
María Ibáñez (nombre ficticio) nació hace 63 años en Colombia y lleva 30 residiendo en España, donde ha trabajado los últimos 25 como camarera de piso en Madrid. Dice que le gustaría prejubilarse por la cantidad de enfermedades musculoesqueléticas que arrastra, pero que ni su limitada carrera de cotización ni su precaria posición económica se lo permiten. “Hacer camas en un hotel de lujo es un matadero”, enfatiza con respecto al establecimiento de cinco estrellas en el que ahora mismo trabaja. “Hay mucha presión. Los clientes son de mucho nivel, pagan un precio muy alto por la habitación y quieren encontrarlo todo perfecto. Si una camarera de piso puede hacer hasta 20 camas en un turno diario en un hotel medio, yo no hago más de ocho habitaciones, pero es que la limpieza de cada una de ellas me puede llevar 40 minutos”. Ibáñez se queja especialmente del trato de las mutuas de trabajo. “No constatan ninguna de mis enfermedades porque para ellos no son fruto del trabajo o del esfuerzo que hago en el día a día, sino que las catalogan como enfermedades comunes. Solo establecen que una persona está mal y que puede cogerse una baja cuando tiene un brazo o una pierna rota”.
Los sindicatos aceleran para lograr el retiro antes de tiempo para las camareras de piso en vísperas de reunirse con las patronales para pactar una propuesta común
María Ibáñez (nombre ficticio) nació hace 63 años en Colombia y lleva 30 residiendo en España, donde ha trabajado los últimos 25 como camarera de piso en Madrid. Dice que le gustaría prejubilarse por la cantidad de enfermedades musculoesqueléticas que arrastra, pero que ni su limitada carrera de cotización ni su precaria posición económica se lo permiten. “Hacer camas en un hotel de lujo es un matadero”, enfatiza con respecto al establecimiento de cinco estrellas en el que ahora mismo trabaja. “Hay mucha presión. Los clientes son de mucho nivel, pagan un precio muy alto por la habitación y quieren encontrarlo todo perfecto. Si una camarera de piso puede hacer hasta 20 camas en un turno diario en un hotel medio, yo no hago más de ocho habitaciones, pero es que la limpieza de cada una de ellas me puede llevar 40 minutos”. Ibáñez se queja especialmente del trato de las mutuas de trabajo. “No constatan ninguna de mis enfermedades porque para ellos no son fruto del trabajo o del esfuerzo que hago en el día a día, sino que las catalogan como enfermedades comunes. Solo establecen que una persona está mal y que puede cogerse una baja cuando tiene un brazo o una pierna rota”.
María no es un ejemplo extremo de lo que viven el resto de las 175.000 kellys (término con el se identifica el colectivo, en referencia a ‘las que limpian’) que trabajan en España. El exceso de carga de trabajo y la dureza del mismo obliga a periodos de baja más frecuentes que en otras actividades, elevando el nivel de incapacidad temporal e incrementando la necesidad que tienen estas trabajadoras de contar con una jubilación anticipada. Para ello es imprescindible que la Seguridad Social otorgue el visto bueno a que este colectivo pueda beneficiarse de los denominados coeficientes reductores necesarios para poder adelantar la edad ordinaria de jubilación. Algo que por ahora solo se pueden aplicar los trabajadores de la minería, del mar, determinados cuerpos de seguridad y emergencias o personal ferroviario, identificados como personas que realizan trabajos penosos, peligrosos, tóxicos o insalubres, y que sirven para que su pensión no se vea mermada por el retiro anticipado. Un coeficiente reductor del 0,2 supone que por cada diez años cotizados en esa actividad se puede adelantar dos años la edad ordinaria prevista para la jubilación sin penalización.
En una asamblea celebrada la pasada semana en Madrid, Marcos Gutiérrez, secretario de Política Institucional y Políticas Públicas Estatal de CC OO, avanzó la hoja de ruta que persigue para lograr la jubilación anticipada de estas trabajadoras. Y el primer hito es la reunión de la mesa de diálogo social sectorial de hostelería, que se va a celebrar el miércoles 30 de septiembre entre las patronales Hostelería de España y la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Cehat) y CC OO y UGT por parte sindical. “El objetivo es pactar una propuesta de mínimos para trasladar a la Seguridad Social, el organismo encargado de aprobar. Hasta el año 2025 era necesario consensuar una propuesta común. Ahora no hace falta”, recalcó ante un centenar de delegados sindicales. Gutiérrez expuso los resultados de uno de los informes más utilizados para visibilizar la dureza del trabajo. “El 71,5% consume fármacos para mitigar el dolor y el estrés y el 95,9% manifiesta síntomas clínicos de ansiedad”. UGT presentó su propia petición antes del verano, pero ha manifestado su disposición a ir de la mano de CC OO tras la reunión de finales de septiembre, como en el resto de sectores.
Ana Martínez trabaja en Mallorca limpiando 14 apartamentos al día en un edificio compuesto por dos bloques y tres alturas sin ascensor durante seis meses al año. “Mi contrato acaba el próximo 25 de octubre y no veo el momento que finalice. Antes me recuperaba en un mes o mes y medio y ahora termino la temporada de verano y ya sé que no volveré a trabajar hasta la temporada alta siguiente, pero simplemente por el cansancio acumulado”. Con 27 años de carrera a sus espaldas de los 56 que acaba de cumplir, Martínez ve incomprensible que una persona que acumule entre 20 y 25 años ejerciendo como camarera de piso no se pueda jubilar anticipadamente a los 60 o a los 58 años. “Casi ninguna llegamos a esas edades. La gran mayoría caemos enfermas antes y salimos del mercado con incapacidades”, señala indignada con el trato que reciben por parte de los empresarios y de la Seguridad Social. “No solo son problemas físicos, también muchos psicológicos, como la ansiedad, el estrés o la depresión y solo nos responden que no queremos trabajar o que no nos reconocen nuestra patología. Somos unas incomprendidas”.
El camino para lograr esos coeficientes reductores no va a ser sencillo. En primer lugar, las patronales no lo van a poner fácil. Al igual que ha sucedido en el caso de los trabajadores de la construcción, que también están peleando por ser incluidos en ese colectivo de empleados con derecho a la jubilación anticipada, los empresarios no están dispuestos a asumir el sobrecoste derivado de la aplicación de esa medida. El artículo 8 del real decreto que regula la aplicación de coeficientes reductores establece que, con la finalidad de mantener el equilibrio financiero del sistema, “la aplicación de los coeficientes reductores que se establezcan llevará consigo un incremento en la cotización a la Seguridad Social. Dicho incremento consistirá en aplicar un tipo de cotización adicional sobre la base de cotización por contingencias comunes, tanto a cargo de la empresa como de la persona trabajadora”.
Más coste en cotizaciones
Ese sobrecoste es una línea roja para los empresarios en la negociación con los sindicatos. Ramón Estalella, secretario general de la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Cehat), prefiere no pronunciarse por ahora a la espera de recibir una primera propuesta por parte de los sindicatos el próximo 30 de septiembre. El rechazo de varias patronales sectoriales se da pese a que este nuevo procedimiento para pedir los coeficientes reductores tiene el aval de CEOE y Cepyme, en un acuerdo en el que también participaron la Seguridad Social, CC OO y UGT.
Otro sector muy feminizado en el que las centrales pedirán el anticipo de la jubilación es la ayuda a domicilio. CC OO y UGT presentarán en breve una petición conjunta, a la que aún esperan que se adhiera la patronal.
El otro gran colectivo compuesto esencialmente por mujeres que persigue los coeficientes reductores es el de las tripulantes de cabina, aunque en este caso confían en la vía legal en vez de en el procedimiento de la Seguridad Social. La Comisión de Trabajo del Congreso aprobó el pasado martes una proposición no de ley de Sumar a favor de que se las incluya en el decreto que ya regula la jubilación anticipada de los pilotos. Es una decisión política de calado: la mayoría que sostiene a Pedro Sánchez como presidente del Gobierno votó a favor, mientras que el PP se abstuvo y Vox votó en contra.
El sector en el que más avanzada está la concesión de coeficientes reductores es el transporte de mercancías, a la espera de que la comisión de evaluación emita una recomendación tras la elaboración de los informes preceptivos. El criterio más importante es reconocer un nivel de siniestralidad e incapacidad temporal en el sector que allane la concesión de este derecho. Este expediente ha avanzado más rápido que el primero registrado, el de la construcción, por el apoyo de la patronal sectorial a la medida. De ahí que los sindicatos que representan a las kellys insistan en la posibilidad de presentar una petición conjunta.
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