La inteligencia artificial ocupa desde hace meses el centro del debate tecnológico y empresarial. Mientras las inversiones en esta tecnología se disparan y las grandes compañías compiten por liderar su desarrollo, buena parte de la conversación pública sigue dominada por una misma pregunta: qué impacto tendrá sobre el empleo. Frente a los pronósticos más alarmistas, que anticipan una sustitución masiva de trabajadores, algunas empresas defienden una lectura distinta. La IA, sostienen, no será tanto una herramienta para prescindir de personas como para ampliar sus capacidades y elevar la productividad.
El directivo sostiene que el desafío para las empresas españolas es convertir la inversión en productividad y cambios reales en la organización
La inteligencia artificial ocupa desde hace meses el centro del debate tecnológico y empresarial. Mientras las inversiones en esta tecnología se disparan y las grandes compañías compiten por liderar su desarrollo, buena parte de la conversación pública sigue dominada por una misma pregunta: qué impacto tendrá sobre el empleo. Frente a los pronósticos más alarmistas, que anticipan una sustitución masiva de trabajadores, algunas empresas defienden una lectura distinta. La IA, sostienen, no será tanto una herramienta para prescindir de personas como para ampliar sus capacidades y elevar la productividad.
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