 140 humanas- con una columna cervical biomimética y movimientos de cabeza, ojos y boca con sincronización casi perfecta entre el habla y los labios. Replican el 90% de nuestros movimientos y les alcanza para una movilidad nunca vista, en el rostro para expresar emociones y en piernas y brazos. Pero les falta mucho para ser confundidos con humanos: parecen maniquíes muy bien articulados. Aunque en ellos la movilidad es secundaria: lo que más importa –y lo que mejor hacen– es hablar con las personas gracias a sus algoritmos de IA para interactuar con quienes viven solos. Por eso, mientras el CEO presentaba sus creaciones, de fondo había un gran corazón encerrando la frase “Love is the cure”. Zhou Jian sabe que lo que más falta en este mundo el amor. Y cree haber descubierto la forma de satisfacer esa demanda: en verdad no vende robots sino sentimientos. El maridaje entre robótica e IA Nada de esto sería posible sin la combinación entre la plasticidad robótica con la IA generativa -el invento de ChatGPT- más una serie de sensores que le permiten al acompañante mecanizado identificar en la persona veinte estados emocionales: detecta si uno está cansado, ansioso o triste y regala frases de apoyo emocional personalizado y adaptadas a la circunstancia: posee un “modelo de IA afectiva”. Incluso tiene un “motor de cuidado proactivo” que inicia interacciones sin necesidad de una palabra de activación al estilo Siri o Alexa, respondiendo al contexto emocional del usuario. Su autonomía de carga es de 4 horas y está conectado a internet. El nivel real de eficiencia está por verse: las únicas interacciones con humanos fueron mostradas en videos generados por IA con imágenes hiperrealistas, pero digitales al fin. Lo único analógico que se conoció fue el breve e impactante desfile de humanoides por una pasarela fashion. La empresa aclaró que U1 no hace
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