Moeve y la portuguesa Galp han roto el acuerdo no vinculante para fusionar sus negocios de refino y su red de estaciones de servicio en la península Ibérica que firmaron el pasado 8 de enero, según confirman esta mañana ambas compañías, y cuya resolución se venía aplazando desde el verano. Fuentes del sector atribuyen el fracaso a “la inestabilidad de los mercados energéticos y la gran volatilidad de precios” y “a las discrepancias de las compañías en la valoración de los activos”.
Discrepancias en la valoración de activos y la volatilidad de los mercados energéticos hacen fracasar la gran operación ibérica, que habría dado lugar a una red de 3.500 gasolineras
Moeve y la portuguesa Galp han roto el acuerdo no vinculante para fusionar sus negocios de refino y su red de estaciones de servicio en la península Ibérica que firmaron el pasado 8 de enero, según confirman esta mañana ambas compañías, y cuya resolución se venía aplazando desde el verano. Fuentes del sector atribuyen el fracaso a “la inestabilidad de los mercados energéticos y la gran volatilidad de precios” y “a las discrepancias de las compañías en la valoración de los activos”.
Según un escueto comunicado de Moeve, “las partes han decidido poner fin a las conversaciones sobre la posible combinación de sus negocios de downstream en la península Ibérica, para crear dos plataformas independientes”, debido a que ambas empresas no “han alcanzado unos términos definitivos que cumplieran sus respectivos criterios estratégicos y financieros para respaldar una alianza duradera y generadora de valor”.
Por su parte, Galp, que cotiza en la Bolsa de Lisboa, ha informado también de que, “tras extensas negociaciones” y “a pesar de todos los esfuerzos realizados, no se ha llegado a ningún acuerdo”. Según un hecho relevante a la CMVM lusa, la compañía señala que a lo largo del proceso, las partes mantuvieron su compromiso de explorar los posibles beneficios derivados de una combinación de sus actividades de downstream (segmento comercial e industrial), con el objetivo de establecer una asociación duradera que generara valor”.
Este resultado, considera la petrolera lusa, “no afecta a las operaciones actuales de Galp ni a su confianza en el potencial de creación de valor de su cartera de downstream de forma independiente y que mantiene sus planes de inversión, “sustentadas” en su “singular cartera de upstream (exploración y producción), que presenta un crecimiento visible de la producción, y por una sólida posición financiera”. Galp reconoce que el acuerdo ahora roto “ofrecía un potencial significativo para crear un actor europeo relevante”, pero las partes “no han logrado alcanzar la alineación comercial necesaria para establecer una asociación duradera que generara valor”.
La propuesta de fusión consistía en la creación de dos empresas (de manera provisional, IndustrialCo y RetailCo), a las que se aportarían, respectivamente, los activos de refino y las estaciones de servicio (el llamado downstream o negocio aguas abajo) de Moeve y Galp. Los accionistas seguirían siendo los mismos, aunque en proporción a lo que hubieran aportado. Así, los de Moeve (el fondo de Abu Dabi, Mubadala, con un 63% y Carlyle, con un 37%) controlarían el 80% de las acciones de la futura empresa industrial resultante de la integración, y los de Galp (el grupo Amorim, con un 37,5%, y el Estado portugués, con un 8%) compartirían al 50% el capital de la segunda compañía en ciernes.
IndustrialCo estaría centrada en el refino, química, comercialización, hidrógeno verde y combustibles bajos en carbono, orientada a consumidores industriales, mientras que RetailCo abarcaría todo el negocio de movilidad: la venta de combustibles (fósiles y renovables), recarga de vehículos eléctricos o servicios a clientes minoristas. Ello daría lugar a una red de 3.500 estaciones de servicio, sumando a las de España y Portugal las que ambas compañías tienen en otros países del mundo, como México, Marruecos o Angola.
El runrún de la ruptura ya circulaba este fin de semana en Lisboa, tras el consejo de administración de Galp convocado el viernes para aprobar las cuentas trimestrales de la petrolera que se han presentado hoy al mercado, y adoptar una decisión definitiva sobre la transacción. El diario económico digital ECO avanzó ayer que la principal accionista de Galp, Paula Amorim, no habría aceptado las exigencias de la compañía española poniendo fin al acuerdo. Según fuentes de este diario luso, el fin de semana se habían producido contactos, y aludía a que uno de los activos en conflicto era la refinería de Galp en Sines, que habría entrado a formar parte de la sociedad industrial con mayoría de Moeve, y que en Portugal se considera una instalación estratégica. Se trata de la única planta del país dedicada al refino de combustibles y dejaría de estar mayoritariamente en manos de capital portugués.
La ruptura también se atribuye a las reticencias del Gobierno portugués. A principios de octubre, el ministro de Economía y Cohesión afirmó que el Ejecutivo estaba dispuesto a permitir que Galp siguiera adelante con la operación, siempre y cuando el acuerdo salvaguardara la importancia estratégica de Sines. “Cuando están en juego activos de tal importancia, el Estado tiene la obligación de anteponer los intereses del país”, reproduce ECO.
También la ministra de Medio Ambiente y Energía, María da Graça Carvalho, llegó a afirmar que se estaban estudiando mecanismos para garantizar que la refinería permaneciera en territorio portugués y que Portugal fuera su prioridad en situaciones de crisis. Lo cual habría implicado una mayor participación del Estado portugués (que ahora tiene el 8%) en la sociedad industrial en ciernes.
En la península Ibérica, Moeve y Galp tienen 3.208 puntos de venta: los 1.598 de Moeve (1.340 en España y 258 en Portugal); los 380 de su marca de bajo coste, Ballenoil, y los 1.230 de Galp (524 en España y 706 en Portugal). La operación ahora frustrada habría estrechado las distancias con Repsol, que cuenta con 3.800 estaciones de servicio en la Península.
En su escueto comunicado, Moeve asegura que “está plenamente centrada en ejecutar su estrategia Positive Motion” para convertirse en líder europeo en movilidad en 2030. En los últimos meses, ha iniciado la construcción del mayor proyecto de hidrógeno verde de Europa para la producción de energía, con una capacidad inicial de 300 MW y una inversión superior a 1.000 millones de euros.
Por su parte, Galp dice “mantener su compromiso con la transformación en curso de sus actividades comerciales e industriales, con el fin de garantizar su competitividad y sostenibilidad a largo plazo”. En ese sentido, indica que estos negocios “se encuentran en una posición sólida, respaldados por una red minorista líder en Portugal y una importante cartera de proyectos de transición energética en Sines, que incluye uno de los mayores proyectos de electrolizadores para hidrógeno verde y una unidad de biocombustibles avanzados”.
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