El precio del petróleo se acerca a los 100 dólares el barril y el del gas en Europa se dispara al nivel más alto desde que empezó la guerra de Irán. El coste de la energía vuelve a ser un motivo de preocupación en la zona euro pero el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves no avanzar en las subidas de tipos y dejarlos en el 2,25%, después de que en junio ejecutara el primer incremento en tres años. El renovado encarecimiento de los combustibles a causa del conflicto bélico en Oriente Próximo amenaza con elevar la inflación, enterrando la tregua vista en junio en la guerra y también en los precios. Aun así, el Consejo de Gobierno del BCE ha optado en su reunión celebrada en Fráncfort por hacer una pausa que el mercado espera sea breve. Así, el terreno está preparado para una nueva subida de los tipos que los inversores prevén ya de forma unánime que llegue en septiembre.
El encarecimiento de la energía presiona al BCE para mover ficha en la próxima reunión. La presidenta asegura que no se irá del banco antes de 2027
El precio del petróleo se acerca a los 100 dólares el barril y el del gas en Europa se dispara al nivel más alto desde que empezó la guerra de Irán. El coste de la energía vuelve a ser un motivo de preocupación en la zona euro pero el Banco Central Europeo (BCE) ha decidido este jueves no avanzar en las subidas de tipos y dejarlos en el 2,25%, después de que en junio ejecutara el primer incremento en tres años. El renovado encarecimiento de los combustibles a causa del conflicto bélico en Oriente Próximo amenaza con elevar la inflación, enterrando la tregua vista en junio en la guerra y también en los precios. Aun así, el Consejo de Gobierno del BCE ha optado en su reunión celebrada en Fráncfort por hacer una pausa que el mercado espera sea breve. Así, el terreno está preparado para una nueva subida de los tipos que los inversores prevén ya de forma unánime que llegue en septiembre.

“La incertidumbre sigue siendo elevada y el impacto inflacionista de la perturbación energética no se ha materializado aún plenamente. Por tanto, el Consejo de Gobierno vigila de cerca la intensidad y la duración de la perturbación, así como sus efectos indirectos y de segunda vuelta”, señala el comunicado del BCE emitido tras la reunión. En él también reconoce que las perspectivas de precios de la energía son muy volátiles, aunque aún próximas al escenario de referencia que presentó el banco en sus previsiones macroeconómicas de junio, cuando elevó su estimación de inflación para este año al 3%.
El BCE ya avanzó en junio, como principal argumento para el aumento de los tipos, que la guerra en Oriente Próximo estaba generando presiones inflacionistas y la realidad mes y medio después es que el conflicto está lejos de solucionarse, al tiempo que el precio de la energía ha ido a más. La tregua no ha calado, EE UU e Irán han retomado las hostilidades y, además, ha surgido un factor de riesgo añadido que amenaza con hacer aún más caótica la situación en una zona del planeta crucial para el abastecimiento energético. La entrada en escena de los hutíes con su amenaza de bloqueo del estrecho de Bab el Mandeb —este jueves han atacado a dos petroleros saudíes— puede minar las exportaciones de petróleo de Arabia Saudí, que ha contado en los últimos meses con una valiosa alternativa a Ormuz para dar salida a su producción de petróleo a través del mar Rojo.
El escenario más inmediato apunta a un petróleo y gas más caros, sin ninguna perspectiva por el momento de regreso a la normalidad en el suministro. En definitiva, a una energía más costosa, capaz de desatar una espiral alcista en los precios y de calar en toda la cadena de producción, pasando por los alimentos, los servicios o los salarios. En el recuerdo reciente está la descontrolada escalada de precios que llegó con la guerra de Ucrania, sumada al descorche de la actividad económica que siguió a la parálisis por la pandemia y que forzó un alza acelerada y dolorosa de los tipos de interés por parte del BCE.
Con el inicio de la guerra de Irán, Lagarde aseguró haber aprendido del pasado. Ahora el BCE afronta el reto de analizar con acierto el alcance que una energía más cara puede llegar a tener en el conjunto de la economía, con el riesgo además de sacrificar el ya débil crecimiento de la zona euro con subidas de tipos preventivas si la inflación finalmente es solo puntual. El último dato de IPC de la zona euro —que descendió en junio al 2,8% desde el 3,2% de mayo tras cuatro meses consecutivos de ascensos— no permite sacar conclusiones fiables ante un entorno geopolítico volátil, capaz de cambiar de un extremo a otro en cuestión de días. “A pesar de la moderación observada en la inflación subyacente, la renovada volatilidad de los precios de la energía mantiene un elevado nivel de incertidumbre y desaconseja un giro prematuro hacia una política monetaria menos restrictiva”, explica Michael Krautzberger, director de inversiones de Allianz Global Investors, que sí contempla un alza de tipos en septiembre.
Las actas de la reunión del Consejo de Gobierno de junio ya mostraron que el BCE no descarta efectos de segunda ronda por la escalada de los combustibles —que Lagarde negó entonces y volvió a rechazar a finales de junio en el foro de Sintra— y el cuidado que quiere poner la institución para que el mercado no dé por hechas nuevas subidas de tipos.
El mantra del BCE es ir reunión a reunión y decidir según el análisis sesudo de los datos, pero el mercado ya descuenta de forma abrumadora un alza de tipos de interés en septiembre, una expectativa que se ha acelerado en los últimos días al ritmo de la subida del petróleo y que se refleja en el incremento de rentabilidades de los bonos europeos. Septiembre apunta por tanto a ser el momento para continuar en la política de contención de la inflación, coincidiendo además con la revisión trimestral de las previsiones de crecimiento y precios del BCE. En junio, ya elevó su estimación de IPC para este año del 2,6% al 3%, al tiempo que rebajó ligeramente la de crecimiento al 0,8%. Recogió además un escenario adverso que comienza a parecerse al actual, con un gas en los 60 euros el megavatio —nivel al que ya cotiza— y un brent en los 122 dólares. En tal caso, el año acabaría con una inflación del 3,3% y el PIB encogería al 0,7%, mientras que los precios aún crecerían al 3% en 2027, con un alza del PIB del 0,9%.
Feed MRSS-S Noticias
