
Cuando asumió la vicepresidencia en 2018, Luis de Guindos (Madrid, 66 años) afrontaba lo que parecía el mandato más aburrido de la historia del Banco Central Europeo (BCE). “Yo pensé que no íbamos a mover los tipos, ni para arriba ni para abajo, llevaban mucho tiempo inmóviles y pensé que seguiría así”, recuerda ahora. En estos ocho años en el puesto, sin embargo, el mundo sufrió la pandemia y el coma autoinducido de la economía mundial; la peor escalada inflacionista en 40 años, seguida de una subida abrupta del precio del dinero; la invasión rusa de Ucrania, las sacudidas comerciales por parte de Estados Unidos y, ahora, el choque energético derivado del conflicto en Oriente Próximo.



El vicepresidente del BCE, a punto de terminar el su mandato, defiende una respuesta gradual a la crisis actual, defiende la inmigración y ensalza el papel unificador de Lagarde en el Eurobanco
Cuando asumió la vicepresidencia en 2018, Luis de Guindos (Madrid, 66 años) afrontaba lo que parecía el mandato más aburrido de la historia del Banco Central Europeo (BCE). “Yo pensé que no íbamos a mover los tipos, ni para arriba ni para abajo, llevaban mucho tiempo inmóviles y pensé que seguiría así”, recuerda ahora. En estos ocho años en el puesto, sin embargo, el mundo sufrió la pandemia y el coma autoinducido de la economía mundial; la peor escalada inflacionista en 40 años, seguida de una subida abrupta del precio del dinero; la invasión rusa de Ucrania, las sacudidas comerciales por parte de Estados Unidos y, ahora, el choque energético derivado del conflicto en Oriente Próximo.
Ministro de Economía con el Gobierno de Mariano Rajoy (2011-2016), secretario de Estado con José María Aznar (2000-2004) y exdirectivo de Lehman Brothers, Guindos es el español que ha ocupado el puesto más alto hasta ahora en Fráncfort. Este jueves, tras participar en su último consejo de gobierno del BCE, atiende a EL PAÍS en su despacho, ubicado en la planta 40 del cuartel general de la institución.
Pregunta. El BCE ha tenido que moverse mucho más de lo que esperaba cuando usted asumió la vicepresidencia en 2018. ¿Diría usted que llegó como halcón [línea más ortodoxa] y ha ido suavizando progresivamente su posición? ¿Por convicción o por la fuerza de los acontecimientos?
Respuesta. Yo creo que he estado en el centro, en esa clasificación que hace Bloomberg sobre halcones o palomas [más proclive a la laxitud], por ejemplo, yo estoy en el centro. Sí fui más halcón antes, en 2022, fui de los primeros que defendí que tendríamos que subir tipos y que la inflación era más perdurable de lo que decíamos. Después la inflación llegó a estar en el 10% y bajó al 2%. Ahora yo diría, al final de mis días aquí, que estoy más en el lado de la prudencia.
P. ¿Qué significa el lado de la prudencia?
R. El lado de la prudencia es que las circunstancias actuales son muy distintas de las de 2021 o 2022. Entonces, además del choque de la pandemia y de la reapertura de la economía, teníamos una política fiscal y una política monetaria extremadamente expansivas.
P. La política fiscal ahora también es expansiva.
R. Pero entonces el déficit público del conjunto de la zona euro se fue al 7%, el BCE inyectó dos billones de euros a los bancos y compró bonos por otros cerca de dos billones de euros. Y teníamos tipos de interés negativos. La concatenación de shocks que dio lugar a la inflación era muy diferente de la actual. Ahora estamos en medio de un conflicto geopolítico y hay que tener la cabeza fría, por eso estoy completamente de acuerdo con la decisión de hoy [esperar a decidir una subida de tipos de interés]. Sería un error aplicar lo que pasó en el año 21-22 a las circunstancias actuales, pero también hay un nivel de incertidumbre brutal y es importante tener consenso.
P. ¿Cómo ve la posición de la economía española en este entorno?
R. Hay una cuestión que, de vez en cuando, se olvida en economía: ante una subida del precio de la energía, el efecto en la inflación se recoge más rápido por los indicadores que el efecto en el crecimiento económico. En los datos del primer trimestre, tanto en Europa como en España, la guerra no se ha reflejado aún, pero empieza a haber indicadores adelantados de que la guerra va a tener un impacto duro, por ejemplo, el sentimiento de confianza ha sufrido un deterioro muy notable.
“España está bien preparada para la desaceleración que viene”
P. ¿Cree que España peca de optimista?
R. Los gobiernos tienen que ser optimistas y es importante pasar un mensaje de optimismo. Las cifras macroeconómicas españolas son buenas, aunque después están todos los matices: la renta per cápita, la productividad, el problema de la vivienda… Y se podría haber hecho más esfuerzo en la reducción del déficit público, pero la economía española tiene dos cosas muy positivas: tiene un sistema financiero que no plantea dudas y que es una economía competitiva. Está bien preparada para una desaceleración que va a ser evidente y clara, porque España no puede escapar de este entorno.
P. Mucha de la incertidumbre que cita tiene que ver con Donald Trump. Usted empieza su mandato con el republicano en el Gobierno y, contra todo pronóstico, vuelve a estar ahí cuando lo termina. ¿Cree, como dijo Mark Carney en Davos, que el viejo orden ha muerto o se puede tratar de reparar?
R. El mundo es muy, muy diferente al que teníamos hace ocho años, sin necesidad de ir mucho más atrás. En Europa nos hemos convencido, al fin, de que tenemos que ser más autónomos, y eso empieza en defensa, aunque se está extendiendo a todo. Por ejemplo, todo lo que tiene que ver con la tecnología, los medios de pago, la nube o la inteligencia artificial. Las reglas que han estado vigentes, ya no están. El mundo ha dejado de tener la aproximación multilateral a los problemas que antes había, siempre con algunas divergencias, pero sí había un planteamiento general de cooperación. Eso, para Europa, es una llamada de atención importantísima. La nueva administración americana es un cambio de paradigma, no solamente por los aranceles, sino también, por ejemplo, por la regulación bancaria o las criptomonedas. La defensa de Europa está en manos de Estados Unidos desde prácticamente el final de la Segunda Guerra Mundial y esa percepción de cobertura que nos daba en defensa Estados Unidos está desapareciendo poco a poco.

P. Hay cierto consenso en que la respuesta debería consistir en una Europa más unida, con un mercado verdaderamente común, pero seguimos viendo muchas barreras. Por ejemplo, en el caso de la concentración bancaria transfronteriza, como ocurre ahora con la opa del italiano Unicredit sobre el alemán Commerzbank. Se habla de dificultades técnicas, como la falta de un fondo de garantía de depósitos común, pero, ¿no es un asunto más bien de resistencia política, nacionalista?
R. Me preocupa más el nacionalismo estructural y político que tenemos ahora en los parlamentos nacionales, ya que esos otros intereses nacionales en situaciones concretas los hemos tenido siempre. El principal inconveniente para la integración europea es la presencia de populismos en los ámbitos nacionales y en el propio Parlamento Europeo. En Hungría ha habido uno que ha desaparecido, pero parece que aparece por otro lado en Bulgaria. Sobre la operación concreta, el BCE dio su respuesta a la petición de consulta que nos hizo la Comisión Europea para el informe de competitividad de la banca y defendemos una cuestión muy clara: la zona euro debe ser una jurisdicción única para los bancos europeos con flujo de capitales y de liquidez absolutamente libre. Las operaciones concretas tienen cada una sus matices, pero siempre hemos estado a favor de los procesos de consolidación transfronteriza.
P. ¿Y está preparada esta Unión Europea para los eurobonos?
R. La primera emisión de deuda conjunta fue con los fondos Next Generation, que tuvo un efecto desde el punto de vista del sentimiento económico muy importante en un momento muy complicado, de enorme desconfianza. En estas cuestiones es importante ser pragmático, pero, simultáneamente, dar pasos en la dirección correcta.
P. ¿Cómo se traduce eso?
R. Por ejemplo, yo creo que en el tema de gasto en defensa es muy importante tener financiación conjunta. Ahí hay un objetivo claro y hay una posibilidad porque es un bien europeo. Tenemos los fondos Next Generation, ya es un pasito. Con defensa podemos dar otro pasito y así habría que ir avanzando.

“La situación de concentración bancaria me parece razonable”
P. Estados Unidos planea suavizar los requisitos de capital a sus bancos y eso ha alentado críticas por parte del sector en Europa en cuanto a las reglas de juego.
R. El capital de los bancos europeos no supone ninguna limitación desde el punto de vista de la concesión de crédito y la financiación de la economía. Eso en el BCE lo tenemos clarísimo. No hemos tenido ningún accidente bancario en Europa en los últimos años y ha habido situaciones prácticamente complejas. La solvencia está muy ligada al nivel de capital y al nivel de liquidez de la banca europea, es una de las pocas ventajas estructurales que tiene en estos momentos Europa y creo que sería un error perder esa ventaja.
P. ¿En España ve necesarios procesos de concentración, tras la opa descarrilada de BBVA sobre Sabadell, o no hace falta desde el punto de vista de la fortaleza?
R. Yo soy favorable a operaciones de consolidación transnacionales, no necesariamente nacionales, aunque, en algunos casos, hay que hacer operaciones nacionales para posteriormente dar el paso transnacional. Pero yo creo que la situación actual de competencia y de concentración bancaria en España me parece muy razonable.
P. ¿Cree que algo como el Banco Central Europeo y el euro se crearían en un ambiente como el actual?
R. El BCE es la institución más ejemplar, desde el punto de vista de la integración europea. La política monetaria es común y la supervisión es común. Es la institución que representa de forma más clara las ventajas de la integración europea versus esos tratamientos nacionalistas, populistas que comentaba anteriormente. El BCE ha funcionado. Cuando la inflación estaba por encima del 10%, las expectativas que tenían los europeos es que volverían al 2%. ¿Por qué? Por la credibilidad del BCE.
“El consejo del BCE está más unido que antes y es labor de Lagarde”
P. ¿Fueron aquellos los momentos más difíciles de su mandato?
R. Desde el punto de vista institucional, fue muy duro uno de los últimos Consejos de Gobierno de Mario Draghi como presidente [2019, cuando se bajaron 10 puntos básicos y se reanudaron las compras de deuda], porque se puso de manifiesto una división interna muy importante. Christine Lagarde ha solucionado esa especie de división que había y las heridas. Hoy, el consejo de gobierno del BCE está mucho más unido que antes y esa ha sido una labor de Christine. Después hubo momentos difíciles, como la pandemia, aunque yo creo que reaccionamos relativamente rápido.
P. A partir de junio España se queda sin presencia en el Comité Ejecutivo del BCE y en el plazo de un año y medio van a salir tres puestos, incluida la presidencia. ¿Es el momento de ir a por ella o asegurarse otro asiento? Encuestas de Financial Times señalan al exgobernador Pablo Hernández de Cos [ahora presidente del Banco de Pagos Internacionales] como el mejor situado.
R. La presidencia sería lo mejor, sin duda, pero lo fundamental es tener un puesto en la Ejecutiva. España es la cuarta economía de la zona euro y estoy convencido de que conseguirá uno. Es importante estar en la Ejecutiva. Aunque nosotros tenemos que tener siempre un planteamiento europeo, a todos nos influyen las experiencias nacionales. Pablo fue un buen gobernador, si bien fueron Luis Linde y Fernando Restoy los que hicieron todo el proceso de reestructuración bancaria. Además, fue el último nombramiento del Banco de España con consenso entre los grandes partidos [había un diálogo y un clima consenso en torno al nombre de Cos, aunque la moción de censura quebró el proceso y finalmente fue nombrado por decreto]. Pero la presidencia del BCE se decide de otra forma, un tema político, lo decide el Consejo Europeo, como es lógico. Son los políticos elegidos en un sistema democrático los que acaban haciendo una distribución de los puestos.
“La inmigración es indispensable y yo soy favorable”
P. La ola populista ha encendido un debate migratorio fuerte en el conjunto de Europa y, en concreto, en España. ¿Qué opina del proceso de regularización de inmigrantes? El Partido Popular se ha manifestado en contra.
R. He sido bastante claro siempre: la inmigración es indispensable para Europa y para España y yo soy favorable. Yo hubiera preferido un sistema continuo de regularización sin necesidad de embalsar 500.000 o 600.000 personas porque creo que eso evita muchos anticuerpos del proceso y evita la bronca política, pero el proceso inmigratorio es fundamental para la economía española. Los beneficios desde el punto de vista económico están claros. Al mismo tiempo, no podemos estar ciegos porque existen costes, como la vivienda, y es por ello necesario invertir en los servicios públicos y sociales y tener políticas que faciliten la vivienda en alquiler. Soy favorable a los flujos migratorios ordenados y hacer frente a los costes para evitar los populismos.

P. ¿Cómo ve la situación del PP en su competencia con Vox? ¿Cuál cree que sería la mejor estrategia para hacerle frente?
R. Quiero recordar que yo no estoy afiliado, ni he sido diputado, aunque he sido ministro de un gobierno del Partido Popular y esta es mi opinión personal. Al PP siempre lo he visto como un partido conservador liberal que defiende los valores tradicionales de los partidos conservadores liberales en Europa. Estos incluyen el respeto de las minorías, de las instituciones, la separación de poderes y, desde el punto de vista económico, un partido favorable a los mercados dentro de una economía social de mercado con impuestos moderados y responsabilidad presupuestaria. Esos son los valores que han fundamentado el desarrollo en Europa. Y esos son los que, en mi opinión, representan al Partido Popular Europeo y debe representar también al Partido Popular de España.
P. No han faltado rumores sobre una posible vuelta de usted a la política o a algún puesto de responsabilidad en banca, pasado el periodo de incompatibilidad del BCE. ¿Cuáles son sus planes a partir de ahora?
R. Voy a tener una cátedra de política económica europea en la Universidad de Comillas, en Icade, y también voy a colaborar con el IESE. Ya estuve seis años y medio en política, no voy a volver y tampoco voy a ir al sector bancario.
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