El sector turístico es optimista de cara a la campaña de verano, lo que supone una buena noticia para la economía española en su conjunto, en un tiempo en el que predominan las sensaciones negativas. No se trata de un exceso de confianza por parte de los hoteles: ayer confirmaron que la Semana Santa de 2026 ha ido algo mejor que la del año pasado (que ya marcó un récord) y esa tónica se mantendrá, al menos de momento, en los meses venideros hasta septiembre. El observatorio que la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Cehat) tiene junto con PwC apunta que las reservas para mayo y junio están un 1% por encima de lo que ese mismo indicador mostraba en 2025 por estas mismas fechas. Lo mismo sucede con los tres meses centrales de verano.
La ventaja competitiva de España en el contexto actual no anula la incertidumbre
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
La ventaja competitiva de España en el contexto actual no anula la incertidumbre

Ana Escobar (EFE)

El sector turístico es optimista de cara a la campaña de verano, lo que supone una buena noticia para la economía española en su conjunto, en un tiempo en el que predominan las sensaciones negativas. No se trata de un exceso de confianza por parte de los hoteles: ayer confirmaron que la Semana Santa de 2026 ha ido algo mejor que la del año pasado (que ya marcó un récord) y esa tónica se mantendrá, al menos de momento, en los meses venideros hasta septiembre. El observatorio que la Confederación Española de Hoteles y Alojamientos Turísticos (Cehat) tiene junto con PwC apunta que las reservas para mayo y junio están un 1% por encima de lo que ese mismo indicador mostraba en 2025 por estas mismas fechas. Lo mismo sucede con los tres meses centrales de verano.
La guerra de Irán parece estar actuando como un catalizador para volver a vivir un verano con más visitantes que nunca. Los hoteleros destacan el aumento de conexiones aéreas con el Reino Unido e Italia, entre otros países, como ejemplo del refuerzo de la demanda que esperan. En la medida en que otros competidores de la ribera del Mediterráneo (Egipto, Turquía, Túnez, Grecia e incluso Croacia) se encuentran más cerca de la zona de conflicto, España sale reforzada en su imagen como destino seguro.
Siendo eso evidente, la inestabilidad internacional también obliga a la cautela. Por un lado, porque la crisis inflacionista que se avecina (en el mejor de los casos, pues los presagios más negros apuntan a una estanflación) también está provocando que cada vez sea más caro viajar. Los hoteles ya contemplan una tarifa media por habitación y noche de más de 200 euros durante el verano. Eso, forzosamente, obligará a muchos viajeros a recortar sus estancias o, directamente, a quedarse en su casa si les resulta inasequible.
Por otro lado, la ventaja competitiva de España respecto a otros países no anula otra realidad. Los conflictos internacionales, máxime cuando su evolución es impredecible, no son buenos compañeros de viaje ni para la economía en general ni para el turismo en particular. Eso obliga a gestionar lo que esté por venir con la máxima prudencia. España, y su sector turístico, ya lo han hecho en un pasado reciente. La guerra de Irán en muchos aspectos parece conducir a un proceso similar al que desencadenó tres años atrás la invasión de Ucrania. Aquel examen se superó con nota: conviene poner en práctica las lecciones aprendidas de entonces, pero sin olvidar que no hay dos crisis iguales.
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