Roland Busch (Erlangen, Alemania, 61 años), consejero delegado de Siemens AG, lidera una de las compañías industriales más emblemáticas del mundo en un momento de transformación tecnológica y reestructuración interna sin precedentes. Ante un contexto de persistente estancamiento en Alemania, Busch se muestra firme en su defensa del mercado global, la innovación acelerada y la necesidad de competir sin proteccionismos innecesarios.
El consejero delegado de la multinacional pide reformar las leyes antimonopolio para que las empresas europeas ganen escala frente a EE UU y China, critica con dureza los retrasos burocráticos de la UE junto con el diseño de la Ley de Datos, y detalla su estrategia en inteligencia artificial
Roland Busch (Erlangen, Alemania, 61 años), consejero delegado de Siemens AG, lidera una de las compañías industriales más emblemáticas del mundo en un momento de transformación tecnológica y reestructuración interna sin precedentes. Ante un contexto de persistente estancamiento en Alemania, Busch se muestra firme en su defensa del mercado global, la innovación acelerada y la necesidad de competir sin proteccionismos innecesarios.
En esta conversación por videollamada con La Alianza de Periódicos Líderes en Europa (LENA, por sus siglas en inglés) a la que pertenece EL PAÍS, el directivo aborda con franqueza el panorama político interno alemán, los desafíos de escala de la Unión Europea y las controvertidas regulaciones digitales que, a su juicio, amenazan con ralentizar la competitividad del continente.
Pregunta. Alemania atraviesa un momento delicado, oscilando entre el estancamiento y la recesión desde la pandemia. En este clima de incertidumbre, el partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD) está liderando las encuestas y con altas posibilidades de ganar elecciones en regiones como Sajonia-Anhalt o Mecklemburgo-Pomerania Occidental. Como uno de los líderes empresariales más importantes del país, ¿cómo valora esta situación y cómo de perjudicial cree que sería para la economía alemana que la AfD llegue al poder?
Respuesta. Como país y como empresa, nos beneficiamos enormemente de contar con equipos diversos y de mantener una mentalidad abierta. Siemens es una compañía acogedora, y Alemania debe seguir siendo un país abierto para todas aquellas personas que deseen venir aquí a trabajar, aportar y prosperar. Nuestra prioridad absoluta debe ser atraer al mejor talento del mundo y asegurarnos de que se sientan cómodos y seguros entre nosotros. Cualquier política o postura que vaya en la dirección opuesta, que debilite esa apertura y diversidad, no es buena para Alemania y, sin duda, no es buena para Siemens.
P. Pasemos a la situación de Siemens y su presencia en el sur de Europa. ¿Qué nos puede decir sobre el futuro de Siemens y el papel estratégico que jugará España para la compañía en los próximos años?
R. En términos generales, en España tenemos excelentes ejemplos de empresas sólidas que están adoptando y aplicando con éxito nuestras tecnologías de inteligencia artificial industrial, es un mercado en el que vemos un potencial inmenso.
P. Sin embargo, cuando hablamos de subvenciones europeas para impulsar estas tecnologías en países como España, usted se ha mostrado un tanto escéptico respecto a los tiempos de ejecución.
R. Apoyar la creación de instalaciones tecnológicas avanzadas, como las fábricas de IA en Europa —un excelente ejemplo de lo cual estamos viendo en España—, es algo positivo. Sin embargo, el gran problema es que estos procesos tardan demasiado tiempo. Desde el momento en que se anuncia una iniciativa hasta que el primer euro de dinero público fluye realmente en Europa, pasa un mundo. Mientras nosotros seguimos atrapados en la burocracia, Estados Unidos ya ha construido tres o cuatro de estas fábricas de IA. La velocidad es un factor de competitividad crítico y en Europa vamos demasiado lentos.
P. Esa falta de agilidad suele achacarse a la fragmentación de la Unión Europea. Usted insiste en que Europa necesita “ganar escala”. ¿A qué se refiere exactamente?
R. En el ámbito digital y tecnológico, la escala lo es todo. El problema histórico de Europa es su fragmentación. Si queremos desarrollar plataformas industriales potentes, como una plataforma europea de IA industrial, necesitamos modificar urgentemente las normas de competencia y las leyes antimonopolio de la Unión Europea. Actualmente, las autoridades miden las cuotas de mercado de forma aislada dentro de cada uno de los 27 Estados miembros. Esto significa que si una empresa alcanza una cuota elevada en un mercado nacional, se le imponen trabas y compromisos que le impiden seguir creciendo mediante adquisiciones. Esto es absurdo. Al final, fragmentamos nuestro propio mercado y creamos escenarios ineficientes, como ocurre en las telecomunicaciones, donde docenas de operadores compiten fragmentando el servicio, mientras en Estados Unidos el sector está mucho más consolidado.
P. ¿Cómo nos posiciona esto frente a gigantes como Estados Unidos y China?
R. Las empresas estadounidenses y chinas juegan con la inmensa ventaja de sus gigantescos mercados domésticos. Estados Unidos cuenta con un mercado de 30 billones de dólares y China con uno de 20 billones. En cambio, el mayor mercado europeo, que es Alemania, apenas alcanza los 5,5 billones de dólares, y a partir de ahí los mercados nacionales son cada vez más pequeños. Si no somos capaces de unificar criterios y crear un verdadero mercado único europeo para productos, servicios y capital, estaremos marginando a nuestras propias empresas. Les estamos negando la oportunidad de escalar a nivel global.
P. Hablemos de las dos superpotencias. Estados Unidos y China parecen haber adoptado estrategias radicalmente distintas en el desarrollo de la inteligencia artificial. ¿Cómo analiza esta pugna?
R. Simplificando el escenario, vemos dos caminos muy diferentes. Estados Unidos ha optado por una estrategia basada en asegurar el acceso a los mejores chips del mundo, realizar inversiones masivas en infraestructura y desarrollar los modelos de IA más avanzados y cerrados. China, por su parte, se está apoyando mucho más en modelos abiertos que permiten a los usuarios modificarlos, personalizarlos y parametrizarlos. Además, la estrategia china se enfoca en ofrecer modelos muy competitivos en costes para lograr una difusión extremadamente rápida de la tecnología tanto en el sector de consumo como en el industrial. De hecho, la brecha de rendimiento entre los mejores modelos estadounidenses y chinos se está reduciendo a un ritmo vertiginoso.
P. Ante la pujanza china, muchos sectores industriales en Europa están pidiendo la imposición de aranceles. ¿Apoya usted estas medidas proteccionistas?
R. Debemos ser extremadamente cuidadosos con el proteccionismo. No creo que sea verdad esa afirmación tan común en Occidente de que “China lo subsidia absolutamente todo”. La realidad es que en China nos enfrentamos a competidores muy viables, con ingenieros altamente cualificados, trabajadores y capaces de innovar y adoptar nuevas tecnologías a una velocidad récord. Si imponemos aranceles generales, corremos el grave riesgo de proteger la falta de competitividad interna. Con el tiempo, esa brecha competitiva se abrirá aún más y acabará pasándonos factura. Puede haber razones para aranceles muy selectivos, pero la verdadera solución es que nosotros hagamos nuestros deberes: innovar más rápido, reducir la burocracia y fabricar productos que el mercado global demande por su rendimiento y coste.
P. Uno de los puntos más controvertidos de su gestión reciente ha sido trasladar el núcleo de desarrollo de su IA industrial a Seattle (EE UU). ¿Por qué tomar esa decisión si Siemens mantiene su compromiso histórico con Alemania?
R. Hay que diferenciar las capas del sistema tecnológico. Desarrollamos las aplicaciones prácticas y la implementación de la IA en Europa y Alemania. Pero el núcleo duro del desarrollo de nuestros modelos fundacionales de IA industrial lo estamos haciendo en la costa oeste de los Estados Unidos y en menor medida en China. ¿Por qué? Por una cuestión de velocidad, acceso a ecosistemas de talento y, sobre todo, por la menor carga regulatoria. La regulación europea nos está obligando a buscar entornos más ágiles. No podemos permitir que las leyes ralenticen el desarrollo tecnológico. Un proceso legislativo en Europa para aprobar reglamentos como la Ley de IA o la Ley de Datos tarda unos dos años. En ese periodo de tiempo, la tecnología de IA ha completado entre seis y ocho ciclos de desarrollo. Cuando la ley entra en vigor, el mercado ya ha cambiado por completo y la regulación nace obsoleta.
P. Usted ha sido especialmente duro con la futura Ley de Datos (Data Act) de la Unión Europea. ¿Qué es lo que tanto le preocupa de esta normativa?
R. Mientras que con la Ley de IA logramos un éxito al conseguir que la Comisión Europea diferenciara entre la IA de consumo y la IA industrial, la Ley de Datos, tal y como está planteada actualmente, es un absoluto desastre para las empresas innovadoras. Esta ley obliga a las empresas a revelar datos que no solo muestran qué hace una máquina, sino cómo lo hace. Permítame ponerle un ejemplo práctico: los datos que genera una de nuestras locomotoras no solo revelan su velocidad o temperatura; también exponen cómo funciona el motor, cómo se controla y cómo se optimiza para ahorrar energía. Si la ley me obliga a compartir esos datos de funcionamiento de la máquina con terceros, estoy entregando de manera forzosa mi propiedad intelectual y mi conocimiento técnico más valioso a cualquier competidor. Si el marco regulatorio me obliga a regalar mi innovación, ¿qué incentivo tengo para seguir invirtiendo cientos de millones en desarrollar la locomotora más eficiente del mundo? Ninguno. Es una ley completamente equivocada que desincentiva la inversión y que debemos de corregir separando de forma clara los datos personales de los datos de maquinaria industrial.
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