El ex consejero delegado de Google Eric Schmidt daba una charla en la Universidad de Arizona el pasado día 17 ante unos 10.000 graduados. Cuando empezó a hablar de cómo la inteligencia artificial va a cambiar el mundo, los estudiantes respondieron con un sonoro abucheo. Schmidt dijo comprender sus recelos: “Hay un miedo en vuestra generación: que el futuro ya está escrito, que vienen las máquinas, que se esfuman los empleos, que se destruye el clima, que la política está fragmentada, y que estáis heredando un caos que no habéis creado”. No ha sido el primer abucheado por vender la IA en los campus: le pasó a Scott Borchetta, consejero delegado de Big Machine Records, en Tennessee, y a Gloria Caulfield, ejecutiva inmobiliaria, en Florida. En cuanto suena la palabrería habitual (“La cuestión no es si la IA moldeará el mundo. Lo hará. La cuestión es si tú moldearás a la IA”, decía Schmidt), los jóvenes se revuelven. Y muy en particular ellas, las jóvenes, las más despiertas ante las nuevas amenazas. Solo faltaba que se sumara a la ola alguien no tan joven, el papa Leon XIV, que ha sentenciado en su primera encíclica: “La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta con regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora”.
Las nuevas generaciones ven con lucidez los riesgos de la inteligencia artificial para el empleo, el medio ambiente, la salud mental y la intimidad. Hay quien teme una revolución
El ex consejero delegado de Google Eric Schmidt daba una charla en la Universidad de Arizona el pasado día 17 ante unos 10.000 graduados. Cuando empezó a hablar de cómo la inteligencia artificial va a cambiar el mundo, los estudiantes respondieron con un sonoro abucheo. Schmidt dijo comprender sus recelos: “Hay un miedo en vuestra generación: que el futuro ya está escrito, que vienen las máquinas, que se esfuman los empleos, que se destruye el clima, que la política está fragmentada, y que estáis heredando un caos que no habéis creado”. No ha sido el primer abucheado por vender la IA en los campus: le pasó a Scott Borchetta, consejero delegado de Big Machine Records, en Tennessee, y a Gloria Caulfield, ejecutiva inmobiliaria, en Florida. En cuanto suena la palabrería habitual (“La cuestión no es si la IA moldeará el mundo. Lo hará. La cuestión es si tú moldearás a la IA”, decía Schmidt), los jóvenes se revuelven. Y muy en particular ellas, las jóvenes, las más despiertas ante las nuevas amenazas. Solo faltaba que se sumara a la ola alguien no tan joven, el papa Leon XIV, que ha sentenciado en su primera encíclica: “La IA es ya un ambiente en el que estamos inmersos y un poder que debemos afrontar. Por eso, no basta con regularla; es necesario desarmarla y hacerla acogedora”.
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